Malagueños diagnosticados con depresión: "He intentado quitarme la vida en varias ocasiones"
Los expertos insisten en que el acompañamiento y el entorno son fundamentales para poder avanzar
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"He intentado quitarme la vida en varias ocasiones". Mari Carmen Porras no necesita esconderse ni endulzar palabras. "Puede llegar a ese extremo, claro que sí", admite. El 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión y, durante años, este trastorno ha sido para ella una niebla que no se disipaba: "Mi mente se nubló y ya no veía ninguna oportunidad en mi vida". Tenía 16 años cuando le diagnosticaron el trastorno. Ahora tiene 50. Entre medias, tres ingresos hospitalarios, diagnósticos, recaídas y una lucha silenciosa que, como ella misma señala, "no lo sabe nadie que no lo vive". Su diagnóstico es depresión y trastorno bipolar tipo 2.
La fuengiroleña recuerda que algo cambió en su manera de ver el mundo: "Sentí una desesperanza, una tristeza, como que la vida dejó de ser atractiva para mí". Su historia con la depresión es larga. Al principio, los episodios eran más espaciados, pero en los últimos 10 años han sido "mucho más fuertes y más seguidos", hasta el punto de que la tuvieron que ingresar. Tres veces. Un mes cada ingreso. "Gracias a Dios ahora mismo me encuentro muy bien", celebra.
En la depresión, cuenta, llega un punto en el que todo se hace cuesta arriba: "Tú no eres dueña de tus actos, lo único que quieres es descansar, dejar de sufrir, es lo único que piensas". En esos momentos no hay futuro ni culpa: "No piensas en el daño que le estás haciendo a los demás, tu mente está nublada nada más que con un objetivo". Hoy puede hablar de ello desde la distancia: "Gracias a Dios no lo conseguí y hoy me alegro". Pero no olvida ese "momento desesperado" de querer acabar con su vida. Y también enfatiza: "De eso se sale, de eso se sale también".
"Todavía queda mucho por hacer, no creo que sea por maldad de la gente, es más por desconocimiento", dice sobre el estigma del trastorno. Mari Carmen defiende que las personas con depresión o con problemas de salud mental son "personas normales" y que "no pasa nada si te juntas con nosotros". Por eso, cuando habla a otras personas que están pasando por lo mismo, anima a que busquen ayuda, "que hablen, que no se lo callen". Y advierte: "No se pasa solo, por experiencia lo digo, no se pasa".
Rafael Ruiz, voluntario de Afenes, explica que su diagnóstico actual es un trastorno mental grave, aunque todo comenzó con una depresión tras una cadena de pérdidas en 2009. "Empecé con depresión a raíz de la muerte de mi madre, luego me dejó mi pareja, se juntaron las dos cosas y pillé una depresión de caballos", relata. Describe un deterioro físico y emocional extremo porque no comía y lo vomitaba todo: "Soledad, ansiedad, me sentía fatal y no veía salida". Al principio fue tratado por su médico de cabecera, hasta que finalmente fue derivado a Salud Mental: "Costó salir de ahí".
Durante más de cinco años y medio, Rafael no salió de casa. Hace hincapié en el bloqueo en el que vivía, ya que la agorafobia marcaba su día a día: "Si cogía un autobús, me meaba encima, fatal". Llegó a tomar 24 pastillas al día y recuerda ese periodo como una etapa en la que se sentía "como un zombi", pasando las horas "en el sofá o en la cama". También reconoce que pensó en quitarse la vida: "El proceso fue difícil, fue duro, porque también pensé en suicidarme".
El punto de inflexión llegó gracias al acompañamiento. A través de la trabajadora social del centro de salud conoció a Juan Esteban, voluntario de Afenes. "Después de cinco años me propuso dar una vuelta al bloque", recuerda. Aquellos primeros paseos fueron ampliándose poco a poco: "Yo estaba en una zona de confort que no era confort, era miedo". Con ese apoyo empezó a acudir a Afenes y a los grupos de apoyo mutuo. "Desconfiaba de todo el mundo, había perdido a la familia, a los amigos, lo perdí todo", lamenta. En esos grupos encontró un espacio seguro con "una confianza enorme".
