Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama | Asamma

Cáncer de mama: miedos, superación y alegría

  • Las pacientes enfrentan duros tratamientos, operaciones y, a veces, pérdida del empleo y hasta temor al abandono de la pareja

  • Por ello aprenden a vivir de forma intensa y a ayudarse entre sí en esa lucha

Socias de la Asociación de Mujeres Operadas de Cáncer de Mama, en su sede de la calle Jaboneros. Socias de la Asociación de Mujeres Operadas de Cáncer de Mama, en su sede de la calle Jaboneros.

Socias de la Asociación de Mujeres Operadas de Cáncer de Mama, en su sede de la calle Jaboneros. / Alejandro Cañones

Han temido a la muerte, pasado por el quirófano, soportado la quimio y recibido radioterapia. Han llorado. Algunas se han quedado sin empleo y hasta sin pareja. Han vuelto a llorar. Han sufrido por sus hijos más que por ellas. Y, finalmente, han superado la enfermedad. Así son las supervivientes del cáncer de mama. Quizás por todo eso que han pasado, ahora ríen con mucha vitalidad. Reconforta verles hacer pulseras solidarias en la Asociación de Mujeres Operadas de Cáncer de Mama (Asamma); felices, unidas y casi todas ya con su pelo.

Sus relatos hablan de miedos, por la espada de Damocles que supone un proceso oncológico. Pero cada vez más, de superación y alegría porque la supervivencia frente a la enfermedad se sitúa en el 87%. Hoy –Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama– sus testimonios dan esperanzas a otras mujeres que sufren la patología. Todas coinciden en qu

e el cáncer cambia su enfoque de la vida. “Antes me quería, pero ahora más. Disfruto la vida de otra forma. Vivo los momentos”, explica Bienvenida González, diagnosticada de la enfermedad con 56 años. Cuenta que cuando en el Materno le diagnosticaron la enfermedad, se fue a casa y no preparó la comida para su marido como habitualmente. Ese día se sentó en la terraza a tomarse una copa de vino.

A Bienvenida le diagnosticaron el tumor a los 56 años. Ahora tiene 59. Fue en un control del Programa de Detección Precoz del Cáncer de Mama. Justamente ese rápido diagnóstico le permitió conservar la mama. Pero tuvo que someterse a dos operaciones y al final del proceso desarrolló alergia a los tratamientos. Como las demás, afirma que el apoyo de la familia y los amigos fue clave para tirar hacia adelante. “Y también, el trato estupendo de los profesionales del Materno”, agrega. La preocupación por su hijo, que estaba en el extranjero, le pesaba casi tanto como la enfermedad. Pero ya ha recuperado su pelo y su sonrisa. “No quiero compasión, sino comprensión. La enfermedad me ha enseñado a ver la vida de otra forma”, sostiene.

Mientras engarza pulseras, Susana Pacheco acota: “Porque aprendes a quererte y a darle prioridad a lo importante”.  A ella le diagnosticaron el cáncer cuando tenía 37 años y un niño de uno. Creyó que el bulto que se notaba en el pecho era por la lactancia. Pero era un tumor. La operaron y le dieron quimio. Perdió un pecho, el pelo y el empleo. Cuenta que después de ocho años como empleada fija, su empresa –que vendía bolsas solidarias para recaudar fondos cuando se aproximaba el Día contra el Cáncer de Mama– la puso de patitas en la calle con una indemnización que casi no le alcanzó para comprarse la peluca.

Demasiados golpes todos juntos para Susana. “Me faltaba un pecho, así que el pelo me preocupaba poco. No iba a la playa. Pasé de ser una chica joven, con escote y bikini a una señora mayor con ropa de cuello vuelto”, relata. “Pensaba que me iba a morir y que a mis dos hijos los iba a cuidar otra”, añade. Confiesa además un temor muy íntimo que comparten muchas de estas mujeres: el miedo al abandono de la pareja. Entonces se le saltan las lágrimas. “Es que hay mucha gente que acaba separada”, explica mientras se seca los ojos enrojecidos. Pero su pareja estuvo ahí, a su lado y le ayudó a salir adelante. En la sanidad pública le reconstruyeron el pecho; dos veces porque el primer implante lo rechazó. A sus 44 años y una amplia sonrisa, afirma con rotundidad: "Ahora me encanto”. Y no se refiere su físico, sino a la mujer valiente en que se ha convertido.

Como ella, muchas eran jóvenes cuando les diagnosticaron el cáncer. Esther Aguilar, por ejemplo. Tenía 39 años. Ahora ha cumplido 42. Duchándose se notó “un bultito”. Fue a Urgencias de un hospital público. Le dijeron que era una contractura. Por si acaso fue a un médico privado. Le hicieron ecografía y biopsia. Mientras esperaba a la médico para que le explicara qué era aquello de carcinoma que ponía el informe, hizo una rápida búsqueda en Google. El mundo se le derrumbó. Tiene dos hijos, así que sus primeros pensamientos fueron sobre ellos, sobre su futuro...

Esther Aguilar, Bienvenida González, Susana Pacheco y María José Melero Esther Aguilar, Bienvenida González, Susana Pacheco y María José Melero

Esther Aguilar, Bienvenida González, Susana Pacheco y María José Melero / L. G.

