Francisco Sarabia, decano del Colegio de Arquitectos de Málaga “Dar respuesta al río será un revulsivo tan grande para Málaga como cuando se abrió la calle Larios”

  • Afronta su nuevo mandato con el objetivo de "dignificar la profesión"

  • Dice que el Colegio será "firme" ante las alegaciones al hotel del Puerto, sin cerrar la vía judicial

Francisco Sarabia, decano del Colegio de Arquitectos de Málaga. Francisco Sarabia, decano del Colegio de Arquitectos de Málaga.

Francisco Sarabia, decano del Colegio de Arquitectos de Málaga. / Javier Albiñana

–Usted fue elegido con 120 votos de un total de 263. Y hay colegiados más de 1.200 arquitectos. Son datos que dibujan un colectivo con poca movilización...

–Es un dato que preocupa, pero para ser realistas era lo previsto y lo habitual. Puede ser un poco alarmista si no se compara con datos anteriores. Las elecciones con más participación tuvieron 300 personas. Eso quiere decir que los colegiados participan poco. No solo en las elecciones si no en otras actividades.

–¿Cómo afronta este nuevo mandato?

–Hay una diferencia respecto a la etapa anterior, en la que estábamos consolidando una reestructuración de personal, con un recorte significativo. De tener más de 50 empleados pasamos a 13. Ahora, con la mejora de las condiciones económicas podemos dedicarnos a los aspectos de profesión. Hemos arrancado cosas interesantes, hemos mejorado nuestra presencia en el consejo andaluz. Como decano de Málaga ostentó el cargo de tesorero y las propuestas de la provincia tienen buena acogida.

–¿Y poniendo el foco en lo cercano?

–Respecto a temas más locales tenemos que tratar de recuperar la dignidad perdida. Nuestra profesión ha sido muy maltratada socialmente, ha sido corresponsabilizada junto a la banca de la burbuja inmobiliaria. Recuerdo una intervención del director general de Urbanismo de la Junta en la que decía que un error por parte de un arquitecto puede dar con sus huesos en la cárcel. Conozco pocos arquitectos que se hayan enriquecido por desviar un informe con mala intención.

Sarabia, durante la entrevista. Sarabia, durante la entrevista.

Sarabia, durante la entrevista. / Javier Albiñana

–¿Cree que sigue existente esa idea sobre la profesión?

–Lo ocurrido en la crisis ha dejado un poso, la idea de que el arquitecto es un técnico voluble, sometido a las presiones del capital, del promotor, de los mercados y que se deja influenciar. Opino todo lo contrario. Es un colectivo que ha facilitado el desarrollo de las ciudades en los últimos 20 años. Y eso no se ha tenido en cuenta. Últimamente se considera al arquitecto como el que hace el diseño, como si fuera casi un peaje necesario para obtener los permisos. Pero el arquitecto hace muchas cosas, sostenibilidad, gestión, eficiencia energética.

"La renta media de los arquitectos es muy baja; muchos jóvenes pagarían por tener mil euros"

–En la etapa de crisis eran arquitectos y periodistas los que más parados tenían. ¿Ha mejorado la situación para la profesión?

–Es cierto que está mejorando un poco. Un chaval que se enfrenta a la carrera sabe que no va a ser un profesional liberal, sino que va a incorporarse a núcleos más amplios. Desde ese punto de vista puede ser que la empleabilidad sea algo mayor. Pero aún así la renta media es muy baja. Hace unos años ya considerábamos poco digno un sueldo de mil euros. Muchos arquitectos jóvenes pagarían por tener mil euros.

–Usted ha incidido en más de una ocasión en la necesidad de que el colegio tenga voz en la sociedad. ¿Es otra de las líneas de pensamiento del nuevo mandato?

–Tenemos que anticiparnos. La actualidad va delante de nosotros. En esta estrategia vamos a tener que atacar varios frentes. Todos sabemos que la torre del puerto está ahí, sabemos que se negocia la ampliación del soho y el desarrollo de muelle 4; tenemos la cárcel, La Trinidad, el desarrollo del Centro.

–Desarrolle la idea sobre el Centro.

–Todos conocemos y coincidimos en el diagnóstico. La enfermedad la tenemos localizada. Tenemos sobre explotación turística, incapacidad para sobrepasar las barreras geográficas del río y dar respuesta a esa monopolización de la hostelería. Tenemos los museos y eso hay que reconocerlo, pero hay que buscar alternativa. Eso pasa por saltar las barreras, hay que atacar el río. Si se fuese capaz de darle respuesta al Guadalmedina será un revulsivo tan grande como cuando se abrió calle Larios. No cuando se peatonalizó sino cuando se abrió. Mucha gente puede pensar que el río no molesta y es verdad que cualquier intervención que se haga será traumática, pero será un cambio tan para bien que no debemos demorarlo más. Lo peor sería no hacer nada.

–Habla usted del monocultivo del casco antiguo.

–Hay que poner límites al crecimiento desaforado de franquicias y negocios turísticos, buscar hueco para el residente, cubriendo sus necesidades. Hablo de hacer colegios, guarderías... Buscar una alternativa productiva para evitar que el Centro solo tenga residentes y turistas. Y ahí meto el aspecto cultural. Por que el fin de los museos no es fomentar la cultura; son más bien un imán de atracción del turismo. Tendríamos que fomentar la relación con los jóvenes creadores, con la cultura más local, otro tipo de museos que no sea el de la gran colección que del Picasso o el Pompidou. El auditorio puede ayudar bastante.