Hoy Rafael acompaña a otros y es el que da los grupos de apoyo mutuo. Dice que lo hace porque "me veo a mí mismo en las personas" y porque sabe "lo difícil que es". El malagueño, a sus 50 años, defiende que la recuperación es posible: "Si yo lo he conseguido, que lo veía todo negro, es posible". Reconoce que aún tiene "bajoncillos", pero asegura que los controla. "He pasado de pensar en quitarme la vida a tener vida, una nueva vida, qué hay más bonito que ayudar a las personas que están pasando por ahí".
Asociaciones que acompañan a buscar la salida
Ese acompañamiento del que hablan es el eje vertebral de Afenes, la Asociación de Familiares y Personas con Problemas de Salud Mental de Málaga. "Cuando tú estás con una depresión grave no ves salida, mientras que si hay alguien que te acompaña en tu proceso, la salida es mejor, siempre acompañar es más fácil", lo resume su presidenta, Carmen Sibaja. La entidad nació hace 34 años y ha visto cambiar el rostro del sufrimiento. "Ahora, a pesar de que estamos en la sociedad con más tecnología, es cuando hay más soledad, y la soledad nos lleva a las depresiones graves", explica.
En la asociación trabajan con perfiles muy distintos. "Tenemos personas con depresión grave que no salían de su casa durante cinco años", cuenta Sibaja. Personas que hoy ayudan a otras: "Van a casas de chicos que están mal y les dicen: 'Yo he estado como tú y se puede salir con ayuda'". También llegan personas más adultos que han sido cuidadores de sus padres durante años y cuando fallecen "se quedan sin sentido de vida". Algunos han intentado suicidarse: "Habían perdido la ilusión, no veían salida". Afenes quiere ser "su familia, un arropaje". Y eso, dice Sibaja, lo cambia todo: "Ya no ven el suicidio como la única salida".
Ese acompañamiento es la clave. “Para ellos es una vida nueva, se les da un sentido”, cuenta Sibaja. Uno de ellos le reconoció que Afenes le había "devuelto la vida": "Me dijo: 'Yo lo veía todo negro y ahora tengo una familia'". Gracias a ese apoyo, insiste en la importancia de no dejar sola a la persona que sufre. Esta persona ahora es voluntaria en la asociación: "Ahora me dice que nunca dejará Afenes, porque le devolvió la vida y quiere dedicarse a ayudar a otros". Para quienes lo viven, concluye, "ver que alguien sale adelante no tiene precio".
Para Lucía Díaz, psicóloga de la asociación Afesol, uno de los primeros pasos en el proceso de la depresión es ponerle nombre a lo que ya se siente: "Las personas suelen venir con mucha tristeza, con la sensación de no disfrutar nada de lo que antes disfrutaban, con desgana por su rutina, por sus vínculos y por el día a día". Recibir un diagnóstico tiene una doble cara porque "conlleva estigma, porque la salud mental sigue siendo un tabú", pero, por otro lado, se dan cuenta de que no les pasa "algo extraño, sino que es algo que le ocurre a muchas personas". Nombrar la depresión, señala, permite aceptarla y empezar a buscar soluciones.
En Afesol, el trabajo terapéutico es escuchar a la persona, no solo centrarse en el momento presente, sino en cómo ha llegado hasta ahí, en su historia de vida y en los factores que han influido en su estado emocional. A partir de esa evaluación individual, se identifican los aspectos que pueden modificarse para mejorar el estado emocional. También se aborda el autoestigma. "Se trata de desmitificar, de romper los mitos sobre lo que es una persona con depresión", apunta Díaz.
Sobre el tratamiento, la psicóloga insiste en que la medicación es solo una herramienta más. "Funciona como una muleta: a veces es necesaria y a veces no", aclara. Puede ayudar cuando la intensidad de los síntomas impide a la persona funcionar o cuidarse, pero la mejora real llega con cambios en la forma de relacionarse y en el entorno. Díaz advierte de que, si no se actúa, la depresión puede llevar al aislamiento, a la pérdida de vínculos y de propósito, hasta un punto en el que "la persona siente que su vida genera más sufrimiento del que puede soportar". Por eso subraya también el papel de la familia: "Escuchar, no juzgar y no dar soluciones rápidas, cuando el entorno se implica y aprende, el proceso de mejora es mucho más posible".
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