Entrevista | Vicente Moros. Director Casa Ronald McDonald Málaga “Málaga no debe caer en el error de que el turismo estropee la calidad de vida”

  • Moros destaca la humanitaria labor que hacen con los familiares de hijos hospitalizados y critica que haya familias de enfermos que no puedan alquilar casas por el “desorbitado” precio del alquiler

Vicente Moros momentos antes de la entrevista con este diario. Vicente Moros momentos antes de la entrevista con este diario.

Vicente Moros momentos antes de la entrevista con este diario. / Javier Albiñana (Málaga)

Vicente Moros dirige la Casa Ronald McDonald de Málaga desde que fue inaugurada en febrero de 2012. Ofrecen 14 habitaciones de forma gratuita a las familias con hijos hospitalizados que residen lejos de la capital, pudiendo estar un máximo de seis meses. Nos recibe en su despacho, repleto de papeles y con varios peluches. Derrocha amabilidad y simpatía, dos cualidades necesarias en un trabajo duro desde el punto de vista emocional.

–Han pasado siete años desde que se abrió la casa. ¿Qué balance hace de este periodo?

–Es muy positivo. Los comienzos fueron un poco difíciles porque teníamos una casa con 14 habitaciones disponibles completamente gratuitas y en los primeros meses nos costaba que la gente viniera.

–¿Por qué?

–Primero porque no nos conocían ya que el hospital Materno aún no había integrado que este recurso podía ser positivo. En segundo lugar las familias venían un poco asustadas, pensaban que al ser una casa gratis iba a ser algo cutre. Al conocernos eso cambió, nos tienen como referente y por aquí han pasado ya 1.200 familias.

–¿Se les ha quedado pequeña la casa?

–Sí, tenemos más demanda que oferta. Va por épocas, pero esta pasada semana hemos tenido ocho familias en lista de espera.

–¿Tienen previsto ampliarla o hacer más casas en la provincia de Málaga?

–Por ahora no porque hay zonas de España en las que todavía no hay ninguna casa. La próxima casa se va a construir en La Coruña, Sevilla lleva mucho tiempo pidiendo una... Ahora estamos potenciando otro proyecto de la Fundación Ronald McDonald que son salas familiares dentro del propio hospital, normalmente ubicadas junto a neonatología, para que los padres que están 24 horas junto al neonato tengan un lugar donde descansar y comer algo caliente. Abrimos la primera sala familiar en el hospital de La Paz en Madrid y está en construcción otra en Barcelona. La idea es hacer más en el resto de España.

–¿Cómo se coordinan?

–El hospital nos cede un espacio y nosotros hacemos la obra, lo adecuamos y lo gestionamos.

–¿Hay alguna de estas salas previstas ya en Málaga?

–Todavía no. Están interesados pero todavía no hemos empezado ninguna gestión.

–¿Cuántas casas Ronald McDonald hay en total en España?

–Ahora mismo hay cuatro. La primera abrió en Barcelona, la segunda fue la de Málaga y luego se crearon otras dos en Valencia y Madrid.

–¿Cómo obtienen los recursos económicos?

–Estas casas se autofinancian con la aportación de empresas y, por ejemplo, tenemos un programa de adopción de habitaciones por el cual una empresa puede ponerle su nombre a una habitación durante el tiempo que quiera. Hay también socios particulares y obtenemos ingresos de eventos. En estos momentos el 40% del coste de la casa se financia por estas vías y el 60% restante lo aporta la Fundación a escala nacional. El objetivo sería poder financiarnos al 100% con la parte privada para que la Fundación pueda construir más casas.

–¿Qué requisitos hay que cumplir para poder entrar en la casa?

–Tenemos muy pocos. Que sean familias que vivan, al menos, a 50 kilómetros de Málaga y que el niño esté ingresado o tenga tratamientos médicos continuados. También atendemos las orientaciones que nos dé el hospital o el orden de llegada de solicitudes. La idea es que entren todas las familias pero no es fácil. Hemos establecido una estancia máxima de alojamiento de seis meses para poder atender a más familias.

Vicente Moros en la Casa Ronald McDonald en Málaga Vicente Moros en la Casa Ronald McDonald en Málaga

Vicente Moros en la Casa Ronald McDonald en Málaga / Javier Albiñana (Málaga)

–¿De dónde suelen venir?

–Un 50% de las familias vienen de Almería, Granada, la provincia de Málaga y Campo de Gibraltar. Un 25% procede de Melilla, un 20% de Marruecos y el otro 5% son gente de paso.

–¿Ha habido alguna vez problemas de convivencia?

–No. Es una casa multicultural, ahora tenemos familias de tres países distintos y la convivencia es muy buena. La gente se esfuerza mucho. Damos clases de español por las tardes a madres marroquíes para que se puedan integrar y están ilusionadas por aprender el idioma. Las familias nos agradecen mucho el alojamiento y participan en las actividades. A pesar de lo que la gente pueda pensar porque hay niños que están enfermos, esta casa es muy alegre. Los niños y los padres se lo pasan genial y eso les ayuda a curarse más rápido.

–¿Qué talleres hacen?

–Nuestra idea es que esto no sea solo un alojamiento sino ayudarles también a que desconecten un poco. Sobre todo los padres, porque los niños en cuanto ven a otro se ponen a jugar, pero los padres son los que les dan vueltas a la cabeza. Hacemos talleres de arcilla, de manualidades, juegos de mesa, meditación, baile, maquillaje... La idea es que se rían un rato, se olviden un poco de las enfermedades y hagan piña con el resto de familias. Que haya una terapia ocupacional. Y para ello contamos con un equipo de 40 voluntarios.

