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Primer hurto de la temporada en La Rosaleda

  • El Málaga cosecha la primera derrota del curso en Martiricos tras nueve partidos como local

Renato Santos intenta ganar un duelo frente al nazarí Quini. Renato Santos intenta ganar un duelo frente al nazarí Quini.

Renato Santos intenta ganar un duelo frente al nazarí Quini. / marilú báez

Parecía traumático el aterrizaje e el escalón de plata tras una década en la élite nacional. Un paso atrás donde Juan Ramón Muñiz quiso impregnarle una armadura compacta para afrontar un camino de largo aliento. Presumió de ella el Málaga en el inicio de curso, donde arrancó como un ciclón. Un equipo sólido, con pocas fisuras y con La Rosaleda como un filón.

Los rivales comenzaron a encontrar vías de fuga en los blanquiazules lejos de Martiricos. Una secuencia de encuentros sin victorias que comenzaron como síntoma y andan cerca de ser algo serio. Una dinámica que alcanzó en esta jornada 16 a la casa del malaguismo, asaltada por el Granada, tercer rival de enjundia que la visita.

Los de Muñiz llevaban ocho triunfos seguidos sobre el tapete malagueño, su oasis para ahogar las penas. Se terminó una racha donde el Málaga tuteaba a equipos del potencial del PSG, con un ritmo infernal de alegrías en el Parque de los Príncipes. Un tropiezo que, por lógica, debía llegar con el transcurso liguero, pero que posa incertidumbre en un momento del curso donde se sumaron dos traspiés seguidos. Muñiz insiste en no dramatizar. Ahora está a prueba la fuerza mental del grupo, que vivió más días de vino y rosas que de amargor.

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