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Málaga

Fin del desalojo y futuro incierto para los vecinos de Cabriel 27

  • Las últimas viviendas del edificio han sido abandonadas este jueves

  • El Ayuntamiento decretó este bloque de La Palmilla no apto para ser habitado por falta de seguridad y salubridad

El edificio de Cabriel 27 ya desalojado. El edificio de Cabriel 27 ya desalojado.

El edificio de Cabriel 27 ya desalojado.

"A raíz del desalojo no quiero vivir, solo quiero morirme". Entre lágrimas, María González, una de las vecinas del edificio de la calle Cabriel 27, pronuncia esta desgarradora frase mientras abandona la que ha sido su casa durante los últimos cuatro años. La mayor parte de los vecinos del bloque dejaron ayer sus viviendas entre llantos, gritos y desesperación por su futuro incierto. Y en la mañana de este jueves el Ayuntamiento de Málaga ha dado por concluido el desalojo.

Después de que el Consistorio comenzase a ejecutar el pasado viernes la orden de desalojo, ayer acabó el plazo. No obstante, en conversaciones con este medio, el concejal del distrito Palma-Palmilla, Francisco Pomares, señaló que se había ampliado el plazo hasta este jueves y que todo está transcurriendo sin incidencias. Tras los muchos incidentes ocurridos en este bloque -el último de ellos, el pasado 15 de julio cuando se incendió-, el Ayuntamiento lo decretó no apto para ser habitado al no estar garantizadas las mínimas condiciones de seguridad y salubridad, pese a la insistencia y lucha de sus vecinos por permanecer en sus hogares.

Ahora, la situación se pinta aún más difícil para estos vecinos, muchos de los cuales no saben a dónde ir. "Me he visto sin un duro y desayunando en el Banco Bueno", detalla González, quien, entre el llanto y la pena constante, recuerda a su pareja, que recientemente "murió por la depresión que tenía al saber que nos echaban de aquí".

Mientras relata su situación, otros vecinos continúan trasladando sus pertenencias hasta vehículos aparcados junto al edificio. Una de ellas critica, mientras traslada una mesa de madera, la actitud de la policía que acude junto a los obreros que tapian las puertas conforme se produce el desalojo. "La policía nos está vacilando, para la mudanza nos dice que bajemos por el ascensor", asegura una vecina de la undécima planta de Cabriel 27, que se muestra indignada por la situación y el trato recibido, dado que el hueco del ascensor está inutilizado e inservible desde hace años.

La falta de luz, los charcos, las goteras y la basura acumulada en el portal son los aspectos más llamativos nada más entrar al edificio, cuyas escaleras y rellanos presentan una imagen de deterioro total.

La situación del portal es una señal inequívoca del estado de las plantas superiores. Una silla de plástico verde junto a dos sacos de basura situados en la entrada del bloque sirven de una improvisada zona de descanso para aquellos vecinos que ayer realizaban la mudanza. La fatiga por el peso transportado y los maltrechos escalones que tienen que subir y bajar en cada trayecto hace que más de uno ya se encuentre agotado a media mañana. La frustración e incertidumbre por la situación también influye.

A un lado, dos pequeñas puertas calcinadas, fruto del último incendio sufrido, se intuyen que eran las puertas del ascensor que hace tiempo dejó de funcionar. Conforme se visita cada una de las plantas, las puertas de las viviendas van dando paso a una nueva pared de ladrillos y cemento con la que operarios municipales van tapiando cada una de las viviendas una vez que las familias van desalojando los pisos.

Precisamente, una de las más perjudicadas, aún más si cabe, del desalojo es María González, cuyo delicado estado de salud acentúa la gravedad de la situación a la que deberá enfrentarse. Tras la muerte de su pareja, al no estar casada, a ella no le corresponde la ayuda de 2.950 euros que el Instituto Municipal de la Vivienda (IMV) está entregando a los vecinos del edificio, por lo que se está viendo obligada a vender "las pocas cosas que tenía en la casa por 5 o 10 euros". Ahora, esta malagueña de 57 años no sabe qué será de ella sin un lugar a dónde ir, sin ropa y sin ninguna pertenencia más allá del cariño de sus vecinos.

Asimismo, la tardanza para dar los cheques y la fecha en la que se ha producido el desalojo son otros de los aspectos que critican, dado que la bonificación no fue entregada hasta el lunes, según indicaron varios vecinos, quienes consideran que encontrar un piso barato de alquiler "en pleno mes de agosto es imposible".

De esta forma, se pone fin a la historia de este edificio marcado por sus incendios, irregularidades y nulas condiciones para habitarlo. Sus trece plantas se van quedando sin personas que den vida a esas viviendas y rellanos con sensación de media noche eterna, ante la falta de luz en el bloque. Los recuerdos permanecen entre las cuatro paredes que un día sirvieron de hogar a más de 40 familias y ahora son tapiados por una pared de ladrillos y cemento para poner fin a una etapa en la vida de muchos de ellos.

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