Policía Local de Málaga, curado del coronavirus "Lo pasé mal y me han salvado la vida"

  • Manuel Ortiz, el primer policía local malagueño que supera el coronavirus, cuenta su experiencia

  • Sus compañeros le prepararon una sorpresa tras recibir el alta hospitalaria

Los compañeros del Policía Local le esperan a su salida entre aplausos.

La historia de Manuel Ortiz está llena de lucha, superación y supervivencia. Él es el primer integrante de la Policía Local de Málaga que abandona el hospital tras ganarle la batalla al coronavirus. Ha estado 17 días ingresado en las instalaciones de El Ángel, peleando contra "el bicho" tras confirmar su positivo por Covid-19 el pasado 26 de marzo, cuando ingresó en el mencionado hospital.

Era en la noche del sábado cuando el médico que ha seguido su evolución y recuperación, Jerónimo Sánchez, le informaba que el último test reflejaba que había dado negativo por coronavirus y le daba el alta médica. Podía irse a casa en ese mismo momento. Fueron dos las llamadas que hizo en ese instante Ortiz. La primera a su mujer, para informarle de la gran noticia, y la segunda a su compañero de patrulla. Fue éste el que movilizó a gran parte de los policías que cubren el tercer turno en la capital, el turno de noche, los mismos que le esperaban a la salida de El Ángel a modo de sorpresa para darle la enhorabuena: había vencido. 

Manuel subía la rampa de urgencias del hospital, ya acompañado de su mujer, cuando se encontró a las puertas de éste a gran parte de sus compañeros nocturnos. Emocionado y entre incesantes aplausos, el policía saludó a la vez que agradeció a cada uno de ellos el gesto. "Estoy flipando. Os lo agradezco de verdad. No tengo palabras. Lo he pasado canutas", decía a sus homólogos el policía con la voz ya entrecortada.

Tras una largo abrazo a su mujer, le pasaban con el subinspector de la Policía Local de Málaga, Carlos Alfaro, que le daba "la enhorabuena por haber luchado como has luchado ante el coronavirus y estar ya de alta. Bienvenido de nuevo al grupo, te estamos esperando". "Más ganas que yo de volver al trabajo no tiene nadie", le replicaba Manuel en un vídeo de su salida que ya se ha viralizado por las redes. Pero éste es solo el último episodio de una historia que ha durado cerca de un mes.

El inicio de todo

La batalla de Manuel Ortiz contra el coronavirus comenzó un 16 de marzo, durante su acto de servicio. Él lleva más de 10 años en el turno de noche de la Policía Local. Ante una llamada de auxilio de un matrimonio, él y su compañero acuden a cubrir la incidencia. Un hombre de 92 años les requiere para asistir a su mujer, de 89 años y que padece Alzheimer, a la que no puede levantar del suelo, la cual acabó tendida boca abajo.

Ortiz activa el protocolo habitual, no era la primera incidencia de estas característica que él y su compañero resuelven. Tras agarrarla e incorporarla para darle la vuelta, la mujer tosió en el rostro del policía. Fue instantes después cuando comprobaron que la mujer tiritaba de frío, sudaba y sufría fiebre: superaba los 39º. Tanto Manuel como su compañero no iban protegidos con el equipo requerido para un incidencia así. El 061, por aquel entonces desbordado, tardó en torno a 45 minutos en llegar.

"Cuando vi aparecer al 061, con los trajes, cubiertos de arriba a abajo con todo el material... Me quedé impactado. El facultativo, nada más verme, me dijo que cómo íbamos así vestidos a este servicio", cuenta Manuel, ya desde su casa, junto a su familia y con el alta hospitalaria. La señora atendida estuvo ingresada días atrás por un cuadro de neumonía y había vuelto a casa y el policía ya pensaba en lo peor.

"Acudimos al hospital, a Carlos Haya donde ingresaron a la mujer. Le conté los hechos a un médico y me explicó cómo estaba la situación, que estaban desbordados y que debía entender que yo en ese momento no presentaba ningún síntoma", explica Manuel, que desde ese mismo día tomó medidas en casa ante la posible infección. Comía, dormía y se aseaba en lugares diferentes que su mujer e hijas. Al día siguiente volvía al trabajo con normalidad.

Cuenta el policía que no fue hasta el miércoles, dos días después, cuando comienza a presentar los primeros síntomas en el trabajo. "Todo iba bien hasta que sobre las tres de la noche, me encontraba comiendo cuando me empiezo a encontrar mal, siento un bochorno y empiezo a sudar. Tenía la frente ardiendo", narra Manuel, que informó a su superior y se marchó a casa: "Llamé a mi mujer para que me preparara un paracetamol. Tenía casi 40 de fiebre. Empecé a sudar y sudar... Al día siguiente no me podía mover de la cama".

Manuel, en una semana en casa, sufrió prácticamente todos los síntomas que le habían pautado. "Cada día era algo nuevo", cuenta el policía, que llegó al límite el día 26 de marzo, cuando la tos era tan fuerte que le costaba respirar: "Llegó un momento que no podía más. Empecé a golpearme el pecho con el puño para poder respirar y coger algo de aliento. Me vestí, cogí al coche sin avisar a nadie y fui desde Churriana hasta El Ángel. No podía esperar a que alguien viniera a por mí".

17 días ingresado

"Nada más verme me cogieron la tarjeta que la llevaba en la mano, me metieron en la sala de los rayos X, me sacaron sangre, me hicieron la prueba del Covid-19... En cosa de dos horas estaba ingresado, entubado y me habían puesto la vía en el brazo", recuerda Manuel, que se pasaría los siguientes 17 días ingresado en El Ángel. Su médico, Jerónimo Sánchez, le comentaba que "tenía una neumonía importante y que mi análisis de sangre había salido muy dispar".

"Paracetamol, remdesivir y cortisona", enumeraba el policía los medicamentos que le ayudarían a vencer al coronavirus en ese tiempo ingresado: "Los primeros días lo pasé fatal. Sin poder hablar apenas, con una fiebre muy alta... Hasta que mi cuerpo no comenzó a luchar bien pudieron pasar siete u ocho días. Por suerte, no fumo ni bebo, estoy en forma y no presento patologías previas. El médico me dijo que me pilló fuerte. Si respondes bien a la medicación, sales poco a poco".

Manuel agradece el "trato afable, su cercanía y que siempre me dijo las cosas muy claras" al doctor Jerónimo Sánchez. Tanto a él como a "enfermeros, auxiliares, limpiadores... los reuní a todos cuando me dieron el alta para darle las gracias, primero por la calidad humana y luego por la profesionalidad con la que trabajan". "Lo pasé mal y me han salvado la vida. Les estaré agradecido de por vida. Se merecen lo mejor. Yo he podido salir gracias a ellos, a su profesionalidad", entona el policía, que agradece también el apoyo de su familia y compañeros, "entre llamadas y videollamadas diarias".

"Fue un momento indescriptible", señala Manuel sobre el instante sorpresa a la salida del hospital con sus compañeros: "Tenía un nudo en la garganta. Estaban muchos compañeros de mi turno y guardia. No podía gesticular palabra. Solo tengo gratitud para mis compañeros que también han arropado a mi familia". Vencer al coronavirus, el alta médica, la sorpresa de sus compañeros y regresar a casa con su familia son el gran regalo de Manuel Ortiz, que esta semana cumple 47 años.

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