Un mes y pico después estaba operada. Le tuvieron que quitar un pecho. Tiempo después se lo reconstruyeron. Pero no acaba de aceptarse con su nuevo físico. “Mi marido lleva tres años sin verme desnuda”, confiesa entre lágrimas. Y expresa un temor repetido por muchas:“Te da miedo que tu pareja salga por la puerta”. No es su caso. Pero sí ha sufrido un efecto secundario que padecen algunos pacientes de cáncer: el despido. Cuando le diagnosticaron el tumor, llevaba tres meses de contrato y le quedaban otros nueve por delante. “Pero me lo cortaron y me indemnizaron”, afirma. No se queja porque dice que el empresario “tuvo la gentileza de derivarme a la mutua”.

Mientras las mujeres siguen preparando pulseras solidarias con las que recaudar fondos para la asociación, van desgranando sus cuitas. Pero lo hacen entre risas, porque sienten que esas adversidades están superadas. Al hilo de la decepción del despido, Susana acota a los comentarios de Esther:“Cuando me dieron el diagnóstico y luego me despidieron, yo sólo pensaba que primero tenía que curarme y después buscarme otro trabajo”.

Y entonces surge otra denuncia sobre la situación laboral de algunos pacientes oncológicos. En ciertos casos, pueden volver a trabajar, pero con una adaptación de sus puestos. Estas mujeres advierten que pocos empresarios están dispuestos a contratar a una persona a la que ya de inicio tienen que adaptar su empleo. Para la presidenta de Asamma, Francisca Aguilar, la enfermedad queda muy lejos. Se la diagnosticaron hace 32 años. Recuerda que entonces, la supervivencia era apenas de poco más de la mitad. Ahora se sitúa en el 87%. “Se ha avanzado mucho porque se detecta pronto. Si se detecta a tiempo, se cura. Por eso hace falta más investigación, para que se cure al 100%”, reivindica.

Después de muchos años de lucha para que mejorara la asistencia frente al cáncer de mama, se avanzara en su detección precoz e incluso se incluyera la reconstrucción del pecho en la sanidad pública, la presidenta de Asamma se muestra satisfecha con la atención del sistema sanitario. Avanza que uno de los déficit existentes –la falta de fisioterapeutas para tratar el linfedema, que es la hinchazón del brazo como secuela de la extracción de los ganglios de la axila en algunas pacientes– tiende a corregirse con la apertura de una unidad específica en el Materno. Sugiere que quizás algo que podría mejorarse, dado que muchas mujeres diagnosticadas son jóvenes, es la reducción del Programa para la Detección Precoz de los 50 a los 45 años.

Pero no hay un consenso sobre esta disminución porque, por las características de las mamas de las mujeres de menor edad, las imágenes de las mamografías no son claras. La presidenta de Asamma estima que quizás en esos casos el cribado debería hacerse con ecografías.

Un grupo de mujeres, esta semana, en la sede de la asociación Asamma. Un grupo de mujeres, esta semana, en la sede de la asociación Asamma.

Un grupo de mujeres, esta semana, en la sede de la asociación Asamma. / Alejandro Cañones

Que se ha avanzado en el abordaje del cáncer de mama no hay dudas. El propio nombre de la organización ha tenido que cambiar para reflejar esa realidad. Aunque las siglas siguen siendo Asamma, antes era la asociación de mujeres mastectomizadas (que perdían la mama) y ahora es de operadas (que la conservan ya que únicamente se extirpan el tumor y un margen de seguridad).

El director de Oncología Médica de los hospitales Regional y Clínico, Emilio Alba, explica que la detección precoz y los nuevos tratamientos son la razón de que la supervivencia a los cinco años del diagnóstico se sitúe casi en el 90%. Además apunta otra clave:“Los avances en genómica permiten afinar y personalizar los tratamientos”. Eso se traduce en mayor éxito en la lucha contra la enfermedad, así como en menor toxicidad y agresividad en los tratamientos para aquellas pacientes que no lo necesitan.

María José Melero tiene 48 años. A sus 39 le diagnosticaron la enfermedad. “Lo más duro era pensar en mis hijos. Mi primer pensamiento era que como madre no podía fallarles. Pero la fuerza para luchar me la dieron ellos”, reflexiona. Todo comenzó por una alteración que notó en el pezón. Confiesa que le costaba tocarse por miedo a encontrarse algo. Por eso recomienda a todas las mujeres que se autoexploren las mamas y acudan a un especialista ante cualquier anomalía. Por sus 39, ella tampoco estaba dentro del Programa para la Detección Precoz, que arranca a los 50. Debido a que sufría linfedema como secuela de la cirugía, acudió a la asociación buscando ayuda y fisioterapia. En la actualidad es la vicepresidenta de Asamma. Hace tiempo que le volvió a crecer su pelo.

Mientras siguen acabando pulseras, estas mujeres afirman que en la asociación se reconfortan porque las demás saben lo que sienten y porque entre todas se apoyan para que el cáncer sea en sus vidas un bache y un obstáculo superado.

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