Resultado y crónica del Racing de Santander-Málaga CF Angustia, decencia, gol (0-1)

  • El Málaga, con gol de Adrián, se estrena con triunfo a pesar de la desconcertante y penosa situación estructural

  • El equipo, muy condicionado por la falta de profesionales, sufrió mucho

Adrián celebra su gol con sus compañeros. Adrián celebra su gol con sus compañeros.

Adrián celebra su gol con sus compañeros. / La Otra Foto (Santander)

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El hambre agudiza el ingenio. Lo que no te dice la sabiduría popular es que también te genera angustia y eso tiene efectos devastadores. Lo evidenció el Málaga en Santander. Sin Okazaki y Cifu, que no pudieron ser inscritos a tiempo, sólo contaba con nueve profesionales. Traerse un punto de El Sardinero, con todos los condicionantes de esta cita, habría tenido un mérito tremendo. Sobre todo desde la decencia profesional de los que saltaron al césped. El resultado, no obstante, no puede ser alfombra bajo la que barrer miserias. Adrián, héroe de nuevo, lo corrobora.

Se las ingenió Víctor para sacar un once medianamente inteligente aprovechando lo poco que tenía a su servicio. Apostó por un sistema con tres centrales, minimizando dentro de lo posible los riesgos tirando de sólo tres canteranos de inicio. Pero a nada que el primer jugador se llevó la mano a una pierna, todos temblaron. Fue Luis Hernández. Le siguieron Lombán, Juankar y Boula se quejaron. Un suplicio todas las veces.

Finalmente Murphy enseñó el diente de oro. A los 23 minutos el defensa madrileño –que había estado todo el verano tocado– se tuvo que retirar del campo y Víctor, otra vez pensando en el reglamento, le sustituyó con Dani Pacheco. Además, lógicamente, cambiando el dibujo.

La angustia se habría evaporado si alguien hubiese hecho bien su maldito trabajo. No en el césped. No en las últimas horas. No esta última semana. No este último mes. De antes, de atrás, de siempre. El Málaga tiene un problema galopante y es que le cuesta rodearse de gestores eficaces, de gente que sirva al bien común y no se sirva a sí mismo.

El Racing no se dejó contagiar, todo lo contrario. Un reestreno en Segunda después de años en galeras te dispara la adrenalina pero también te carga de responsabilidad. No tuvo complejo ni dejó que le brillase el escudo del Málaga en los ojos (el color de la equipación, quizás sí). Hasta acumuló, no muchas, mejores ocasiones.

Lombán tampoco pudo volver de la caseta y llevó al Málaga a una situación límite. Sin margen para perder ningún elemento más bajo ninguna circunstancia. Difícil enmarcar en un género la realidad actual del cuadro blanquiazul, pero lo que se vio en el césped fue esperpéntico. No debe ser fácil estar en el pellejo de esos futbolistas y esos técnicos.

Había pavor a meter la pierna. Lo hizo una vez Boulahroud en la primera mitad sin mucho tiento y se llevó la amarilla. En general es como si hubieran jugado con una bombona en las espaldas. Sólo después de vivir minutos de agobio y desconcierto en la segunda mitad (tiro al palo del Racing y posible penalti incluidos), el Málaga sacó algo de genio y opositó al triunfo. Visto lo visto y dicho con el labio torcido, el empate no era ni malo. Hasta que don Fútbol quitó el pie del cuello de los malaguistas y dejó que Adrián hiciera una vez más lo que mejor sabe, goles.

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