–Estar con otros padres que estén pasando dramas similares une mucho.

–Sí. Tenemos hecho un estudio de la Fundación a escala mundial que refleja que tanto las familias como los médicos señalan que estar en una casa como esta, donde sales del ámbito hospitalario, hay alegría y más familias, hace que los niños se recuperen más rápido.

–Y hay menos virus que en el hospital.

–Sí, totalmente [se ríe].

–¿Cómo es la evolución de las familias en la casa?

–Hay un cambio radical. Cuando llegan el primer día, te sientas con ellos y les explicas las normas de funcionamiento ves que no te están haciendo ni caso, que traen su preocupación del hospital, están un poco perdidos y las normas de la casa es lo que menos les importa. Cuando pasa una semana y han podido dormir, ducharse bien o comer se relajan. Siempre digo en broma que cuando un familiar viene en bata o pijama a la oficina a preguntarnos algo es porque ya está perfectamente integrado y se siente como en casa.

–Habrá vivido de todo con tantas familias.

–No se me olvidará jamás una familia que estuvo aquí muchos meses por un hijo que tuvo un tumor cerebral. El niño acabó falleciendo y el padre con lágrimas, el día que se fue, me dijo que había pasado en la casa la peor experiencia de su vida por la muerte de su hijo pero lo mejor fue pasar eso en la casa al estar arropado por todos. Nosotros no podemos curar a los niños, pero nos queda la satisfacción de que estamos ayudando a las familias.

–¿Cuál ha sido el momento más difícil que ha vivido en la casa?

–Los más difíciles son cuando fallece algún niño o niña. Por suerte los tratamientos médicos son cada vez mejores y hay en torno a un 80% de curación en niños oncológicos, lo que es una cifra muy alta. En la casa no solo acogemos a niños de oncología sino también de otras patologías, por lo que el porcentaje de niños que fallecen de los que están en la casa es muy bajo, pero existe. Ves a niños aquí muy alegres y los padres te dicen que ya van por el cuarto tratamiento porque ninguno es efectivo y acaba falleciendo. Son momentos muy duros.

–¿Y cuál ha sido el momento más feliz?

–Hay muchísimos porque los niños son muy agradecidos y espontáneos. Algunos vienen por la oficina por la mañana, te saludan y te dan un abrazo. Son momentos impagables. Un momento muy feliz lo viví con una niña de 12 años de Marruecos a la que le amputaron las dos piernas por una enfermedad. Bajaba a las 8 de la mañana con la silla de ruedas y se ponía a charlar conmigo. Un día la vi entrando por la puerta andando porque le habían puesto dos piernas ortopédicas. Vino hacia mí sonriendo y fue increíble.

Vicente Moros. Vicente Moros.

Vicente Moros. / Javier Albiñana (Málaga)

–Debe tener un corazón a prueba de bomba.

–Son muchas emociones. Es un lujo trabajar aquí. He sido parte de la vida de 1.200 familias.

–¿Cómo ve el sistema sanitario andaluz?

–El sistema sanitario público es excepcional y hay que apoyarlo siempre. Todos tienen cosas que mejorar, pero si no fuera por la sanidad pública muchas personas no podrían acceder a tratamientos.

–Se ha firmado la cesión del suelo para hacer el tercer hospital junto al Civil. ¿Qué le parece?

–Es algo que beneficia a la población y es un ahorro al compartir servicios. Nosotros incluso estábamos dispuestos a mover la casa si se hubiera querido hacer en estos terrenos. Para nosotros es genial que esté junto al Civil porque alojamos a familias con pacientes de cero a 21 años, pero en el Materno solo están hasta los 14 por lo que vamos a poder ayudar a más familias. Lo que nos preocupa es lo que puede suponer en materia de tráfico tener tres hospitales en una manzana.

–¿Piensa que habrá un caos?

–Supongo que la Junta y el Ayuntamiento analizarán la movilidad o los aparcamientos necesarios.

–El Metro al Civil ha sido, por ahora, anulado.

–Esta zona ya está muy congestionada en tráfico. Veo el Metro interesante si se hace el tercer hospital aquí. Va a hacer falta con un hospital con 800 camas.

–¿Qué cree que debería mejorar Málaga?

–No debe caer en el error de que la masificación turística acabe estropeando la buena calidad de vida que hay. Que el turismo lo cope todo hace que los precios suban, que las viviendas sean imposibles de conseguir, y que no se enfoque todo a los ciudadanos. Para que un turista pueda alquilar un piso una semana el malagueño se tiene que ir a Campanillas o a Churriana. Hay que buscar el equilibrio.

–¿Ven ustedes a familias de enfermos con problemas para encontrar casa para alojarse por el precio?

–Totalmente. Hay gente por la zona del Materno que solo alquila los pisos por semanas y le sale mucho más caro a las familias porque no saben cuánto tiempo van a estar. Vemos cómo se juntan dos o tres familias para compartir piso porque les es totalmente imposible pagarlo. Es una pena porque vienen personas en una situación complicada por la enfermedad de un hijo, muchos han tenido que dejar su trabajo y no tienen posibilidad de alquilar pisos porque están a precios desorbitados.

–¿Las Administraciones no hacen nada?

–Los únicos recursos que existen son privados. Los únicos que damos alojamiento a las familias de enfermos somos nosotros y un par de fundaciones que tienen pisos. Las administraciones no dan ningún tipo de subvención.

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