Es imprevisible. La Factoría Moncloa nos asombra e intranquiliza cada día con una nueva puesta en escena dependiendo de por dónde sopla el viento. El último episodio es la exaltación patriótica en defensa de la soberanía y la dignidad de España ante el insulto del impresentable presidente de Argentina. Milei ha insultado a nuestra amada Patria. Ha llamado corrupta a Begoña. Es increíble que el mandatario de una gran nación como Argentina se haya puesto a la altura del estólido y zafio Oscar Puente. Milei ha acusado gratuitamente de corrupta a la mujer de Sánchez y debe disculparse. Aunque antes fue insultado, también gratuitamente, por el citado Puente y por el presidente del Gobierno sin que ninguno de ellos se haya disculpado debidamente. El nuevo capítulo que nos ofrece la Factoría es la elevación a conflicto diplomático del insulto a la esposa de Sánchez. Desde que gobernaba Franco, cuando insultar a su esposa, Dª Carmen Polo, “Carmen collares” para el pueblo, era una ofensa a la Patria, no habíamos visto nada igual. Si insultan a Dª Begoña Gómez, insultan a España, y la dignidad y soberanía de España requiere tomar medidas tajantes, como romper las relaciones diplomáticas, tal como anunció el ministro de Exteriores, Albares (con la misma cara que puso Arias Navarro cuando anunció la muerte de Franco). Para lavar la afrenta ¡Envíese a la Armada, pardiez! La secuencia del agravio, según se ha publicado y por este orden fue, primero, antes de que Milei abriese la boca, Oscar Puente, que más que un ministro de Transporte parece un transportista (con perdón para ellos), le acusaba de “ingerir sustancias”, o sea, de drogadicto. Hubo una reacción por parte de Argentina exigiéndole disculpas, lo que no hizo, o al menos no lo hizo debidamente. Después, Pedro Sánchez, en la campaña catalana afirmó de Milei que “lo único que ha traído ha sido precariedad, confrontación y ruptura de la convivencia” (se estaba mirando al espejo) y la vicepresidenta Yolanda Díaz remachó “Milei y otros Gobiernos del odio vuelven con los recortes y con el autoritarismo. La política del odio no quiere acabar con la pobreza, (...) lo que quiere es acabar con los pobres”. La incontinencia verbal de la Factoría es proverbial. Milei podrá no gustar, a mí me parece un chiflado, pero un chiflado que arrasó en las elecciones absolutamente democráticas de Argentina. Un respeto a los argentinos.

Los últimos capítulos de la Factoría Moncloa venían siendo sobre el victimismo de Sánchez y su mujer sufriendo la violencia, mentiras y bulos, de la derecha y extrema derecha. Tiene gracia. Que un juez curse una denuncia por dos cartas de recomendación de una empresa adjudicataria de un contrato con el gobierno que él preside ¿es violencia? Tendrá que dar cuenta como todo hijo de vecino ¿no? Pero ¿qué entiende por violencia? Violencia, presidente, es la de sus socios de Bildu, con más de mil muertos y heridos. Violencia es la que ejercieron los del tsunami que usted está amnistiando a cambio de siete votos. Violencia es la bomba que le pusieron al presidente Aznar bajo el coche. Violencia es el puñetazo que le dieron a Rajoy en todos los morros. Violencia es acusar los jueces de “lawfaire”. Violencia es poner muros ideológicos y provocar frentes polarizando la sociedad. Y violencia, sin duda, es intentar anular a la oposición que es el contrapeso del poder en todo estado democrático.

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