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Lambrusco: el vino superventas

  • Algunos dicen que se trata de un vino para quienes no les gusta el vino

  • Lo cierto es que hay gran variedad de calidades dentro del famoso caldo italiano

Existen lambruscos de calidad, pero apenas llegan a España. Existen lambruscos de calidad, pero apenas llegan a España.

Existen lambruscos de calidad, pero apenas llegan a España. / m. G.

La escena se repite cada noche de fin de semana en miles de restaurantes españoles: un grupo de amigos o amigas, o parejas enamoradas, charlan, miran sus móviles y ríen de sus cosas frente a platos de pizza, pasta, sandwiches, sushi o cualquier otra comida sin pretensiones. En las copas, un vino de color rubí, espumoso, seguramente no muy caro a pesar del margen lógico que le aplicará el restaurante. Las noches de cena con amigos o con la pareja discurren para muchos jóvenes entre copas de lambrusco, el vino italiano que les encanta. No hay otro vino con mayor predicamento entre los veinteañeros, que por lo demás son parcos consumidores de vino. ¿Por qué les gusta tanto?

Pues porque la gente no pasa de tomar cola a beber un tinto serio. Cuando somos jóvenes nos gustan los refrescos con sabor a fruta y con burbujas. Por eso es normal que muchos empiecen con este tipo de vinos. Son afrutados, amables, dulces y burbujeantes. Y también baratos. El lambrusco es un superventas no sólo en España, sino en muchos otros países, a los que envía desde su región original de Emilia-Romagna, en el norte de Italia, buena parte de su producción de 35 millones de botellas al año. Como decía, es fácil de beber, barato y tiene un espectro de sabores que no distorsionan en las costumbres posadolescentes, paladares hechos a las bebidas gaseosas y dulzonas.

Sin embargo, también es una evidencia que el lambrusco goza de muy mala fama entre los aficionados al vino y entre la crítica profesional o amateur en general. Algunos dicen que es un vino para quienes no les gusta el vino (mismo segmento en el que se podrían encuadrar a los amantes de la sangría, el tinto de verano o el vino con gaseosa). Otros desconfían de su bajo precio, en ocasiones tan bajo que ronda los dos euros en supermercado. Y algunos dudan también de su procedencia, porque se han dado casos de rosados elaborados en España que se venden con gas añadido y etiquetas en italiano para que parezcan lo que no son. Comentarios despectivos se encuentran en cualquier foro de aficionados al vino en internet.

En Italia sí hay lambruscos de calidad, pero muy pocos de ellos llegan a España, y mucho menos a esos precios imbatibles en el lineal del supermercado o en la carta de una pizzería. El lambrusco en Italia no es tan dulce como el que exportan. Se consume más como vino tinto y es más amargo. Pero esos lambruscos de calidad no están disponibles apenas en España.

En aquellos, en los de alta calidad, se pueden apreciar incluso las diferencias locales. Es decir, no es un vino uniforme como lo que en España se entiende como lambrusco. De hecho, los tipos de lambrusco se diferencian tanto por la zona de producción como por la variedad de uva empleada en su elaboración. En la zona de Módena -territorio "histórico" del tinto de aguja- se producen el lambrusco di Sorbara, el lambrusco Salamino di Santa Croce (la variedad que más se cultiva) y el lambrusco Grasparossa di Castelvetro. En la provincia de Reggio Emilia se obtiene la DOC del Reggiano lambrusco; y en la de Mántua la del lambrusco Mantovano, con las subzonas Viadanese-Sabbionetano y Oltrepo Mantovano, entre otras.

Existen muchas teorías sobre el origen del nombre lambrusco. Unas son resultado de varios estudios etimológicos y otras, por el contrario, tienen su origen en creencias populares. La de mayor credibilidad se asienta en el nombre lambrusca vitis con el que los romanos llamaban a las viñas silvestres que crecían en las laderas (labrum) de las tierras labradas (bruscum). Otras interpretaciones ligan el nombre de lambrusco a las palabras latinas labens (pendiente) y bruscum (aunque esta relación etimológica no es muy convincente), refiriéndose a viñas que, en efecto, son plantas inclinadas y suspendidas. Dicho esto, existe una antigua y sugerente leyenda que cuenta que esta variedad llegó a la Pianura (o llanura) Padana después de que el río Secchia se desbordara provocando enormes inundaciones, lo que se tradujo en un periodo particularmente catastrófico para la agricultura, recordado más tarde como l'an brusc: "el año difícil".

El profeta Isaías fue el primero que, en la Biblia, nombró la variedad de uva lambrusca, pero sin hablar del vino. En la Era Clásica, el poeta Virgilio escribió sobre las vides de la variedad lambrusca que se cultivaban sobre las tierras de las cuevas de Mantova y de sus generosos racimos.

La producción de vino a partir de viñas silvestres se convirtió en una práctica común durante el periodo medieval, y fue precisamente en esta época cuando se añadió la "m" a la palabra "labrusca". Los conocimientos sobre las técnicas para el cultivo de la viña se extendieron gradualmente entre la población. En los siglos posteriores, la región de Emilia-Romagna se convirtió en una importante zona de producción vinícola. El siglo XVIII fue determinante para el lambrusco: aparece la botella de vidrio, un continente que, combinado con la utilización de un tapón de corcho, hace posible que se pueda mantener en su interior la presión ejercida por el anhídrido carbónico producido por la fermentación natural de los azúcares de la uva en la botella. Gracias a esta "nueva tecnología", la fama y la calidad del lambrusco aumentaron considerablemente. Pero durante el siglo XIX, debido a una epidemia parasitaria, casi destruyó el viñedo de la zona. En las décadas de los 50 y 60 del pasado siglo, el lambrusco vuelve a tener fama y reconocimiento. Durante ese periodo, el bienestar económico y social que vive Italia tuvo eco en el resto del mundo, donde se vendían millones de botellas de vino italiano.

Hoy es todo un top ten de las superventas de vino en el mundo. Pero recuerden: hay lambruscos y lambruscos. Y aquí el precio sí es orientador: un buen lambrusco no bajará de 10-12 euros la botella en un lineal de supermercado ni de 15 euros como mínimo en la carta de un restaurante.

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