La farola

¿Masones en el paraíso del níspero?

  • La increíble historia de una logia escondida en el corazón de La Axarquía entre mediados del siglo XIX y principios del XX

Vistas del cementerio octogonal de Sayalonga.

Vistas del cementerio octogonal de Sayalonga. / Mayte Cortés

El interés por la masonería es cíclico y a menudo poco documentado. Sin embargo, existen logias hoy en día y su influencia en la sociedad de los siglos XIX y principios del XX fue bastante grande en la península ibérica. Muchos personajes que han pasado a la historia española o portuguesa se interesaron por este tipo de organizaciones y su lenguaje ha quedado en construcciones, libros o costumbres de los lugares en los que se asentaron con arraigo este tipo de asociaciones. Pero hay un lugar en la Axarquía malagueña con menos de dos mil habitantes en el que el trabajo de un historiador local ha ido descubriendo aspectos perdidos del pasado reciente de la localidad para resolver una pregunta que parece extraña: ¿Masones en Sayalonga?

Sayalonga se encuentra en el extremo oriente de la provincia de Málaga, está cerca de lugares como Vélez Málaga, Triana o Cútar y su pasado morisco marca el trazado de la localidad que cuenta con calles estrellas (particularmente el callejón de La Alcuza que mide en su punto más estrecho 56 centímetros y está cerca de la plaza de La Constitución) y arquitectura que aún bebe de la influencia andalusí. Su producción de nísperos es colosal en relación a la población (pueden llegar a las 500 mil toneladas) y el eslogan que ha escogido el pueblo es el de "Paraíso del níspero".

Pero su cementerio es especial y probablemente sea lo que más llama la atención de la localidad: es redondo. Se le conoce como cementerio redondo pero recientemente se ha trabajado en indagar en su construcción y es octogonal. Basta con visitarlo y observar la acera y los bordes de la construcción. Primera señal que tiene que ver con la masonería, aunque no todo lo octogonal tiene que ver con los masones, el camposanto de Sayalonga fue construido a mediados del siglo XIX cuando la masonería se expandía en varias zonas de la península. El trabajo de Valentín Fernández Camacho ha ido desentramando a lo largo del tiempo el enigma del cementerio sayalonguino.

Vista del cementerio de Sayalonga en 1934, cuando todavía sólo había nichos en el perímetro. Vista del cementerio de Sayalonga en 1934, cuando todavía sólo había nichos en el perímetro.

Vista del cementerio de Sayalonga en 1934, cuando todavía sólo había nichos en el perímetro. / Mayte Cortés

Primero se construyó el perímetro, después se fueron incorporando nichos, en 1912 se construyó una habitación para las autopsias y los velatorios que se quisiesen realizar allí. Mediado el siglo XX, el perímetro del cementerio se llenó de nichos y se construyeron en el centro del cementerio, algo que rompe la estructura que se había pensado al comienzo, pero que fue al opción que se eligió en aquella época para seguir usando el camposanto. Pero, ¿Qué pruebas hay de masones en Sayalonga más allá de un cementerio peculiar?

En un trabajo de años, Fernández Camacho siguió el rastro histórico de los masones en su pueblo. Difícil. Consultado el Archivo Histórico Nacional de Salamanca y el Archivo Histórico del Ayuntamiento de Vélez-Málaga no hay rastro de nombres de vecinos de Sayalonga que tuviesen alguna actividad relacionada con la masonería. Pero sí que encontró en el segundo archivo algo que le hizo seguir sobre la pista: documentos de la fundación de logias en esa época en los pueblos vecinos de Arenas y Algarrobo. Lugares cercanos, con relación fuerte con Sayalonga y es ahí donde toma repercusión un documento donado al Archivo de Sayalonga por el vecino Luis Gordillo Ariza: el acta fundacional de una "sociedad de obreros" llamada La Iniciación con data de 1920.

La tapadera perfecta

El nombre de la sociedad es peculiar, poco parece tener que ver con los movimientos obreros de la época, en cualquier caso, el documento abre la puerta al investigador para poner en orden información que sí tiene contrastada. Resulta que el fundador de la sociedad no es precisamente un obrero, más bien todo lo contrario, pertenece a una de las dos familias de la aristocracia local que más influencia tuvieron en el pueblo en el XIX y comienzos del XX, con tierras y capacidad económica por encima de la media local. Forma parte de la burguesía de la zona y la denominación de obreros de estos documentos tiene que ver con el lenguaje de las logias masónicas. Así que todo indica que la "sociedad de obreros" era una tapadera perfecta para una actividad, la masonería, que no siempre ha estado despenalizada en España.

Además de la investigación documental, el cementerio tiene al menos ocho tumbas de finales del XIX en las que hay simbología que se asocia a la habitual en los enterramientos de la época. Muchos de los nichos lucen hoy encalados, pero en ellos aparecen columnas similares a las que la simbología masónica identifica con las de templo de Salomón, hay lápidas con pirámides truncadas, o nichos coronados con triángulos. Todos son símbolos masones y pertenecen a un mismo periodo histórico, mediados y finales del siglo XIX.

En la conclusión de su investigación, Fernández Camacho apunta , además, la instauración de escuelas para niños y niñas, un médico instalado en la localidad y la "implantación de la república a finales del XIX". Además, añade el suelo ajedrezado de la iglesia y algunos elementos arquitectónicos más del pueblo, todos de la misma época, como signos que confirman su hipótesis. Para el investigador, la obra de la masonería fue tratar de mejorar las condiciones de vida y cultura en general de la población y en su último apunte confirma que "podemos afirmar que en Sayalonga existió durante algunos años de mediados y finales del Siglo XIX y el primer cuarto del Siglo XX una cierta implantación de la Masonería". Toda una gran historia en el paraíso de los nísperos.

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