¿Necesita Málaga un evento internacional?

Personalidades de la ciudad reflexionan sobre la idoneidad de seguir concurriendo a acoger grandes instituciones o acontecimientos después de los últimos traspiés

De la Torre en la promoción de la candidatura de Málaga a la Expo 2027. / M. H.

Esta semana, después de una larga campaña desde que fuese anunciado en diciembre que Málaga se sumaba a la carrera por acoger la Copa América de Vela en 2024, el conseller de la Generalitat anunció que Barcelona era la elegida por los organizadores para acoger la regata.

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, asumía días después que sabían que era “difícil” salir victoriosos en la disputa por la falta de infraestructuras para ello en el Puerto.

Este traspiés es uno más después de intentarlo con otros eventos y entidades internacionales, ni la Capitalidad de la Cultura Europea en 2016, ni la Ciudad Europea de la Innovación este pasado año ni la Agencia Europea del Medicamento. Sin embargo, sí que ha demostrado su poder de atracción de grandes empresas a la ciudad, Google, Vodafone, Globant o Telefónica han apostado recientemente por la ciudad.

De la Torre también sacaba pecho por la candidatura a la Copa América: no se habría conseguido pero era un impulso innegable a la marca de la ciudad, que había estado en el candelero internacional y llegó con opciones a las últimas candidatas.

En este escenario, se abre el debate: ¿Necesita Málaga un evento internacional? ¿Hay que seguir intentando que el mundo mire a Málaga con un gran acontecimiento o hay que poner los huevos en otra cesta? Y todo, con la candidatura a la Exposición Internacional 2027 aún en juego.

Salvador Moreno Peralta, arquitecto y urbanista malagueño, es tajante, “Málaga puede estar orgullosa de haberse sabido reinventar a sí misma sin necesidad de recurrir al efecto milagroso de un evento internacional, y eso es lo que le ha permitido ser un ejemplo para superar la invisibilidad de las ciudades medias”.

Continúa Moreno Peralta ahondando en la necesidad de pensar en el modelo de ciudad, “una ciudad y una comunidad se definen más por sus aspiraciones y proyectos que por sus realidades. Málaga debe aspirar a ser plenamente lo que ya es en potencia: el mejor lugar para vivir del Mediterráneo, lo cual se puede lograr continuando la senda emprendida, con el freno echado para consolidar los logros pero no abordar objetivos que pueden convertir esos logros en burbujas; y el destino de las burbujas es estallar”.

Juan López Cohard, que presidió la Fundación Málaga 2016, que organizaba la candidatura de la ciudad a la capitalidad de la Cultura Europea, es más reticente a estos eventos: “Hay que marcarse unos objetivos que tengamos potencialidad para conseguirlos, Málaga no estaba preparado para la Ciudad Europea ni para la Copa América, Málaga lo que ha conseguido lo ha hecho por sí misma, no por ningún concurso”.

Ahonda también en lo que supuso esa derrota en el futuro devenir de la cultura en la ciudad, “Málaga es lo que es culturalmente por el tesón del alcalde y su gente por traer unos museos que Málaga estaba en disposición de acoger”.

Uno de esos museos es el Carmen Thyssen, su directora, Lourdes Moreno, sí que piensa que este evento tuvo algo que ver en lo que después sería la ciudad cultural que es hoy. “Una ciudad siempre tiene que tener aspiraciones, Málaga tiene el deber y a obligación de seguir presentándose, aún perdiendo, aprendes lo que hace falta a la ciudad”.

Guillermo Busutil, último Premio Nacional de Periodismo Cultural y afincado en Málaga hace 40 años pone el acento en el modelo de ciudad más que en si es conveniente presentarse o no acoger eventos o instituciones internacionales. “Málaga, como cualquier ciudad con posibilidades y capacidad solvente, tiene que tener sueños de progreso, de innovación de crecimiento económico, pero sin perder su personalidad”.

Señala el periodista que no debe olvidar la ciudad su carácter mediterráneo, que debe potenciar, asegurando que se puede “optar a integrar en su modelo otros modelos que la proyecten, pero sin olvidar que la ciudad es una identidad, una empresa de sus ciudadanos por encima de los intereses ajenos”. Es en este punto donde señala la necesidad de un urbanismo sostenible que no amenace con convertir la ciudad en “un bazar de sortilegios, como está haciendo el puerto, ni en una urbanización privada selectiva y excluyente”.

Para Busutil es importante repensar la proyección económica del lugar habitable y realmente sostenible, “una cosa es ser una ciudad empresa de sí misma con una ética urbanística que plantee soluciones a las exigencias del cambio climático, y otra muy distinta y perversa es ser un escaparate de espejismos con fronteras internas donde no se tiene en cuenta la parte humana y social de los ciudadanos”.

Felipe Romera, director del Málaga Tech Park, ve favorable seguir concurriendo a los eventos internacionales, “Málaga empieza a tener una visión internacional muy relevante y debe de aprovechar la oportunidad”. Tampoco cree que los traspiés previos sean motivo para dejar de intentarlo, “para conseguir cosas hay que perder, es muy difícil ganar a la primera”.

La vicepresidenta de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM), Natalia Sánchez, ve positiva la repercusión que genera estar en las ternas para acoger estos acontecimientos, “eso supone un reconocimiento de las fortalezas del territorio y contribuye a colocar a Málaga en la escena global, con las repercusiones favorables que conlleva para la industria turística y sus sectores asociados”.

Por su parte, Ángel Arenas, experto en marca ciudad y CEO de Mapas Gigantes Interactivos, también ve con buenos ojos los movimientos de la ciudad en este sentido, “es bastante afín a la imagen de marca de la ciudad, hay que buscar el equilibrio entre el equilibrio de presentar la candidatura y el posible retorno, pero la visibilidad de estas concurrencias es positiva”, resume el experto.

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