La farola

Tívoli World: décadas de recuerdos y dos veranos de orfandad

La entrada al Tívoli World de Benalmádena en los primeros años del siglo XXI.

La entrada al Tívoli World de Benalmádena en los primeros años del siglo XXI. / Sergio Camacho

El verano es una época especial también para los recuerdos. Excursiones, días de piscina o playa, amistades, conciertos, noches en la calle o una jornada en el Tívoli. La Costa del Sol vive una vuelta a la normalidad turística sin uno de sus puntos más señeros: el primer parque de atracciones construido en España, con miles de actuaciones en casi 50 años de historia, millones de visitas y buenos ratos, sigue cerrado por segundo verano consecutivo. El panorama legal que mantiene a los trabadores en una gran incertidumbre no acaba de aclararse y en las proximidades del recinto de atracciones aún se pueden encontrar grupos de personas que acuden a él pensando que sigue abierto. Después de décadas generando recuerdos, la costa malagueña vive su segundo verano de orfandad.

Inaugurado en la primavera de 1972, con el reclamo de un popularísimo Julio Iglesias en su auditorio, un duro (cinco pesetas) como precio de la entrada y grandes jardines con fuentes y reminiscencias de lugares exóticos, el parque de atracciones se convirtió pronto en un foco de atracción turística en el que el público nacional se hizo tan habitual o más como el extranjero. Por sus instalaciones para los espectáculos pasaron grandes artistas del momento en cada década de Gila a Los Morancos, de Isabel Pantoja a los Mojinos Escozíos pasando por Esteso y Pajares, María Dolores Pradera, Serrat, Camilo Sexto, Alaska, Lola Flores, Miguel Ríos, Alejandro Sanz, Sergio Dalma o Rocío Jurado. En función de la época, las actuaciones en el Tívoli eran únicas en la Costa del Sol o apostaban por jóvenes valores que acabaron convirtiéndose en artistas de mucho éxito. Los álbumes de recuerdos familiares cuentan con instantáneas de los propios espectáculos o de los momentos en los que algunos de esos artistas también visitaron el parque para disfrutar de él. Los veranos de conciertos en el Tívoli tuvieron épocas doradas que el siglo XXI ha ido aplacando ante las nuevas formas de consumir música en granes auditorios.

El Pasaje del Terror y miles de infancias

Pasado el ecuador de los años 90, el Tívoli inauguró una de sus atracciones más señeras: El Pasaje del Terror. Espectacular en la época fue un antes y un después en el parque y una de las atracciones más reclamadas del parque. Protagonizó millones de sustos e historias y creó tendencia entre la oferta de ocio andaluza. Todo un boom que se extendió entre los visitantes extranjeros, pero también entre los habitantes de la provincia hasta hacerse más clásico que el barco fantasma, otra atracción que todo el mundo probó. La montaña rusa, los espectáculos inspirados en el antiguo Oeste norteamericano, las diversas renovaciones de espacios y atracciones o los pavos reales que campaban a sus anchas en determinada zona del parque son sólo algunos detalles de la vida del parque de atracciones de la Costa del Sol.

El Tívoli se instauró en la cultura popular malagueña, especialmente en la de su costa Oeste y forma parte de la infancia de miles de personas que cumplían visita al parque de atracciones que consiguió un buen ambiente familiar casi desde el principio. Una visita obligada para muchos turistas aficionados a los parques de atracciones pero también para los lugareños que recibían visitas familiares de fuera de la línea costera o, simplemente, quedaban para pasar una buena jornada en familia o con amigos. Por supuesto, también se convirtió en un lugar ideal para los planes de pareja, sobre todo en determinados rangos de edad. Por todos los recuerdos buenos que generó, el Tívoli ha dejado un pequeño sentimiento de orfandad con su cierre que se extiende por segundo verano consecutivo.

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