Educación

La sordera, carrera de obstáculos en el aula

  • En los institutos de la provincia muchos estudiantes sordos pasan horas de clase sin intérprete. Cuatro de ellos relatan las dificultades para desarrollar su ciclo formativo

Antonio Sepúlveda, Oumaima Erajai, Irene García y Luis Miguel Cordón piden más intérpretes. Antonio Sepúlveda, Oumaima Erajai, Irene García y Luis Miguel Cordón piden más intérpretes.

Antonio Sepúlveda, Oumaima Erajai, Irene García y Luis Miguel Cordón piden más intérpretes. / Javier Albiñana

Suena el despertador para ir al instituto y pasarse seis horas en clase, escuchando las explicaciones del profesorado, aprendiendo una profesión para el futuro. Las bromas de los compañeros, las indicaciones de la tutora, la conversación en idiomas. Todo el sistema está pensado para oyentes, la inmensa mayoría. Pero una minoría se queda completamente a oscuras, al margen, excluida, si no tiene a su lado a un intérprete que les traslade lo que se dice en clase. La comunidad de alumnos sordos en los institutos de la provincia sufre cada año la falta de horas de estos profesionales, algo que en muchos casos les lleva al fracaso escolar y, posteriormente, al abandono. Cuatro estudiantes relatan en primera persona su carrera de obstáculos diaria y el afán de superación para poder seguir estudiando.

Antonio Sepúlveda tiene 24 años y estudia segundo curso del Ciclo Medio de Cocina en el IES Universidad Laboral. Este año, durante 14 horas a la semana no cuenta con intérprete. “Voy a clase pero no entiendo nada, pregunto a los compañeros pero me siento incómodo, no sé si se van a molestar con tanta pregunta, eso para un día puede valer pero si son todos hace que no me sienta bien”, relata. Aunque pierde mucha información, intenta suplir la carencia investigando por su cuenta, buscando en internet o consultando al profesor fuera de hora. “Me tengo que buscar la vida”, dice.

"Voy a clase pero no entiendo nada, pregunto a los compañeros pero me siento incómodo, me tengo que buscar la vida"

En el mismo centro estudia Irene García, de 27 años, el Ciclo Superior de Mediación Comunicativa. Después de afrontar tantas dificultades en sus estudios, su aspiración profesional es poder ayudar a integrarse en el aula a escolares sordos, sordociegos y autistas. A principios de curso ha estado casi un mes sin intérprete. Actualmente le faltan tres horas por cubrir. “Hace unas semanas había un intérprete a jornada completa y otra a media jornada para ocho personas sordas”, comenta Irene. Así que “no tenía la información adecuada, me aburría en clase, quería saber lo que estaban diciendo, por qué se reían mis compañeros, qué decían, estar dentro de la clase y no lo estaba”, agrega esta estudiante que hace un año quiso abandonar ante las dificultades. Su familia la convenció para seguir luchando y ha tenido que presentar varias reclamaciones para que su situación mejore.

"No tenía la información adecuada, me aburría en clase, quería saber lo que decían, estar dentro y no lo estaba"

Los alumnos charlan en una clase. Los alumnos charlan en una clase.

Los alumnos charlan en una clase. / Javier Albiñana

Estás sin intérprete un día tras otro y cuando por fin llega tienes un examen y has perdido toda la información”, apunta la alumna que igualmente indica que en los Ciclos Formativos en los que ha estado no ha tenido ningún tipo de adaptación curricular. “Nosotros solos nos tenemos que buscar nuestros propios recursos y si tenemos dudas no las podemos resolver como el resto”, añade Antonio.

Oumaima Erajai, de 21 años, estudia un Grado Medio de Auxiliar de Enfermería en el IES Santa Bárbara. “Este año me faltan dos horas de intérprete y estoy mucho mejor que el pasado, que me pusieron una a finales de octubre”, señala. “Tuve problemas en el primer trimestre, había muchísima teoría y podía entender algo pero el profesor no tenía paciencia para que pudiera leerle los labios, tenía que preguntar a los compañeros, estaba perdida”, dice y cuando llegó por fin la intérprete “iba mucho más retrasada que el resto”. Oumaima afirma que se siente muy incómoda cuando sus iguales se enteran de todo y “yo me siento como si me excluyeran, como si me marginaran”. Aunque algunos estudiantes intenten ayudarla “tampoco quiero estar siempre molestando porque pierden el hilo de la clase, además suelen explicarme un resumen no en profundidad lo que ha dicho el profesor”.

"Yo me siento como si me excluyeran, como si me marginaran, no quiero estar siempre molestando a mis compañeros"

En el IES Profesor Isidoro Sánchez, Luis Miguel Cordón estudia el Superior de Caracterización y Maquillaje. Este curso tiene intérprete todas las horas pero hace dos años estuvo sin asistencia durante cuatro meses. Las reclamaciones y protestas incesantes dieron fruto aunque tarde. “Iba a clase para nada, suspendía una y otra vez hasta que en enero intenté coger el ritmo de la clase”, recuerda. “He aguantado mucho, reclamado, insistido y todo ello me enfadaba muchísimo, este es un problema grave que cada año se repite”, asegura.

"Iba a clase para nada, suspendía una y otra vez hasta que llegó el intérprete en enero e intenté coger el ritmo"

“Es muy frustrante madrugar, sentarte en un clase y no entender nada, perdemos la motivación”, comentan los alumnos. Y si para estudiar les falta el ánimo necesario, tampoco lo tendrán para enfrentarse a la dura etapa que llega después, el mercado laboral. “Yo quiero ser jefe de cocina y creo que soy capaz de conseguirlo, como un oyente, pero no nos pueden estar bajando constantemente la autoestima”, considera Antonio. Y Oumaima reclama: “tengo los mismos derechos que cualquiera y no tengo más problemas que mi audición, quiero tener una profesión como todo el mundo” y “no tener tantas barreras”, como añade Antonio.

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