La Universidad fija como objetivo aprobar al 70% de los alumnos

El 30% de la financiación de los departamentos queda condicionada a alcanzar determinadas tasas de éxito académico La perplejidad se adueña del cuerpo docente

Estudiantes en un aula de la universidad.
Estudiantes en un aula de la universidad.
Encarna Maldonado Málaga

17 de mayo 2013 - 01:00

La Universidad de Málaga quiere que el 70% de los alumnos que se someten a un examen aprueben. Es más, el objetivo es que superen la materia el 65% de los estudiantes matriculados. La fórmula para conseguir este objetivo a medio plazo pasa por condicionar el 30% de la financiación de los departamentos a las notas académicas. "Aprobar al 70% de los alumnos no es un problema mientras no estudien Medicina", apunta con retranca José Luis Torres, director del Departamento de Teoría e Historia Económica. "¿Para qué estamos aquí si los criterios para aprobar los pone la Junta de Andalucía?", se pregunta en alusión a un modelo que es la proyección del que aplica la Consejería de Empresa, Innovación y Ciencia a las universidades.

Todos los directores de los departamentos sin excepción ven adecuado que se evalúe el trabajo que realizan, los objetivos que alcanzan y someterse a un sistema de rendición de cuentas. El problema está en "la letra pequeña", como apunta Diego Vera, director del Departamento de Derecho Público. Las áreas no ven mal que se firmen contratos programa con el Vicerrectorado de Coordinación Universitaria en los que se vincula la financiación que reciben a los resultados que obtienen.

La propuesta de la UMA contiene 20 puntos con una serie de indicadores a conseguir y los departamentos pueden elegir 10 (cinco sobre docencia, cuatro sobre investigación y uno sobre innovación). No obstante, es obligatorio que tres estén relacionados con los resultados académicos y ahí es donde está el lío, porque los departamentos se juegan el 30% de su presupuesto si no logran superar cada año en un 5% el número de aprobados frente a matriculados, hasta alcanzar el 65% y conseguir que la cifra de alumnos que superan los exámenes crezca otro 3%, con el fin de llegar al 70%.

"Es lisa y llanamente ampliar la Logse a la universidad", apostilla José Luis Torres y Francisco Durán, subdirector de calidad del Departamento de Lenguajes y Ciencias de la Computación, agrega que esos objetivos son "un despropósito. No se pueden plantear indicadores sin dotarnos de las herramientas". Durán, además, plantea otras perspectivas: su departamento obtuvo el año pasado tasas de éxito del 76,78% (frente al 70% exigido) y, sin embargo, el rendimiento (aprobados sobre matriculados) se quedó en el 50,58%. Es más, el rendimiento en las asignaturas de primer curso apenas si alcanzó el 20% y, sin embargo, en los últimos cursos se disparó hasta el 80%.

¿Qué sucede? Casi todos los consultados coinciden en el mismo punto: los estudiantes llegan del Bachillerato con un nivel muy bajo y la Selectividad no selecciona nada. "Alguien debería mirar en algún momento la relación entre la formación previa de los alumnos y las posibilidades de superar una asignatura", propone Francisco Durán.

"Hay que tener en cuenta la diversidad", corrobora María Dolores García, directora del Departamento de Estadística y Econometría 15. Recuerda que este equipo imparte clases tanto en la Facultad de Económicas como en la de Comercio y que los resultados en la primera son significativamente mejores que en la segunda. Por tanto, desde su punto de vista es imprescindible "fijar los objetivos por áreas".

"Si tienes alumnos con buenos expedientes conseguir que el 70% apruebe está chupado, pero si llegan con carencias la tasa se resiente", subraya Francisco Javier Cañete, director del Departamento de Ingeniería de las Comunicaciones. Él no cree que fijar estos objetivos académicos sea una barbaridad porque "hablamos de porcentajes por curso y en un curso hay hasta tres convocatorias de examen. Significa un 20% de aprobados por examen y eso no es pasar la mano. En realidad no suspendemos tanto y eso que estamos en la Escuela de Telecomunicaciones", remata.

Desde su punto de vista, la bajada de nivel académico es un proceso más amplio que comenzó hace una década, a medida que la universidad empezó a recibir alumnos con un expediente más discreto. "Te vas adaptando", dice, porque "no es lo mismo cuando entraban estudiantes con una nota media de 8,5 que ahora que llegan con un 5".

Juan Ignacio Peinado, director del Departamento de Derecho Privado, agrega a título particular otro punto de vista en la misma dirección: los resultados sólo se evalúan de forma global. Es decir, no entran en determinar por qué la tasa de éxito de un mismo grupo de estudiantes puede ser del 71% en determinadas asignaturas de una titulación pero en otra materia sólo alcanza el 35%. "Obviamente ahí habría una disfunción porque la materia prima (los alumnos) son los mismos, pero el contrato sólo dice que se mejore respecto a los datos anteriores".

Peinado va más allá y subraya la escasa lógica de un sistema que pretende evaluar la eficacia en la educación pero "quien realiza la formación y quien mide el éxito" es la misma persona. "Se dice al profesor que si quiere financiación debe procurar que aprueben todos", resalta. Por eso se teme que se acabe convirtiendo en un modelo de selección adversa (George Akerlof y The market for lemons) de modo que "quienes opten por mejorar la calidad de la enseñanza serán desplazados por los que opten simplemente por aprobar más".

José Becerra Ratia, director del Departamento de Biología Celular, Genética y Fisiología, reconoce que el procedimiento puede "inducir a pensar que debemos aprobar a más alumnos y no sé si es eso lo que se debe pedir a la universidad". No obstante, también admite la "complejidad de poner en marcha un sistema para medir unidades tan heterogéneas", por eso contemporiza y confía en que gran parte de los fallos se puedan corregir durante el primer año de rodaje. "Seguro que se modificará y mejorará con el paso del tiempo", eso sí, siempre y cuando quede claro "si lo que pretende es mejorar la enseñanza universitaria o si esta es sólo una razón para quitar presupuesto".

Diego Vera, desde el Departamento de Derecho Público, también es de los que cree que el rodaje enriquecerá un sistema que no tiene por qué reducir la calidad de la enseñanza universitaria. "El profesorado se queja mucho, pero es disciplinado", dice coincidiendo con el punto de vista de Alfonso García Cerezo, del Departamento de Ingeniería de Sistemas y automáticas: "El primer año debería ser una toma de contacto" que sirva para extraer conclusiones de un sistema que contiene indicadores que "no siempre son directamente trasladables a los departamentos". Al tiempo que María Dolores García, desde el Departamento de Econometría agrega que el profesorado no está dispuesto a bajar el nivel. "Es una cuestión de ética y si no cumplimos los objetivos perderemos la financiación".

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