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el poliedro

tacho Rufino

Es el populismo, estúpido

Quemados tras el curso acelerado que recibimos durante la crisis, la economía no da votos: los da el populismoDe cara al 28-A, la economía es secundaria: el ruido y la estratagema se imponen

De vez en cuando todos somos como niños, y nos seduce soltar una palabrota. Si hay una cita recurrente hasta el empacho y con picardía incluida es la que se atribuye a un asesor de campaña de Bill Clinton dando instrucciones al equipo electoral: "Es la economía, estúpido" fue un mensaje de James Carville que colgaba en las oficinas centrales de aquellas elecciones en las que George Bush padre parecía imbatible. Debe de ser que en este país nadie parece imbatible de cara al 28-A, porque el populismo, la atomización y el pactismo se imponen en la carrera por la Moncloa, y por ese motivo nadie quiere hablar de economía. Según los partidos, lo digan expresa o tácitamente, el mensaje económico no da votos, sino que los quita. Lo nunca visto. ¿Es éste el país de la carnaza (no el único, sin duda)? ¿Transita la política de la economía a la poseconomía, de forma paralela a la que, según dicen muchos, la verdad ha mutado en posverdad, o sea, en verdad falsa cual Judas de plástico, pero utilitarista para fines mediáticos y, a la postre, de manipulación para el poder? Es claro que si hay alguien a quien interesa la confusión política es al verdadero poder, que prefiere el silencio a la noticia. Esto recuerda la respuesta de Curro Romero sobre qué público le gustaba más, si el de Sevilla, Madrid o Ronda: "El del tenis, que es muy silencioso".

Lo cierto es que prácticamente ningún líder o vocero habla mucho ahora en las ruedas de prensa o desde las tarimas de subidas o bajadas de impuestos, recortes o ajustes presupuestarios. Es cierto que el presidente Sánchez dio fuerte con mensajes económicos para vender a sus socios potenciales -que bien pudieran ser los mismos tras las elecciones por venir- sus Presupuestos Generales, que finalmente fueron abortados. Esos mensajes eran un collage de guiños y no poca pólvora del rey en forma de promesas sociales y socialistas, y no iban dirigidos sino a un grupo también poliédrico: Podemos, independentistas vascos y catalanes, otros menores. Mensajes-anzuelo aparte -que sirvieron para poco-, si algo quedó de aquel intercambio de estampitas fueron 18.000 millones extra para Cataluña. A la buchaca, término al parecer catalán, como lo es guardiola (que significa hucha). Esto si es economía, y bastante estúpida, a tenor de los resultados: el escorpión independentista, con Torra de exponente paradigmático, no entiende de intercambios con la ranita buena que le cruza el río: la aguijoneará antes o después.

Hablemos de Vox puntualmente: la fuerza emergente del panorama político no tiene ninguna intención económica, y sólo emite bombazos, aunque sean sandeces de manual, como lo de legalizar las pistolas privadas. España es uno de los países más seguros de la Tierra, ¿para qué las pistolas? ¿No es muy insensato? Bien puede estar ahí la clave: hemos perdido la sensatez, y diríase que la perdimos en el oscuro portal de la gran crisis, con el bombardeo de mensajes sobre recortes, ajustes, desaceleración, recesión técnica, déficit vs deuda, bonos basura, prima de riesgo, no digamos tasa de paro. Tras un curso acelerado y apocalíptico de economía, durante seis o siete años, recibido por un pueblo con poca cultura económica y financiera, quedamos ahítos en la orilla, engollipados, medio ahogados por el atracón. Traumados. Vacunados, indiferentes. Los responsables de campaña están dos tramos por encima de los responsables económicos de campaña. Ni siquiera en el ya algo estomagante asunto catalán -independentismo de la mitad de la población de una región rica de España, si me permiten la simplificación- se habla del origen del conflicto: la economía. Quién quiere economía habiendo pistolas en la mesilla. Algunos aplauden hasta con las orejas desde sus centros de poder.

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