Málaga

Un espacio para crecer en comunidad

  • En 1968 se inauguró el colegio Los Olivos en el Atabal

  • San Agustín se había quedado pequeño y se buscó una nueva sede para expandirse en libertad y formar a más de 16.000 malagueños

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Un espacio para crecer encomunidad

Sus ojos claros miraron la inmensidad de los campos de deporte con emoción. También con algo de miedo. Contemplaba un escenario nuevo y mil veces mayor que su recogida escuela infantil. Su chapa en la camiseta y su corta estatura dejaban claro que era novato, que ese sería el primer día de muchos en subir el paseo de las palmeras del colegio Los Olivos. No derramó ni una lágrima. Al llegar a clase se hizo con ella como si siempre le hubiera estado esperando. Muy pronto abrazó ese sentido de pertenencia al grupo que compartieron muchos otros antes y después. En medio siglo de vida más de 16.000 alumnos se han formado en este centro malagueño que se inauguró el 7 de octubre de 1968, cuando el colegio San Agustín se quedó pequeño y el consejo de la Provincia Agustiniana Matritense del Sagrado Corazón de Jesús decidió ubicar la nueva sede en los terrenos de El Atabal.

En mitad del campo, entre olivos y matorral, nació un colegio de grandes dimensiones, con servicios que aún otros no tenían, con una fuerte impronta deportiva y un nivel de exigencia académica que le brindó una fama que aún perdura. En estos días la comunidad educativa celebra el camino recorrido hasta ahora y, sobre todo, el que se abre ante ella con el reto constante de la innovación educativa. "Para nosotros es un doble aniversario puesto que también se celebra el centenario del colegio San Agustín, que se abrió en 1918", comenta María Victoria Berlanga, directora técnica del colegio Los Olivos desde hace 5 años y profesora de Lengua y Literatura desde hace 26. Fue en sus comienzos un colegio masculino y privado en el que se preparó a los niños desde párvulos hasta el acceso a la universidad. En 1968 iniciaron las clases 942 alumnos. Hoy en el centro estudian unos 1.600. En el curso 1974-1975 empezó el COU mixto. Llegaron las alumnas aunque en franca minoría, solo seis mujeres figuraban en la lista. En la actualidad, el panorama es totalmente igualitario. Entre 1982 y 1986 se fueron concertando los distintos niveles educativos y hoy tan sólo Bachillerato permanece sin concertar con la Junta de Andalucía. Esto provocó que el perfil del alumnado también cambiase.

A finales de los 60 había más de una decena de rutas de autobús para traer hasta la zona, relativamente alejada, a escolares de una punta a otra de la ciudad. También de la costa. Con la expansión de Teatinos, son los estudiantes del área de influencia los que entran en el centro. "El colegio se sigue llenando con los alumnos de la zona, que sigue estando en crecimiento, tenemos mucha demanda, todos los años hay listas de no admitidos en todos los cursos", explica la directora y resume algunas claves del éxito. "Los padres siempre han buscado la excelencia académica, la fama de estos colegios es el nivel de exigencia y preparación con el que luego accedían a la antigua Selectividad, también el rigor en la manera de trabajar, el orgullo sobre el trabajo bien hecho", argumenta Berlanga.

Las instalaciones y la gran oferta deportiva fue, igualmente, un acicate para muchos. En sus inicios, Los Olivos fue potencia de hockey. El seleccionador nacional que llevó a España a ganar el oro en las Olimpiadas de 1992, Antonio Guerra, entrenaba allí. "También es muy especial su ubicación, estamos en medio del campo, al aire libre continuamente, existe una amplitud que valoran las familias, igual que lo variada de la oferta de actividades extraescolares", desgrana la directora sin dejar de destacar, por encima de todo, la pedagogía agustiniana, la educación en valores. "El carácter propio agustiniano imprime un sello, una manera de ser en la que los propios alumnos se reconocen, hay una impronta especial", estima la directora técnica.

Lucas Ruiz, administrador del colegio y profesor de Economía, Informática y Cultura Emprendedora, fue antiguo alumno y asegura que sus padres buscaron la educación aperturista que ofrecían los agustinos. "Se caracterizaban, incluso, por recibir a gente de otras confesiones", apunta y recuerda cómo en su época tenían una piscina que era casi "como una alberca grande" y que donde ahora existen gimnasios, un pabellón deportivo y pistas de pádel antes estaba "la selva". "Era una zona de olivos y matorral donde te podías perder y jugar lo que quisieras. Ahora todos los colegios tienen vallas pero entonces no había, de hecho, me iba con mis compañeros al monte a coger fósiles a la hora de comer y luego volvíamos por la tarde a las clases, eso hoy sería impensable", destaca el docente, para el que la complicidad de la plantilla docente es clave. "Somos unos 200 profesionales y la mayoría, por no decir todos, estamos muy a gusto de trabajar aquí".

"Me gustaba antes y me sigue gustando ahora que sea un colegio enormemente tolerante y en el que se respeta la libertad. Yo venía de un colegio de monjas y aún estando encantada con él, al entrar en Los Olivos vi un respeto a la individualidad, un no querer uniformizar a la gente que me atrajo y que creo que seguimos manteniendo", comenta Sandra Prados, profesora de Filosofía y antigua alumna. Para Alberto del Campo, tutor de Primaria, sus recuerdos infantiles pasan por la cercanía que hallaba en el profesorado. "Aunque fueras un travieso, siempre estaban para echarte una mano y eso para mí era muy importante. En mi caso, María Victoria Berlanga, Manuel Devolx y Francisco Baños son referentes, me enseñaron a hacer las cosas y me fijo mucho en ellos ahora que soy profesor", destaca Del Campo. Él siempre tuvo claro que su sitio era éste. "Quería continuar lo que había vivido", dice.

Cincuenta años más tarde, el centro ha crecido, ha cambiado su contexto social y familiar y se ha adaptado a las nuevas necesidades. "Al alumnado de hoy, con esa apertura al mundo y esa cercanía a todo, tienes que enseñarlos de otra manera, no vale solo el libro y la libreta, tienes que mostrarles el mundo", señala Del Campo. María Victoria Berlanga indica que ya han iniciado un proceso de innovación educativa "y creo que en los próximos años tenemos que continuar por ese camino". "Si queremos seguir ofreciendo la excelencia académica nosotros tenemos que afrontar la pedagogía desde otro punto de vista. Y no hablo solo de incorporar las nuevas tecnologías, eso está al orden del día. Hablo de que estos niños aprenden de una forma diferente a la de hace diez años", agrega la directora técnica.

Un acceso rápido y útil al conocimiento es lo que demandan estos alumnos a los que, igual que hace medio siglo, se les intenta sembrar la inquietud por el aprendizaje. Aunque antes fuese a base de lecciones magistrales y ahora con proyectos y trabajo cooperativo. Y en esta realidad la familia tiene un peso igualmente importante. "El nivel de exigencia y sobreprotección son diferentes pero la esencia es la misma, quieren el bien de sus hijos", dice Berlanga y afirma que la colaboración con los padres "es extraordinaria".

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