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Crónica Personal

Pacto de Reconstrucción

Al anunciado pacto se le presentan serias dificultades si Sánchez se empeña en seguir al frente del Gobierno

La seguridad con la que ha defendido Sánchez su gestión del coronavirus en la sesión parlamentaria de la que debía salir la prórroga del estado de alarma indica que el presidente del Gobierno no ha entendido nada. Su irritante tono de seguridad demuestra que se sigue considerando un dirigente de peso, que pisa terreno firme, que ha tomado las medidas acertadas en tiempo y forma, y que ni se le pasa por la cabeza replantearse la forma de gobernar ni la estructura del Gobierno que preside. Propio de la arrogancia de la que ha hecho gala desde que llegó a primera línea de la política, y que mantiene a pesar de que ha dado muestras sobradas de que los españoles no están en las mejores manos ni tampoco, a pesar de lo que ha dicho en el Congreso, ha defendido con firmeza los intereses de España en la Unión Europea.

En el debate, Sánchez ha anunciado que la semana que viene convocará a los partidos, empresarios y sindicatos para alcanzar lo que ha llamado Pacto de Reconstrucción. Debe ser el único español que no ha comprendido que cualquier pacto que sirva para superar la crisis actual pasa por la necesidad de que él no mande en ese Gobierno. Las medidas económicas que ha propuesto no son las adecuadas según la opinión generalizada de los que saben de economía, con un tinte podemita que augura lo peor para un país que necesita con urgencia una buena cabeza al frente de la economía. Se necesita buen criterio, no la demagogia que propugnan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que ha provocado divisiones internas en el Gobierno y que ha rechazado una UE de la que depende en buena parte que se pueda reconstruir un futuro sólido.

La salida a la crisis sólo puede ser un Gobierno nacido de un pacto entre partidos y dirigentes sociales, que difícilmente aceptarán que sea con Sánchez imponiendo sus políticas, tras su demostrada incapacidad para gobernar, aparte de que no genera confianza porque ha hecho del engaño su seña de identidad. Otra salida sería una moción de censura, pero para ello el PP tendría que presentar un candidato y negociar previamente los necesarios apoyos, y hasta el momento Casado no ha movido un dedo en ese sentido ni parece decidido a moverlo; la tercera opción sería convocar nuevas elecciones, lo que parece difícil porque sabe Sánchez que tiene todas las de perder: ha mentido tanto y ha gestionado tan pésimamente que no le quedan muchos incondicionales.

Así que al anunciado Pacto de Reconstrucción se le presentan serias dificultades si Sánchez se empeña en seguir al frente del Gobierno y con Iglesias marcando el camino.

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