Miguel Muñoz | Asociación Nacional de Obesidad y Sobrepeso “Un obeso es un enfermo, no un prisionero que deba quedarse en casa”

  • Reprocha que las operaciones de reducción de estómago tengan lista de espera de varios años

  • Lamenta que no se hayan protegido los restos arqueológicos destapados con la obra del Metro

Miguel Muñoz, en el centro de Málaga, antes de comenzar la entrevista. Miguel Muñoz, en el centro de Málaga, antes de comenzar la entrevista.

Miguel Muñoz, en el centro de Málaga, antes de comenzar la entrevista. / Jesús Mérida

VIVIÓ en martirio físico y emocional de la obesidad: llegó a pesar casi 200 kilos, con todas las limitaciones y problemas de salud que ello significa. Por eso, cuando Miguel Muñoz superó la enfermedad tras una cirugía de reducción de estómago y mucho esfuerzo, decidió fundar la Asociación Nacional de Obesidad y Sobrepeso (Andos). Desde entonces, lleva 12 años ayudando a personas con este problema.

–Estamos en Feria. ¿Qué debería tener en cuenta una persona con obesidad en estas fechas?

–Lo primero es quitar el miedo a la Feria, a eventos, a las Navidades.

–¿Por qué?

–Porque sabe que se pasan, que comen cosas que no deben. Esa idea quiero eliminarla porque un obeso es un enfermo, pero no un prisionero que deba quedarse en casa. Un enfermo de obesidad puede ir a una boda, puede salir, ir a una barbacoa, disfrutar de la Feria, de una Nochebuena, de una Nochevieja...

–¿Y por qué tienden a evitar esos eventos?

–Por una parte, no quieren tentarse y por otra quieren evitar comentarios o miradas de otras personas.

–¿Porque son juzgados?

–Sí, por supuesto, constantemente. Hay comentarios cariñosos en la familia, como ‘intenta cuidarte’. Pero la sociedad no entiende que la obesidad es una enfermedad crónica que hasta te puede llevar a la muerte. Para la sociedad, el obeso es una persona dejada, sin voluntad, que come a destajo. Siempre hay comentarios despectivos.

–¿Por qué funda la asociación?

–Yo era bailarín profesional, tenía alto nivel de deporte y de gasto energético. Cuando dejé los escenarios, como ya de pequeño era gordito, en el momento que dejé de quemar energía, apareció la enfermedad. Me confié, como la gran mayoría de los enfermos de obesidad. Pensaba estos kilos ya los perderé, a ver si cuando pasen las Navidades me pongo. Y pasaron las Navidades y el verano y otro plazo más... Mis 80 kilos se convirtieron en 97, luego en 125 y llegué a a197.

–¿Usted se tuvo que hacer una reducción de estómago?

–Sí, porque ya peligraba mi vida. Pero hay que tratar de no llegar a eso. Esos sucesivos plazos que yo me di, no podemos dárnoslos. El obeso tiene que entender que tiene una enfermedad; que además es crónica. Tiene que evitar posponer la solución. Hay que poner pies en pared, tomar decisiones, bajar de peso y llegar a un índice de masa corporal correcto. Y luego, controlar que si subes tres kilos, hay que bajarlos.

–¿Ve avances en la lucha contra la obesidad?

–Hay mucho trabajo a nivel internacional. A mí llegan noticias relacionadas con la enfermedad. Se está buscando la pastillita mágica para adelgazar, pero esa pastilla no existe. El tratamiento, simplifiquémos, es muy fácil: control alimenticio, conocer la alimentación como nutriente en el cuerpo y gasto energético. Yo pongo el ejemplo de los vehículos. Si vas a Guipúzcoa, cargas gasolina al salir de Málaga para llenar el depósito y luego en Madrid para volver a llenarlo. Nosotros al cuerpo, le echamos gasolina sin hacer kilómetros. Hay que comer, no hay que dejar de comer. Dejar de comer porque tienes muchos kilos es un error. Hay que hacer cinco comidas.

–¿Debería haber más campañas para concienciar a la población? Porque no sólo está la obesidad, también está el sobrepeso...

–Andalucía está la tercera región en obesidad y sobrepeso de España. La Junta de Andalucía ya aprobó una ley contra la obesidad. Pero estamos faltos de campañas y de información por parte de los profesionales y de las autoridades, sean nacionales, autonómicas o provinciales. Estamos faltos de una campaña que mentalice por una parte al enfermo y por otra, a la propia sociedad.

–Estamos en Feria. Más allá del alcohol y el alcoholismo, el alcohol engorda porque suma calorías...

–Depende del alcohol. El alcohol hay que tomarlo con mesura. No es lo mismo un vino tinto, un tinto de verano, una cerveza sin alcohol o incluso una cerveza con alcohol a tomar un whisky con Coca Cola, un gintónic o un ron con un refresco. El refresco ya mete calorías y el alcohol destilado tiene más calorías que otra bebida. A mí me preguntan en la asociación cuando salen, si tienen un evento, qué pueden beber. Pues un tinto de verano, un tinto, una cerveza sin alcohol o con alcohol. Todo lo demás se puede beber, pero hay que caminar 20 kilómetros para quemar las calorías. Siguiendo el ejemplo que puse al principio, hay que quemar la gasolina de más.

–Hay un pueblo en Galicia que se ha puesto a dieta. ¿Qué le parece?

–Fantástico, es una idea genial. Ojalá muchísimos pueblos y ciudades hicieran lo mismo; ojalá otras autoridades apoyaran algo así para que la población bajara en obesidad y sobrepeso.

