De la guerra de Yugoslavia a los polígonos de Málaga: el 'tour' de robos de una banda curtida en el conflicto

“El tejido empresarial se ha quedado tranquilo”, reconoce tras el golpe a la banda de albano-kosovares el jefe del Grupo de Robos de la Comisaría

'Tour' de asaltos en la Costa del Sol: dos bandas albano-kosovares se hicieron con 250.000 euros en 44 robos en naves industriales

Varias de las herramientas empleadas para los robos intervenidas / Policía Nacional de Málaga

La guerra, para ellos, no terminó en los Balcanes. Cambiaron el frente de combate por los polígonos industriales, las trincheras por naves de chapa y el ruido de las armas por el zumbido de una radial. Antiguos combatientes de la guerra de Yugoslavia, curtidos en otro tipo de escenarios, trasladaron durante meses su disciplina y su experiencia a una nueva batalla: asaltar cajas fuertes en naves industriales del sur de España. La operación del Grupo de Robos de la Policía Nacional en Málaga llevó a esclarecer 44 asaltos, con casi una veintena de detenidos que se embolsaron un botín superior a los 250.000 euros. Todos ellos, entrenados para el combate.

Con el botín más cuantioso, los asaltantes escaparon de la gaditana San Fernando: 110.000 euros de una sola caja. Les supo a poco. Esa noche perpetraron dos robos más. Otro golpe, en la avenida de Washington, en la zona de El Viso, rondó los 90.000. Solo en Málaga, se esclarecieron 32 robos. El polígono Guadalhorce fue el más castigado, seguido del de San Luis.

Si en la guerra aprendieron a actuar con rapidez, en los polígonos lo aplicaban al milímetro. Las cámaras de seguridad fueron determinantes, subraya, en una entrevista con este periódico, el jefe del grupo, para resolver los asaltos, que no superaban "los 5 minutos".

El primer aviso llegó en mayo, un sábado cualquiera. Tres robos en una sola noche. Para el jefe del operativo “ahí empezó todo”. No era casualidad. La forma de actuar, precisa y rápida, le resultaba familiar. “Coincidía con otros hechos ocurridos en noviembre y diciembre”, explica, lo que llevó a abrir una investigación que acabaría destapando un auténtico “tour” de robos por la Costa del Sol y buena parte de Andalucía.

Málaga era el principal escenario de los delincuentes, aunque no el único. “Aquí tenían su centro de operaciones, pero actuaban siempre alrededor”, recuerda. Una norma era inquebrantable: “nunca robaban donde pernoctaban”.

Turistas de día, ladrones de noche

Durante meses estuvieron asentados en Fuengirola, con una vida aparentemente normal. Turistas de día, cacos de noche. Esa normalidad era parte de su camuflaje. La investigación reveló algo más que un grupo organizado: era también una red de lazos personales. Dos de los integrantes principales eran hermanos; otros dos compartían apellido. Todos se conocían, incluso de las milicias. El patrón se repetía: “unos vienen y arrastran a los otros”. En su lugar de origen formaban un gueto albano-kosovar donde todos sabían a qué se dedicaban y nadie se enfrentaba a ellos.

Los autores procedían de Los Montesinos (Alicante), donde ya acumulaban numerosos robos esclarecidos. “Tenían antecedentes en prácticamente cada demarcación”, manifiesta el inspector al frente del dispositivo. Desde allí se desplazaban a Cádiz, Huelva, Jerez, Córdoba, Sevilla o Málaga, su lugar predilecto.

El jefe del Grupo de Robos afirma que “el tejido empresarial se ha quedado tranquilo”, aunque advierte que “no se puede garantizar que no haya más robos”. Lo que sí tiene claro es que estos grupos eran los más activos. “A estos se les ha metido un buen susto”. Y en los polígonos industriales de Málaga, al menos por ahora, la noche vuelve a ser un poco menos inquietante.

Los detenidos llevaban más de 40 años en España. Pese a que eran perfectos conocedores de las dureza del Código Penal español, seguían delinquiendo. Aunque portaban documentación serbia, “se reconocen como albano-kosovares y hablan albanés”. Tenían entre 40 y 60 años, familias, con un denominador común: no habían trabajado nunca. Todos acumulaban numerosos antecedentes. “Es su forma de vida; la prisión es su hábitat natural”, expresa el mando policial.

Los asaltos duraban lo justo. Las cámaras de los polígonos fueron claves. Siempre el mismo esquema: un coche ejecutor y otro dedicado a la vigilancia previa. “Ese vehículo que da cobertura es el que nos lleva al resto”, señala. Antes de cada golpe había reconocimiento del terreno. “Nunca actuaban sin hacer labores previas”.

Los alquileres se hacían a través de hombres de paja. Aun así, “los precios no cuadraban para gente sin oficio ni beneficio”, lo que reforzó las sospechas policiales. Cuando se localizó uno de los vehículos, se activaron las medidas judiciales. Comenzó entonces la fase más dura. “Fueron muchas horas, demasiadas”, admite el jefe del grupo. Vigilancia continua, de día y de noche.

Detenerlos en plenos robos era inviable. “Pararlos in fraganti es imposible; te pueden atropellar o reventar”. No en vano, lo intentaron. En una segunda ocasión, trataron de arrollar a dos agentes para huir. “No pasó nada, gracias a Dios”, cuenta aliviado.

La operación culminó de madrugada, alrededor de las cinco. Por seguridad y tras el reciente fallecimiento del subinspector Antonio Ramos en una colisión con unos atracadores que huían, se decidió contar con el Grupo de Operaciones Especiales: “No quisimos asumir riesgos”. Como casi en toda operación, los investigadores evitaron cualquier margen de reacción. “-Los asaltantes- estaban metidos en la cama; cuando se dieron cuenta tenían un GOE encima”, relata el policía. El cabecilla preguntó cuántos robos se le iban a imputar. La respuesta fue directa. “¿Cuántos has hecho tú?”.

El objetivo siempre era el efectivo. En la primera etapa usaron radiales autónomas con batería. En la segunda, una pinza hidráulica que antes habían robado en un parque de bomberos de Elche, en Alicante. “

De los 18 detenidos, seis han ingresado en prisión. La operación sigue abierta. “El tejido empresarial está más tranquilo”, concluye el jefe del Grupo de Robos, aunque con cautela. “No se puede garantizar que no vuelva a ocurrir, pero estos eran los más activos”. Y esta vez, la guerra terminó en los polígonos.

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