Danza | Nuevo trabajo de Luz Arcas

La Phármaco o el cuerpo reconquistado

  • La compañía de danza que dirige la bailarina y coreógrafa malagueña Luz Arcas prepara el estreno previsto para noviembre en los Teatros del Canal de Madrid de su nueva obra, ‘Bekristen’

Ensayos de 'Bekristen', el nuevo espectáculo de La Phármaco, en los Teatros del Canal de Madrid. Ensayos de 'Bekristen', el nuevo espectáculo de La Phármaco, en los Teatros del Canal de Madrid.

Ensayos de 'Bekristen', el nuevo espectáculo de La Phármaco, en los Teatros del Canal de Madrid. / Virginia Rota

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El estreno de Una gran emoción política en septiembre del año pasado en el Teatro Valle-Inclán de Madrid, antes de su presentación el octubre siguiente en el Teatro Cervantes de Málaga, significó una verdadera cima para La Phármaco, la compañía de danza que dirige la coreógrafa y bailarina malagueña Luz Arcas: la producción anterior de la agrupación, Miserere. Cuando la noche llegue se cubrirán con ella, estrenada en el mismo Cervantes en febrero de 2017, significó su consolidación como referente ineludible en la danza contemporánea española, con un éxito de crítica y público que terminó de convencer al Centro Dramático Nacional para encomendar a Arcas y su equipo un montaje dedicado a la memoria de María Teresa León, que terminaría siendo el citado Una gran emoción política. El éxito quedó refrendado con igual alcance mientras La Phármaco mantenía bien a punto su maquinaria, que ya había prodigado candidaturas y nominaciones a los Max, giras internacionales y públicos rendidos lo mismo en Berlín que en Nueva York, con espectáculos de pequeño y gran formato. Pero sucede que a menudo el éxito, escrito con trazo grueso, oculta surcos más discretos, matices que se cuecen en la intimidad y sin embargo llegan a ser determinantes. Mientras La Phármaco parecía abrir las puertas del cielo, Luz Arcas hacía una interpretación de los acontecimientos más parecida a una clausura: “Después de Una gran emoción política sentía que se cerraba una etapa. Que, llegados a aquel punto, la fórmula en la que habíamos venido trabajando se agotaba. Comprendí que a partir de entonces la danza y el cuerpo iban a ser algo muy distinto, pero también por primera vez me vi preparada para abordar el cuerpo y la gestualidad actual, desde una perspectiva amplia y compartida, menos hacia adentro”, explica a Málaga Hoy la propia Luz Arcas. El resultado de esta particular crisis, de esta vocación de punto y aparte, cristalizó, claro, en un nuevo proyecto escénico. Pero no uno cualquiera: seguramente el más ambicioso en la historia de la compañía. Bekristen es una trilogía cuya primera entrega, La domesticación, celebrará su estreno absoluto el próximo 13 de noviembre en los Teatros del Canal de Madrid, donde podrá verse hasta el 16 y donde la compañía ensaya ya in situ durante este mes de agosto.

"El neoliberalismo es una nueva forma de colonización que deja su huella en el cuerpo”, sostiene Luz Arcas

Bekristen (término empleado en la lengua de los fang, la etnia mayoritaria en Guinea Ecuatorial, para llamar a los cristianos) tendrá así, por tanto, otras dos entregas que, según lo previsto, se estrenarán respectivamente en 2020 y 2021. La Phármaco ha necesitado un proyecto de esta envergadura para llevar a la danza la realidad del cuerpo colonial, en una clave propia del siglo XXI: “Cuando tuve la idea de hacer Bekristen pensé en el neoliberalismo como una nueva forma de colonización, como si la cultura global se impusiera de nuevo, con una violencia tal vez distinta, pero violencia al fin y al cabo. Lo que tenemos es la imposición a nivel mundial, convenientemente desterritorializada, de una carrera para la adopción de modelos relativos al éxito, la belleza, la eterna juventud y otras cuestiones que pasan a ser deseadas en cualquier parte, siempre con los mismos parámetros. Estos procesos son más sutiles que en la antigua colonización, pero gestualmente actúan igual. Como sucedía entonces, es necesario que alguien pierda siempre. Y, al igual que entonces, se asimila una cotidianidad construida a base de actos que poco a poco van destruyendo el mundo. Lo que me pregunté a la hora de idear Bekristen es cómo influye todo esto en el cuerpo como realidad colonial, como instrumento obligado a la conquista de modelos muy alejados pero que a la vez se convierten en imprescindibles”, explica Luz Arcas.

