Soltando grillos

La campaña más larga de la historia fue la que no existió

  • En este inmenso maratón electoral, nada más recoger las urnas esta noche, dará comienzo la batalla por las alcaldías

La campaña más larga de la historia fue la que no existió. La campaña más larga de la historia fue la que no existió.

La campaña más larga de la historia fue la que no existió. / Rosell

Esta campaña ha sido larga y continúa. Empezó en junio de 2018, el día después de que Pedro Sánchez llegara a la presidencia tras una moción de censura que sacó a Mariano Rajoy del Gobierno. Hoy se celebra un paréntesis para que los ciudadanos acudamos a las urnas y sigue de nuevo mañana con las elecciones municipales, europeas y autonómicas, fijadas las tres para el próximo 26 de mayo. En los próximos días, coincidirán dos cosas: las negociaciones para los pactos y las batallas por las alcaldías. Los próximos comicios, arriba o abajo, nos llevan al horizonte de junio de 2019. Y eso suma un año muy intenso.

Cuando esta próxima semana se quiten los carteles de los candidatos de las farolas de las ciudades, los partidos políticos ya estarán sacando de la imprenta las imágenes de los sustitutos: alcaldables, presidenciales y eurodiputados, por lo que seguirá a todo ritmo la trompetería. Si los ciudadanos ya llegamos cansados de campaña a las Generales, nos enfrentamos a los nuevos comicios sin apenas oídos ya para escuchar más palabrerío. Por eso, si votar es la fiesta de la democracia, nos enfrentamos a los próximos encuentros con resaca, que es un mal estado de ánimo para tomar decisiones tan importantes. Llevamos tres elecciones generales en menos de cuatro años y parte de este inmenso maratón electoral aún está por llegar.

Demasiadas veces, las campañas no son más que el ruido de fondo y la pedrería verbal que se lanzan los candidatos mientras los ciudadanos seguimos en nuestras cosas. El que tiene trabajo, trabajando. El que no lo tiene, intentado escapar de su mala vida. El que tiene una dolencia, esperando la cita del médico. El que estudia, confiando en que llegue pronto la beca…. De ahí que la política debería estar para solucionar el día de mañana, no para complicarnos el día de hoy. Y de ahí que una parte de la desafección hacia la política y hacia los políticos nos puede terminar llevando a cuestionar la misma esencia de una democracia: que es el mecanismo que nos hemos dado para mejorar nuestra calidad de vida y la igualdad entre los habitantes de un mismo país.

No nos han puesto fácil los partidos la cita de hoy con las urnas, a la que llegamos con el terreno muy embarrado. Tampoco es un escenario ideal para los próximos comicios, a los que llegaremos muy cansados. Han realizado una campaña para los hinchas y se han olvidado de los ciudadanos, buscando siempre el voto duro. Ese voto incondicional y ciego que tiene mayor incidencia cuando mayor es el nivel de abstención. Hace unos años vivimos un tiempo de pensamiento único y hemos alcanzado una época donde apenas hay pensamiento. Todo es una correosa e implacable crítica al contrario, donde las ideas se cuentan con los dedos de una mano. Decía Henry Ford que pensar es el trabajo más difícil que existe, por lo que habrá que deducir que los candidatos han hablado mucho y han hecho muchos kilómetros, pero han trabajado poco en esta campaña.

Hay que estar en la inopia o llevar muchos años subido a un coche oficial para querer hacernos creer todas las cosas que nos han dicho, por eso es tan importante la memoria. No se trata de fijar la atención en lo que nos anuncian, sino de recordar lo que ha hecho cada uno. Y eso vale paras las elecciones generales de hoy, como para las municipales y europeas del mes que viene. Y tener perspectiva, porque no vivimos aislados. De demasiados países del mundo nos llegan señales preocupantes. Muchos ciudadanos acuden a las urnas desde la frustración: no dando su voto a aquella opción política que cree que le puede representar, sino haciéndolo por aquella que está dispuesta a darle una patada al tablero.

No nos han puesto fácil los partidos la cita, a la que llegamos con el terreno embarrado

En mi caso, cada vez que me dan ganas de no ir a votar, me acuerdo de mis abuelos. Ellos, como muchos otros, nunca se quejaron de las veces que tenían que ir a votar, incluso cuando les costaba salir de casa por los achaques o tenían dudas sobre la elección. Siempre sostuvieron que la campaña más larga de la historia de España fue los cuarenta años en los que no pudieron hacerlo. Por eso a las urnas acudían de los primeros, porque para ellos nunca fue pronto el ejercicio de este derecho. Y por eso lo más importante es que, nosotros ahora, no rompamos el tablero.

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