Postales desde el filo

José Asenjo

¿Pactos?

POR qué llamamos pactos a lo que sólo son acuerdos de investidura para las alcaldías y las presidencias autonómicas. Aunque todo se haya envuelto en una retórica de firmas de acuerdos bienintencionados, el resultado final será un mapa institucional dominado por gobiernos minoritarios. Si hubo un tiempo en el que el prestigio de la política se medía por la capacidad de lograr consensos, ahora ocurre todo lo contrario. Los acuerdos alcanzados son puramente tácticos. La necesidad de sumar mayorías para cerrar el paso a los candidatos de las listas más votadas ha forzado acuerdos en los ayuntamientos que ninguno de los interlocutores parecían desear. Los pactos no van más allá de los plenos que se celebrarán hoy. Formar coaliciones de gobierno se interpreta como algo deplorable, intercambiar sillones, una trampa saducea en la que nadie quiere caer. Puede que todo vaya bien, pero lo más probable es que estemos iniciando un periodo de inestabilidad generalizada. Probablemente los que apoyaron con su voto la elección de alcaldes o presidentes autonómicos, serán mañana los que quieran limpiar su mácula siendo los más beligerantes opositores.

Se puede decir que el nuevo tiempo vienen con una noticia mala y una buena. La mala es que la impericia y la desconfianza con que se han alcanzado los acuerdos de investidura sólo pueden anticipar gobiernos débiles. La buena noticia es que éstos estarán sometidos a un estricto control. Muchos de los vicios que han causado la crisis del actual sistema podrán ser desterrados. Habrá mayor transparencia, las administraciones de todos dejarán de ser coto cerrado de los partidos gobernantes; los órganos de regulación y control serán más plurales. Lo mismo sucederá con las televisiones públicas, etc, etc. Es verdad que será difícil resistir la tentación de imponer la agenda a los gobiernos municipales y autonómicos desde plenos y parlamentos. Que surgirán conflictos entre ejecutivos y legislativos. Pero ese es el signo de los nuevos tiempos. Habrá que aprender a gobernar desde el diálogo y a hacer oposición sin que las mayorías parlamentarias acaben ahogando a los ejecutivos. La proximidad de las generalas no facilita las cosas. Pero como el nuevo mapa político multipartidista no parece coyuntural, habrá que retomar, sí o sí, el consenso como eje de la acción política. Como decía en su columna de El País hace unos días Ignacio Torreblanca: menos Juego de Tronos y más Borgen.

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