Club Dumas

SOS Venezuela

Ha llegado el momento de exclamar que los totalitarios no se deben adueñar de las naciones

Ocho de mayo de 1967, un grupo de espías cubanos llega a la playa carioca de Machurucuto con el fin de introducirse en el país para entrenar a la guerrilla venezolana. Son descubiertos y repelidos por el ejercito, siendo finalmente expulsados. Venezuela lograba frenar temporalmente al totalitarismo pero, años después, ese mismo totalitarismo puede acabar echando a los venezolanos de su tierra.

La sociedad europea ha integrado, gracias a la democracia y, porqué no decirlo, al daño causado por dos guerras mundiales, la importancia de que puedan convivir ideas de derechas e izquierdas. Y ambas ideologías han sabido conjugar el respeto al otro como principio fundamental de gobierno. Es esta pluralidad la que hoy enriquece nuestros sistemas políticos y garantiza la libertad de los ciudadanos. Pero curiosamente este éxito social no es deseable por algunos radicales, que pervierten su derecho de opinión para transformarlo en la imposición de sus órdenes. Y para ello usan todas las técnicas de confusión y desestabilización posibles, tratando de dividir al resto, de usar la violencia sin el mínimo escrúpulo y, finalmente, hacer que sus adeptos justifiquen hasta lo injustificable.

Las democracias europeas pueden ser flexibles, incluso a veces parecer débiles, pero no son estúpidas. Aunque haya ideologías bien asentadas, como la socialdemocracia, la democracia cristiana o el marxismo, que han apartado cualquier fanatismo interior en aras de la concordia, esto no ha impedido la actuación de los más radicales. Y hoy vemos como, ante ataques al sistema democrático venezolano, algunos tratan de evitar esa vergonzosa situación comparándola con la condena a una tuitera. Recuerda este argumento al del pobre ignorante que, al ver que con un dedo podía tapar el sol, postulaba entonces que el sol y su dedo eran del mismo tamaño. Pero para alguien que ha sido profesor universitario, cualquier comparación con la anulación de la Asamblea Nacional de Venezuela y el cierre de su Parlamento, es ridícula. Sobre todo si después pretende defender la democracia desde el Congreso de los Diputados.

Por tanto ha llegado el momento de exclamar, al igual que se hizo contra el terrorismo en el pasado, que los totalitarios no se deben adueñar de las naciones. Si un día el grito de "Vascos sí, ETA no" llegó a todos los corazones, hoy "Venezolanos sí, Maduro no" llegará a todos los rincones.

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