La gente me miraba raro. Caminaba sandunguero y me cruzo con un matrimonio sportivo. El tipo me fulminó la sonrisa a través de sus espejuelos de sol. Ni una palabra. Un sutil gesto desaprobador. Me llevé la mano a la caradura y caí en la cuenta de que me había dejado el tapabocas en casa. Con la imaginación de un día nublado aparejé maniobra cangrejo embozado con el cuello de la camiseta. Fueron cinco minutos angustiados con la paranoia de una multa apocalíptica. Y fíjese que me he provisto de toda la parafernalia anticoronabicho a la salida de la covidchuela, que si el desinfectante manoseado y el cuelgallaves, ahora también ahorca-mascarillas. Ay qué ver la industria paralela que ha brotado alrededor del virus. La economía de la pandemia nivel usuario. Fundas para mascarillas, soluciones higiénicas de todos los colores tamaños y aromas, viseras de soldador, alargadores antioreja de soplillo, antivahos para las lentes de las gafas que a la segunda respiración ya están empañadas…sin entrar en el circo farmacéutico y sus batallas de bakuninción. En esto llegan los de Mercadona y dicen que han hecho el agosto en el año del papel cagontó. Olé sus méritos. Lo de hasta que no saquen la vacuna de Hacendado, no me la pongo, a este paso se va a hacer realidad.

Del INE nos dicen que somos un pelín más gagás. La edad media del habitante en España es de 44,7 añazos alejados de la juventud divino desempleo. Con tanto añejo, normal que vayamos de cabeza olvidadiza. En esto los boticarios también proponen sus complementos nutricionales para recuperar la memoria. El último susurro tecnológico lo ha dado Apple. La firma de Silicon Valley anuncia un gadget que dicen los finos, un cachivache para no olvidarse las llaves y las cosas que dejamos regadas por arte de mala calavera. Los de Cupertino lo han pregonado a toda keynote, que es como denominan a sus presentaciones zen. Van a comercializar el Air Tag, un dispositivo que localiza tus cosas extraviadas. Es una especie de botón que lo prendes al objeto que estimes oportuno y por arte de aplicación de móvil lo rastrea, si recuerdas donde has puesto el móvil. Una vez me regalaron un llavero con un perro verde al que le silbabas y ladraba, me duró poco porque me olvidé de silbar o tal vez nunca aprendí. No lo tengo muy claro.

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