Málaga

El decálogo de Málaga para la lucha contra el cambio climático

  • Fomentar el transporte público, limitar el uso del coche, usar energías limpias o aumentar las zonas verdes son algunas de las medidas

Málaga, desde un helicóptero. Málaga, desde un helicóptero.

Málaga, desde un helicóptero. / JAVIER ALBIÑANA (MÁLAGA)

Si esto fuera un cuento (como muchos aún se empeñan en seguir defendiendo), esta vez, el lobo viene de verdad. El cambio climático es una amenaza viva y se ha convertido en una cuestión de supervivencia. En Málaga, la evolución de las emisiones de CO2 es claramente alcista y, como en todo el territorio nacional, los últimos 12 años, desde que comenzara a la recesión, se han perdido sin una sola política para enfrentar el reto.

Según un estudio publicado en Nature Communications, la subida del nivel del mar vaticina que las inundaciones costeras como consecuencia del cambio climático amenazarán al triple de personas de lo previsto para 2050. En la capital, el 9% de los barrios están expuestos a este riesgo; el 29%, en caso de inundaciones fluviales. Y es solo una de las consecuencias.

Para hacer frente a esta amenaza, el Observatorio de Medio Ambiente Urbano (OMAU) ha elaborado un documento con nombre de mujer: Alicia. Y con un apellido significativo: Plan del Clima de Málaga 2050. El informe parte de la Agenda Urbana como referencia estratégica de la ciudad y del Pacto de Alcaldes, incluyendo las fuentes de emisión que este deja fuera y constituyen el 48% del total.

El objetivo es preciso: alcanzar la neutralidad carbónica en 2050. Aunque también homérico, en palabras del directo de esta entidad, Pedro Marín. Para lograrlo, Málaga tendrá que pasar de los más de tres millones de toneladas de CO2 que produjo en 2017, última cifra disponible, a aproximadamente 250.000 toneladas residuales en 2050. Es decir, una reducción anual media de un 7% durante los próximos 30 años.

Este plan es “forzósamente” vinculante si la capital quiere hacer frente al reto que le viene, según Marín, y por ello necesita voluntad política, cantidades importantes de financiación y un cambio de hábitos sociales. “Esto puede ser un cuento muy bonito, el marco de una foto con la que acaparar buenos titulares; puede convertirse en papel mojado o puede servir para cambiarlo todo. Estamos en tiempo de descuento”.

1. Ciudad comprometida

El primer propósito es conseguir una ciudad comprometida y responsable. “La educación es fundamental, sin ella no avanzamos”, precisa el director del OMAU, quien considera esta la apuesta más importante. El Plan por el Clima recoge la necesidad de un cambio en los comportamientos habituales en el consumo de bienes y servicios y en el uso de los recursos, sobre todo, los perjudiciales para el medio ambiente. Para ello, apuesta por convertir la comunidad educativa en agente impulsores del Plan del Clima. Y no solo se educa en la escuela: el compromiso debe trascender a las empresas y los comercios.

2. Ciudad verde

Málaga deberá convertirse en una ciudad verde vertebrada por 15 corredores. Según el documento, siguiendo los pasos de la Agenda Urbana, estos recorrerán desde la Araña hasta el Guadalhorce y vertebrarán la ciudad uniendo el mar con un anillo que cierra perimetralmente el límite entre el suelo urbano y el rural y servirá de enlace con los parques forestales y los Montes de Málaga. Entre las acciones para lograr este planteamiento: potenciar los Montes de Málaga, reforestar espacios degradados y las cuentas del Guadalhorce y Guadalmedina e impulsar la agricultura de proximidad en los suelos fronterizos no cultivados.

3. Ciudad mediterránea

La idea de Málaga del Plan por el Clima vuelve a los orígenes de la ciudad mediterránea, más compacta, diversa y de proximidad a los servicios frente a la dependencia al coche privado. La capital se ha dispersado de forma acelerada desde los años 80 hasta llegar a una densidad de 79 habitantes por hectárea, casi la mitad que hace 40 años. El planteamiento urbano tiene unas consecuencias directas sobre el consumo energético, la contaminación atmosférica y las emisiones de CO2, recuerda Marín. La línea a seguir es el modelo de la Manzana Verde, que esboza una estructura urbana integrada en la que el tráfico privado es perimetral y el interior se limita para los residentes y comerciantes.