–Usted se operó con cirugía bariátrica para reducirse el estómago. ¿Cómo va la lista de espera en la sanidad pública?

–Es muy larga. Yo me operé en la sanidad privada porque no me daba tiempo a esperar en la pública. La operación me costó 18.000 euros. Son los mejores 18.000 euros que me he podido gastar. Es el mejor coche que me he podido comprar.

–¿Estaba en lista de espera en la sanidad pública?

–Sí, pero no llegaba, me podía morir. Además del sufrimiento diario que es vivir con tantos kilos. Cualquier detalle, como abrocharse los cordones es un martirio. Es un sufrimiento desde la mañana hasta la noche. Además, por la noche, sufría apnea del sueño; dormía y no descansaba.

–¿Así que decidió pagar la operación por lo privado?

–Sí, me operó el doctor Pepe Rivas. Es mi ángel. Me dio tanta confianza y tanto cariño que inmediatamente decidí que debía ponerme en sus manos; que si alguien me podía salvar, era el doctor Rivas.

–Pero no todas las personas tienen dinero para pagarse una operación ¿La espera en la sanidad pública en esta cirugía debería ser menor?

–Es problema son los recortes, recortes y más recortes. Hay muchas enfermedades, yo lo entiendo; cáncer, cardiopatías... Pero a la obesidad también hay que prestarle atención. Una persona obesa puede llegar a esperar hasta seis años para que la operen. Hago un llamamiento a las autoridades regionales y nacionales de que a este problema hay que darle una solución antes. Seis años es una cruz, es vivir faltándote el oxígeno. Y la cirugía bariátrica no es una varita mágica. Luego de la cirugía, el enfermo tiene que trabajar, tiene que aprender, tiene que cambiar su vida porque si no, no funciona. En el 67% de las personas operadas, la cirugía no tiene una efectividad al 100%.

–Vaya paradoja. Media humanidad se muere por obesidad y otra media, de hambre...

–Es curioso y una pena. El problema de la obesidad [en nuestra sociedad] está ahora por encima del problema de la desnutrición. Estamos comiendo tan mal, que los datos de personas con obesidad y sobrepeso están por encima de aquellas que padecen desnutrición.

–¿Qué estrategias habría que plantear para combatir la obesidad y el sobrepeso?

–Todo lo que se haga debe basarse en dos pilares. Uno, enseñar a comer; no hay que dejar de comer, sino enseñar a comer; enseñar a la población cómo hay que nutrirse. Y por otro lado, incidir en el gasto físico, apoyando campañas deportivas. También hay que trabajar en grupo para que el enfermo de obesidad no se sienta solo. En Andos (Asociación Nacional de Obesidad y Sobrepeso), intentamos apoyar al enfermo en todo momento. Porque el problema es que los enfermos van al nutricionista y luego no lo pueden llamar a las diez de la noche. Es necesario un seguimiento constante, el apoyo permanente y una reeducación alimenticia constante.

–Usted ha presenciado operaciones de reducción de estómago...

–Sí, he visto el 90% del estómago de un paciente fuera ya, en una bandeja.

–¿El estómago se estira?

–Efectivamente. Yo lo explico con un ejemplo. Cojamos una media de mujer y ahí metemos el entrante, el picoteo, la cervecita, un primer plato, un segundo plato, el postre, el pan y la copa. Es sólo una comida... Si hiciéramos una foto a la media antes y después, veríamos que se ha ensanchado. Eso es lo que pasa con el estómago. Hay que saber qué nutrientes deben entrar en el cuerpo, según la hora y según la actividad. La carne de cerdo, por ejemplo, tiene un tipo de grasa no muy recomendable. La ternera es bastante más sana. Hay que conocer qué tipo de gasolina hay que echarle al cuerpo en cada momento.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo, es importante comer pan en el desayuno porque genera energía durante todo el día. Si por la noche, comemos el mismo pan o pizza, lo que hacemos es meter esos carbohidratos que se quedan en la mochila porque hemos metido energía que no vamos a gastar. El problema no lo tiene la pizza. El problema está en el momento en que comemos la pizza o qué es lo que hacemos después de comer la pizza. Se puede comer pizza al mediodía y luego caminar para sacar esa pizza del cuerpo.

–Este formato de entrevista incluye otras preguntas más generales, aparte del tema principal que conoce el entrevistado. Así que aquí van. ¿Qué le parece la nueva Alameda?

–Me parece una obra bastante buena, y bonita, puede ayudar a los comercios del entorno. De lo que quiero hacer mi protesta personal es sobre los restos arqueológicos destruidos [en la zona de El Corte Inglés por las obras del Metro]. Nos hemos cargado una parte muy importante de la historia de nuestra ciudad. Creo que se deberían haber respetado y haberle dado muchísima más importancia.

–Acaba la Feria. ¿Qué le cambiaría?

–Creo que es positiva para la ciudad; estamos ganando en visitantes y en imagen. Hay muchísima policía, muchos controles; es bueno. Sin embargo, sigue habiendo mucha inseguridad, carteristas, peleas... Hay mucho descontrol con el alcohol. En materia de seguridad, creo que debería haber más controles aún. Y también tendría que haber una mentalización de que a la Feria venimos a disfrutar, a pasarlo bien y bailar y no a pelear.

–¿Y en cuanto al alcohol en la Feria?

–Es importante la mentalización. Se pueden tomar unas copitas de Cartojal o dos cervezas. Pero a las seis o las ocho de la mañana hay gente hasta arriba a copas y ya empiezan las peleas y los comportamientos incívicos.

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