La coreógrafa y bailarina malagueña Luz Arcas. La coreógrafa y bailarina malagueña Luz Arcas.

La coreógrafa y bailarina malagueña Luz Arcas. / Javier Albiñana

En realidad, la semilla de Bekristen prendió el año pasado con los viajes que Arcas y su aliado principal en La Phármaco, Abraham Gragera, realizaron a antiguas colonias españolas como Guinea Ecuatorial, así como a varios países latinoamericanos, donde desarrollaron diversas creaciones con bailarines locales. Entonces, Arcas valoró la posibilidad de traer a algunos de estos intérpretes a España para producir con ellos nuevos espectáculos aquí, y de hecho ya en octubre de 2018 se estrenó en la Sala Cuarta Pared de Madrid un primer montaje con artistas guineanos, Abok. Ahora, La domesticación reúne un elenco de cuatro bailarines procedentes de España, Guinea y América Latina a los que previsiblemente se incorporará la propia Luz Arcas como intérprete (“Está en el plan”, apunta), función que compatibilizará con las de coreógrafa y directora escénica. Además, el espectáculo contará con la actuación en directo del cantante lírico David Azurza y la violinista malagueña Luz Prado, mientras que Abraham Gragera volverá a hacerse cargo de la dramaturgia así como de la dirección musical. No hace falta señalar que una producción de estas características exige un esfuerzo ingente dentro y fuera del escenario, pero precisamente la compañía está dispuesta a dejar una huella aún más profunda en la danza contemporánea.

Uno de los intérpretes del espectáculo, en los ensayos. Uno de los intérpretes del espectáculo, en los ensayos.

Uno de los intérpretes del espectáculo, en los ensayos. / Virginia Rota

Además de constituir un signo del nuevo rumbo de La Phármaco, Bekristen también entraña una toma de postura ante el propio devenir de la danza en el presente. “Siento que el mundo coreográfico ha cambiado mucho, especialmente en relación con los intérpretes”, apunta Arcas, quien señala que este aprendizaje se ha traducido en ciertas modificaciones con respecto al modus operandi de la compañía: “Ahora, a la hora de dirigir y coreografiar, tiendo más al diálogo, a fomentar la participación de todas las personas implicadas. Siempre he dialogado mucho, me gusta tener en cuenta todas las opiniones; pero ahora lo hago con más intención, busco sin reparos los demás puntos de vista”. Y, de entrada, esta confluencia de ideas y aportaciones que se va armando durante los ensayos encaja como un guante en una de las premisas que Luz Arcas quería mantener bien firmes respecto a Bekristen: “Nuestras fuentes de inspiración gestual vienen ante todo de situaciones muy cotidianas. Principalmente del folclore, al que ya habíamos recurrido ampliamente para otros trabajos como Miserere; pero también de otros estereotipos estéticos muy diversos, incluso deportivos, que tienen que ver con cómo la gente se relaciona casi diariamente con la danza y el movimiento. De esta manera queremos presentar una especie de acto de resistencia contra un estereotipo muy presente en el estilo internacional de la danza contemporánea, marcado por la asepsia, la androginia y el desarraigo, aunque al mismo tiempo este estereotipo nos puede ser útil para hablar de estas cuestiones”. Como apunta Arcas, la aceptación global y acrítica de este estereotipo en la danza contemporánea no deja de ser otro ejemplo de colonización concretada en el cuerpo: “Queremos invitar a la reflexión sobre un estilo mayoritariamente aceptado que se apodera de todo, que lo iguala todo, cuerpos, objetos y sexos. Y, a partir de aquí, queremos proponer una celebración muy concreta de la danza. A menudo da la impresión de que la danza se encuentra muy apartada del mundo y de las personas, como si correspondiera sólo a unos cuantos elegidos. Pero, a poco que observemos, lo que encontramos es que la danza está muy cerca del día a día de la gente, cuando sale de noche, cuando se queda en su casa, cuando va por la calle. La danza es un patrimonio de todos que como expresión artística se manifiesta de una determinada manera, pero también admite vías más sutiles y personales en las que a menudo sencillamente no se repara”. Con más fechas pendientes de confirmación tras el estreno madrileño (“Aunque las tenemos ya a punto”), Bekristen propone una mirada única al mundo: la de un cuerpo libre.

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