4. Ciudad sin humos, amable y que rueda

Esa Málaga es también una ciudad sin humos, amable y que rueda. Para Marín, este es uno de los puntos más accesibles y se basa, a grandes rasgos, en la implantación de un nuevo sistema de movilidad basado en el transporte público, con una fuerte red de carriles para bicicletas y un espacio peatonal ampliado. “El transporte público tiene que tomar una preponderancia de la que ahora carece. Acabar con la dictadura del automóvil es esencial”, indica Marín, que explica también que las ciudades que más avanzan “son las que cortan las alas”, las que limitan los vehículos contaminantes.

De acuerdo con el reparto modal de la movilidad en Málaga de 2019, el vehículo privado ocupa el 45% de los desplazamientos, un 4% más que en 2008 y un 7% más que en 2014, mientras que el transporte público se mantiene estancado. En Barcelona, el reparto modal del vehículo privado es del 15,1% y en Valencia del 23,65%. En la otra cara de la moneda, las personas que caminan habitualmente han pasado del 46% en 2008 al 42% en 2019 mientras que en las ciudades referidas antes este porcentaje supone más del 50%.

5. Ciudad baja en emisiones

En la misma línea, el Plan contempla una ciudad baja en emisiones, una idea que va más allá de acabar con el “efecto llamada” de coches privados al centro de la capital y plantea ampliar las áreas urbanas de bajas emisiones fuera del ámbito central; desde Miramar hasta Vialia, cruzando por el Puente de las Américas y La Trinidad. Esta propuesta, según Marín, englobaría un área de 50 hectáreas y eliminaría un tercio de los coches de Málaga. Asimismo, el documento plantea acciones como el fomento de los aparcamientos para residentes y la creación de intercambiadores modales en los principales nodos de entrada a la ciudad.

6. Ciudad energética/renovable

Para lograr una ciudad energética, hay mucho más que hacer que promover las energías renovables. El documento plantea proyectos de edificación, únicamente, de nivel energético A o impulsar la renovación de viviendas, de sus equipamientos y de las instalaciones industriales. En paralelo, recomienda una importante red de recarga eléctrica y el impulso de los parques solares porque, tal y como critica el presidente del OMAU, “que Alemania tenga tres veces más de energía solar que Andalucía tiene tela”.

7. Ciudad mediadora

El Plan del Clima supera los límites del Pacto de Alcaldes al implicar a los grandes generadores de emisiones de CO2 en Málaga: la Cementera de la Araña, la central térmica de Campanillas, el Aeropuerto y el Puerto. En conjunto, junto a la estación e ferrocarril y la ganadería y la industria, generan el 48% del total de las emisiones por ello el Plan considera necesario gestionar también con ellas protocolos de reducción de emisiones, logran lo que califica como ciudad mediadora. Por ejemplo, por sí sola, la Cementera de la Araña genera más de 800 mil toneladas al año, una cifra que en la proyección de 2050 queda reducida a la mitad. “Lo ideal es que para entonces no emitiera CO2 pero es un escenario imposible y no planteamos su cierre. Para 2050, debería estar limitado un camino hacia la búsqueda de mejora de productividad de cara a las emisiones, un recorrido en el que también se deben plantear la creación de sumideros artificiales que compensen el CO2 generado”, explica Marín.

8. Ciudad biodiversa

Los mayores daños del cambio climático van a recaer sobre la biodiversidad, por lo que otro de los propósitos es hacer de Málaga una ciudad biodiversa. En esta línea, se plantean acciones que pasan por la conservación y restauración de la biodiversidad litoral, costera marítima, costera dunar y fluvial, la promoción de la investigación local sobre la vulnerabilidad climática y el impacto para las especies amenazadas y endémicas y la utilización de censos de especies como indicadores de la crisis climática.

9. Ciudad resilente/adaptada

Aunque suene extraño, el documento plantea también la implementación de protocolos de riesgos climáticos derivados del aumento de temperaturas y las olas de calor a través de refugios climáticos. Es lo que denomina ciudad resilente/adaptada. Así, además de estar preparados para diversos riesgos derivados de las inundaciones marítimas y fluviales, busca poner el foco en los efecto que el cambio climático tiene con la población más desfavorecida y precaria, “la que más va a pagar el pato, como siempre”, recuerda el director del OMAU.

10. Ciudad promotora de la economía circular

Finalmente, el último objetivo del Plan del Clima para por lograr una ciudad promotora de la economía circular. En este sentido, se plantea un cambio total del sistema actual de producción y distribución de bienes y servicios hacia políticas públicas de economía circular como norma de trabajo en las actividades económicas. Esta propuesta debe ir acompañada de una política fiscal que propicie las actividades de descarbonización y penalice a quienes mantengan los niveles no deseados y, sobre todo, de un compromiso de la instituciones públicas, basado en el anteproyecto de Ley de Transición Ecológica, de destinar el 30% del presupuesto anual a proyectos sostenibles.

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