Resultado y crónica del Málaga CF - Ponferradina El fútbol, como la vida, sigue (1-0)

  • Un gol de Antoñín en el minuto 1 dio el triunfo a un Málaga muy serio y que estrenaba a Pellicer

Los jugadores celebran el gol de Antoñín. Los jugadores celebran el gol de Antoñín.

Los jugadores celebran el gol de Antoñín. / LaLiga

El fútbol, como la vida, sigue. Siempre y sin excepción. Tiene la mágica capacidad de hacer que todo lo demás deje de tener importancia durante 90 minutos. Es una máquina de devorar memoria que sólo quiere presente. La sensación de autodestrucción que dejó la abrupta salida de Víctor Sánchez del Amo se diluyó cuando el balón echó a rodar y en un par de pestañeos ya tenía al Málaga por delante del marcador.

Era el estreno además de Sergio Pellicer, un canterano de los banquillos, “hombre de club”, como él mismo se define. Su Málaga se pareció mucho al de Víctor, pero con guiños de su propio manual. Independientemente de si su aventura es fugaz o no, queda bautizado como entrenador del primer equipo 24 años después de su debut oficial como futbolista blanquiazul. Caprichos del destino.

El gol de Antoñín se lo perdieron cientos de malaguistas. Unos por voluntad propia y otros porque no llegaron a su asiento (o a su televisor). En el caso de los primeros, andaban fuera, mostrando su rechazo a los últimos acontecimientos. Pero es que cuando rueda el balón, no hay más protagonista que él.

La acción del 1-0, pese a la pizca de fortuna de que el rechace cayera en el lugar exacto, tuvo poco de casual. Una acción de saber el cómo y el dónde que dio la sensación de venir preparada de casa. Pero eso es ajedrez. En el fútbol las piezas son autónomas y dependen de múltiples factores. El principal, las ganas de los futbolistas.

Si meterse en la cabeza de una persona es algo imposible por más que se la crea conocer, hacerlo con todo un vestuario es un ejercicio de futilidad. Lo que sí hubo fue una actitud ajustada al momento, responsable. Pacheco y, sobre todo, Juanpi cuajaron un papel importante para mantener un dominio casi absoluto sobre el rival. Es cierto que costó, pese a la ventaja, encontrar maneras de volver a morder a la Ponferradina. La más clara llegó tras una jugada de pizarra en un córner que acabó con Juankar estrellando el balón en el larguero.

Tras regresar de la caseta las fuerzas se fueron igualando. El Málaga probó fortuna con dos acciones de Antoñín que prometían mucho y acabaron en nada. La Ponferradina abrió su acordeón y comenzó a pedir sitio más cerca de Munir. No logró mucho pese a la ocasión de Asier Benito en el 93’. Los de Pellicer sabían lo que tenían que hacer, fueron casi siempre solidarios y dieron todo lo que tenían por defender el marcador.

El Málaga, aun con todo el jaleo vivido y que queda por vivir, suma los tres puntos y ya encadena siete partidos sin conocer la derrota. Un potosí estando las cosas como están.

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