Cultura

Doble propuesta de interés

El apoyo a la juventud siempre será bien recibido. Gracias a la iniciativa de los organizadores de este ciclo, y en colaboración con la Fundación Barenboim-Said, tuvimos la oportunidad de acercarnos a dos propuestas de interés: el género camerístico y música en exclusiva para instrumentos de percusión.

Comenzó la velada del lunes por la noche en cambio inverso de programa según lo establecido. La cierta confusión reinante provino de ofrecer en primer lugar el Cuarteto para Agrippa del maestro Antón García Abril. Una pieza, en definitiva, que quedó algo mermada en cuanto a los titubeos de afinación y la poca definición temática de la melodía.

Pese a todo, el equilibrio sonoro de conjunto se consiguió. Se podría decir que hubo sonoridad de música de cámara, que fue in crescendo en interés a lo largo del cuarteto para violín, clarinete, violonchelo y piano de Hindemith. En esta ocasión, todo quedó más redondo, aunque se podrían haber enfatizado más los tempos del primer tiempo, o lo que es lo mismo, apostar por el contraste (escúchese por ejemplo la versión Sulli/Pellegrino/Chiapperino/Moresco de Dynamic). Destacó Javier Torres al clarinete presentando un eficiente segundo tiempo con fiel acompañamiento de Ana Galindo al piano, así como un tercero algo enérgico pero trabajado correctamente.

Indudablemente la música contemporánea ha ayudado a desmitificar el papel de la percusión en el ámbito culto, y le ha dado una oportunidad extraordinaria para conocer posibilidades como la que llegó en la segunda parte. El cuarteto de percusionistas de la Academia de Estudios Orquestales (AEO) fue lo más llamativo y destacó desde el comienzo por su magnífica puesta en escena. Fue algo tan sencillo como engrandecer su compenetración y precisión rítmica con la conveniente iluminación, y así hacer de Music for Pieces of Wood un deleite ambivalente entre lo sonoro y lo visual.

De igual manera, se valoró notablemente la inclusión de piezas que desplegasen todo un abanico de posibilidades rítmicas y tímbricas. En base a esto último, Estudios coreográficos de Martynciow brilló por la gran destreza de sus miembros, al igual que el permanente cuidado por la sonoridad resultante y la limpieza de toque ofrecidos. Burundi también de este último compositor, y ofrecida como regalo, originó las nuevas y merecidas ovaciones finales.

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