–¿Pero con la idea del auditorio de los 100 millones?

–Empezar de cero, como se llegó a decir desde la Junta, sería perder cerca de diez años. Sabemos todos que en esos 100 millones no se incluye solo el auditorio sino todo el ámbito, el aparcamiento... Soy partidario de apostar por la idea que ya está. ¿Qué pretendemos, hacer un pabellón de deportes para dar conciertos? Tampoco se trata de hacer un auditorio de 10 millones. Hay que asumir las decisiones.

"Soy partidario del actual proyecto del Auditorio ¿Qué pretendemos, hacer un pabellón de deportes para dar conciertos?"

–Hablaba también de La Trinidad, que es otra especie de proyecto maldito de la ciudad.

–Hay tantos proyectos malditos porque se usan electoralmente, salen a la superficie cuando hay elecciones... Nosotros participamos en la propuesta que hizo el PSOE antes de las elecciones. Al final acabó siendo lo que era, sacar a la luz un proyecto. Echo en falta que esa participación se haga al inicio de un mandato no a cuatro meses de unas elecciones.

–¿Cómo fue ese proceso?

–Se nos llamó y fuimos y surgió una propuesta, una especie de carta a los Reyes Magos, en el que hubo un regalo para cada uno. Todo el que pidió algo... Somos más partidarios de hacer un estudio en profundidad. Y está claro que lo que se plantee tiene que tener en cuenta el proyecto de la cárcel porque eran proyectos parecidos.

–¿Lo del hotel de puerto hasta qué punto le afectó a usted y a la institución?

–No demasiado. El problema que tienen estas cuestiones es que se polaricen. Nosotros arrancamos en una posición más cercana al no pero no era un no definitivo. Eso se interpretó como que el Colegio estaba en contra. El arquitecto José Seguí se sintió no muy bien tratado. Es muy profesional, muy dedicado a su cliente, a la empresa. Y en esa línea mueve sus peones, sus discursos.

–El Colegio de Arquitectos presentó alegaciones a la modificación del planeamiento. De momento se sigue a la espera de contestación.

–Ya le advertí al gerente de Urbanismo que en este tema va a encontrar una firme oposición por parte del Colegio. Igual que con la declaración ambiental no fuimos al contencioso, en cuanto a las alegaciones a la modificación del planeamiento no podemos tolerar que se tramite un documento sin un mínimo de rigor técnico.

–¿A qué se refiere?

–Una de nuestras alegaciones se basa en la idea de que el documento presentado por el Puerto no está suscrito por nadie, tiene una falta de rigor técnico abrumadora, no justifica nada, no hay coherencia en los números. Hay un interés por enturbiar la situación, embarrar el campo. Parece que interesaba que pasase desapercibido que se aumenta en 40.000 metros la edificabilidad de esa zona. Nosotros necesitamos que la parte técnica sea coherente para no oponernos. Son defectos de forma y eso cualquier tribunal lo entiende más fácilmente que la discrecionalidad de si la visual queda afectada o no.

"La modificación del hotel del puerto tiene una falta de rigor técnico abrumadora, no justifica nada, no hay coherencia en los números"

–¿Cuando dice que entrarán a fondo quiere decir que la vía judicial está abierta?

–Ante un documento tan débil no tenemos más remedio que intentar defender la posición de un arquitecto al frente de aspectos como éste. Me sorprendió es que los técnicos de la gerencia no se hubiesen opuesto a ese documento. A lo mejor de lo que se trata es de adecuar el documento y dar cobertura a las alegaciones formuladas.

–En los últimos años han mantenido varios puntos de discrepancia con el Ayuntamiento. Recientemente denunciaban los ritmos de Urbanismo para conceder las licencias.

–He tenido de conversar algo con el nuevo concejal y queremos establecer una línea de colaboración. El que tengamos discrepancias no significa que no tengamos coincidencias. Teníamos quejas sobre el resultado de los trámites, que alargan hasta más de un año la concesión de una licencia. Lo que le trasladamos es que tienen que hacer un análisis y establecer medidas para corregirlo. Hace algunos meses firmamos un convenio con el Ayuntamiento de Marbella, en la línea de que el Colegio pueda participar en la elaboración de los informes técnicos que son preceptivos. Ese convenio se le ofreció al Ayuntamiento de Málaga y lo está estudiando. El inconveniente es que tecnológicamente Málaga está muy atrasada a nivel de equipos.

–Los últimos informes sobre visado de viviendas incluyen declaraciones suyas advirtiendo de la escasa apuesta de las administraciones por la VPO.

–Hay que poner en valor el grave problema que tenemos con la vivienda. Hay multitud de jóvenes que había basado su vida en un alquiler pero que se está encontrando con que no hay vivienda. Tiene que haber algún incentivo para que las empresas privadas construyan este tipo de vivienda. La vivienda social está atendida, pero un empleado normal, alguien con un sueldo medio no puede vivir de alquiler y no puede comprar.

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