Ojo de pez

Guernica

Ellas sonrientes en su papel de 'ellas', con un fonto de horror, mientras ellos deciden los asuntos importantes

La rabia pasa, como pasa todo, a la velocidad con la que se ocultan los cadáveres bajo tierra, con el mismo vértigo con el que los titulares desaparecen de las portadas, de las conversaciones con café y tostada, de las redes... Sin tiempo para ser conscientes de que la celeridad produce corazones de corcho, porque no hay espacio para la conmoción ni para la asimilación de lo atroz. Ayer la piel se erizaba con las imágenes de los cuerpos amontonados en la frontera africana, hoy miramos complacidos a ellas, las esposas, que se abrazan y sonríen y posan frente al Guernica. La reina en primer plano, detrás, el decorado de un óleo que compró en 1937 el gobierno de la II República Española y que el propio pintor decidió que estuviese custodiado por el MoMa de Nueva York para salvaguardarlo de la guerra, ratificando su decisión en 1958 por tiempo indefinido, "hasta que se restablecieran las libertades democráticas en España", leí en algún lugar, aunque en otro también leí "hasta que en España no se restableciera la República". Y ahí están perfectas, con la reina en el centro, y sus dos excepciones masculinas, para que la foto roce lo políticamente correcto, como los cuatro puntos disonantes entre los veintisiete poderosos. Ellas sonrientes, en su papel de 'ellas', con un fondo de horror, mientras ellos deciden los asuntos importantes, reforzar con armas la paz, más armamento al este, más en el sur, allí donde los cadáveres se ocultan y el olvido no llega ni a pesar. Y ellas con el Guernica a sus espaldas, despojado de todo símbolo, convertido en un fondo cool para la foto, mientras ellos lanzan sus misivas de paz: "Rusia es una amenaza significativa y directa", "debemos tener claro que China representa serios desafíos", "la Alianza defenderá la integridad territorial y servirá de amparo a España en caso de agresión a Ceuta y Melilla". No sé si la agresión se refiere a los inmigrantes aplastados en la valla, acorralados por la espalda, o a los gendarmes marroquíes invadiendo suelo español para seguir matando impunemente desde ambos lados. Le prometí a Elodia una columna alegre que la consolara del horror. Pero la rabia pesa y duele verlas a ellas banalizadas y banalizando hasta el Guernica, y duele ver cómo el país aplaude una reunión que avala la guerra. Querida Elodia, a cambio, te dedico la voz de Louis Armstrong y la letra de una canción: " I see trees of green / Red roses too/ I see them bloom/ For me and you/ And I think to myself... What a wonderful world".

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