Málaga

"Una urbe moderna no dice en coche llego en 30 minutos, dice en Metro llego en cinco"

  • Salvo dice haber padecido el Síndrome de Stendhal cuando entró en el túnel de Carretera de Cádiz · Aboga por mantener plena colaboración con el Ayuntamiento y solicita dejar el Metro "fuera del espacio electoral"

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-Dos semanas después de ser nombrado director del Metro, ¿le ha dado tiempo a tomar contacto con la realidad del proyecto?

-A tomar un primer pulso, sí. Tengo un nivel de conocimiento alto de las obras, básicamente porque conozco el proyecto desde su origen y me apasiona. En estos 15 días no he desperdiciado un solo segundo porque cuando me tiro de la cama me pongo en contacto con la obra, que la tengo a los pies de casa.

-Al bucear en los recovecos de la obra, ¿qué le ha sorprendido?

-Sufrí el Síndrome de Stendhal [causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística] cuando entré en la galería de Avenida de Velázquez. Es una auténtica maravilla. Y quizá me impactó más después de todo aquel debate sobre los muros pantalla, la tuneladadora. Al final te das cuenta de que la gente no percibe lo que hay debajo. Uno tiene la impresión de que es una tubería grande, pero cuando se entra en el túnel, impacta.

-La sombra de su antecesor en el cargo, Enrique Urkijo, es alargada.

-Mucho y buena. A quien a buena sombra se acerca buena sombra le cobija. Urkijo es un referente, que ha tenido gran acierto de dirigir una obra difícil. Hoy la gente tiene una referencia. Me he acercado a su sombra, me ha cobijado bien y me ha dado consejos que seguiré.

-A diferencia de Urkijo, su perfil es mucho más político. ¿Puede afectar eso a la obra?

-No tiene por qué. Si la política es el arte de lo imposible y tiene que estar basada en el diálogo, la colaboración y la lealtad institucional ese perfil político no tiene que ser un obstáculo. No estoy aquí en el frente de confrontación política que pude tener en otros ámbitos. No seré yo el que abra bandera en el campo de la confrontación.

-El primer encuentro que mantuvo fue con el alcalde, Francisco de la Torre, con el que protagonizó agrios enfrentamientos en su etapa de viceportavoz del PSOE. ¿Cómo se superan esos escollos?

-Tuvimos una reunión presidida por el interés general. De la Torre es una persona forjada en política y sabe cuáles son los tiempos y los guiones de cada uno. Fue un encuentro amistoso, donde encontramos plena sintonía.

-Una de las losas que pesa en el Metro es el retraso que acumulan las obras, que tendrían que haberse terminado el pasado mes de febrero. ¿Tienen un horizonte para que esté terminadas las líneas 1 y 2?

-En 2002, cuando era delegado de Obras Públicas, tiramos por primera vez un proyecto sobre el Metro, que iba un 90% en superficie y sólo un 10% soterrado y vaticinábamos que en 2006 estaría en marcha. Los tiempos son un arma cargada por el diablo. Es verdad que se ha analizado el porqué de ese retraso. Hay que recordar las trabas que se pusieron para el inicio en Carretera de Cádiz, con aquellas tres obras, que visto a día de hoy tienen cierta lógica, porque era la desconfianza ante una actuación inaudita en Málaga. Alguna de aquellas propuestas han funcionado y podemos aplaudir que los malagueños descubrieran el paseo marítimo. El hecho de que se haya autorizado tramos relativamente pequeños obedece a esa desconfianza. No se entendería que con la experiencia que tenemos volvamos a autorizar metro a metro. Sería un error.

-La proximidad de las elecciones, ¿puede marcar la obra?

-Hay que dejar el Metro fuera del espacio electoral, es una obra de interés general que tiene que tener la consideración de cuestión de estado de la ciudad. No podemos meterlo dentro de la confrontación porque la más mínima autorización que se ponga en duda o se aleje en el tiempo va en perjuicio del ciudadano. El Metro será común de todos los malagueños, se terminará la línea 1, la 2, habrá que llegar a El Palo, luego la circular, luego el tranvía... Y eso es lo que define una ciudad moderna. Una ciudad moderna ya no dice en coche llego en 30 minutos, dice en Metro llego en cinco minutos'.

-¿Cuándo entrarán las máquinas en la Alameda y el Parque?

-No le pongo tiempo y creo que sería un error ir contrarreloj. No es sólo la obra, la construcción de un túnel, sino de analizar todos los aspectos colaterales. Hay que cuidar todos los detalles y una vez se entre, hacerlo con todas las garantías. Hablar de fechas me parece arriesgado, pero se tendrá que avanzar mucho en 2010.

-Para finales de 2011 entrarán en servicio la línea de Carretera de Cádiz y el tramo en superficie en la Universidad. ¿Qué efecto cree que tendrá eso sobre la ciudadanía?

-El tiempo que mediará entre que eso ocurra y que podamos disponer de la conexión entre esos dos tramos será relativamente poco. Tendremos no más de un año en donde habrá un periodo de pruebas de todos los elementos y, a la vez, vamos a ir creando el clima de amistad entre el ciudadano y el Metro. En el caso de la Universidad no que cabe duda de que tendrá un tirón fuerte si somos capaces de programar con la EMT y generar unas playas de aparcamientos para que ahí se produzca el intercambio con el Metro. En el caso de Carretera de Cádiz, tendrá tráfico internos interesantes. Y buscaremos por todos los medios que sea un atractivo amable para que la gente se acerque, el malagueño tiene que familiarizarse con bajar al túnel.

-Carretera de Cádiz es objeto de análisis... Qué hacer en su superficie se ha convertido en un debate de ciudad. ¿Cuál es su apuesta?

-La que vale es la que logremos con consenso y el diálogo que abriremos con los ciudadanos. Lo que me gustaría dejar claro es que en un momento determinado parece que desaparecía todo estudio previo, pero nadie ha tirado nada... hay muchas posibilidades. Los tramos de Carretera de Cádiz son muy distintos respecto a posibilidades y hay que aprovecharlo. Hay que ver qué es lo mejor para los ciudadanos.

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