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Cambios en el horizonte

La irrupción de Johnson es un golpe para quienes aspiran a manejar el mundo sin contar con la opinión de los pueblos

La llegada al poder de Boris Johnson ha propiciado una fuerte subida de las expectativas de voto de los conservadores británicos que las diferentes encuestas sitúan entre el 7% y el 10%. Una cosa es el Johnson que los medios nos presentan y otra lo que los ingleses piensan sobre el nuevo premier y sobre el Brexit. Si Johnson tuviera a sus órdenes a un Tezanos, las encuestas ya le darían ese 127% que Pablo Echenique, esta vez con punto justo de mordacidad, ha augurado para Pedro Sánchez en algún próximo barómetro del CIS.

La irrupción de Boris Johnson supone un duro golpe para quienes aspiran a manejar los asuntos mundiales como si la personalidad, los intereses y la voluntad de los pueblos no contasen en democracia. Más allá de las cuestiones de fondo sobre la siempre complicada presencia británica en la UE, esa irrupción no hubiera sido posible sin los resultados de las elecciones europeas en el Reino Unido, tan negativas para los adversarios del Brexit como lo fueron en su conjunto para los partidarios del establishment continental. Hace escasos días, en un notable discurso pronunciado en un encuentro universitario, Viktor Orban ha contado cómo su propia actuación, unida a la de los polacos de Ley y Justicia, había hecho imposible la elección de cualquier candidato a la presidencia de la Comisión apoyado en la sombra por Soros, lo que incluía no sólo al socialista Timmermans, también al democristiano Weber. Los grandes partidos han tenido que plegarse ante la "prágmática" -como la ha definido Orban- Von der Leyen que, de momento, ya ha prometido más equilibrio en la UE entre norte y sur, entre este y oeste.

No deja de ser curioso el modo tan cerrado con que reacciona el panorama político español ante estos cambios de tendencia que prometen unos años veinte del siglo muy distintos de los de la actual década en Europa. En todo caso, antes o después habrán de llegar tan hondas mudanzas, quizá ya se están haciendo notar aquí en términos de inestabilidad, aunque todavía sin alumbrar una solución. Es posible que el fenómeno secesionista, con su efecto paralizante sobre la vida española, políticamente cada vez más ensimismada, sea el responsable de tanta peculiaridad. Para bien a menudo, a veces para mal, España es distinta en la misma medida en que siempre ha funcionado a su manera, de hecho como un pequeño e imprevisible continente.

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