Monkey Week

El Monkey Week hace de octubre su agosto

  • l Diario de Cádiz Digital ofrece la otra cara del festival de música independiente, a través de las imágenes captadas desde detrás del escenario por el fotógrafo Javier Pérez Pellicer. En sus galerías aparecen los nervios de las bandas antes de la actuación, su preparación para los conciertos y todo aquello que escapa a la mirada del público del Monkey Week. Calles atestadas y conciertos excelsos de Soledad Vélez, Cassettes, Grises y Ledatres

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A falta de que instituciones oficiales y organización jueguen al despiste con el usual baile de cifras, ya se puede ir subrayando que lo del viernes en El Puerto de Santa María fue un absoluto éxito para el Monkey Week y la propia ciudad.

Miles de personas desplazándose como enjambres inquietos de un escenario a otro, terrazas abarrotadas de gente de toda condición, hosteleros sonrientes haciendo su agosto en pleno mes de octubre, y una ocupación hotelera desproporcionada que va a obligar al actual alcalde de la ciudad a entregarles las llaves de la misma a los señores Guisado y Carreto.

Ya me lo comentaba el jueves el gran coctelero que mece botellas tras la barra de Milord: "Esto es para nosotros mucho más rentable que cualquier semana de agosto. Hay que apoyar a estos chicos porque están haciendo de El Puerto otra cosa".

Además, que el Monasterio de la Victoria haya desaparecido de la ruta del mono ha beneficiado ostensiblemente el desarrollo del festival. Todos los conciertos se desarrollan dentro del casco urbano y no hay ni fugas ni despistes, de tal modo que el viernes todos los bares estaban hasta la bandera de visitantes y portuenses, jóvenes y familias, talluditos desorientados y abuelos rockeros.

Ya a la seis de la tarde había tanta gente como en la pasada edición del evento, y la cosa no había hecho sino arrancar mientras unos amigos me comentaban que la estación de Santa Justa de Sevilla había colgado el cartel de "no hay billetes" a El Puerto.

Ahora bien, que todos los conciertos se desarrollen en apenas un kilómetro de plazas, bares y salas también ha propiciado que algunos no demos abasto. Dios será ubicuo, no lo dudo; pero yo, no.

Así que tuve que elegir, lo que siempre es incómodo, entre nombres rutilantes, promesas y realidades, obligándome a escribir una crónica (ésta que están leyendo) absolutamente parcial de la jornada del viernes.

A las seis de la tarde nos visitó desde Valencia la que, en mi particularísima y subjetivísima opinión, es el auténtico bombazo musical de esta temporada: Soledad Vélez. La terraza del bar Santa María acogió un directo delicioso en el que la chilena deslumbró con una voz, una presencia y unas composiciones que, a día de hoy, están muy por encima de cualquier otra oferta similar (Anni B Sweet o Russian Red, por ejemplo).

Además de ser dulce y honesta, Soledad Vélez posee una voz que modula como un ejército de sentimientos. Créanme cuando escribo que en ocasiones parece poseída por la mismísima Karen Dalton, que cuando quiere es PJ Harvey y cuando no, es, sencillamente, ella misma; ya sea con guitarra, ukelele o acompañada por una guitarra eléctrica.

El grupo portuense Cassettes ('cinta en español', como clamaba el público) tomó el relevo de la chilena sobre una terraza abarrotada donde se sintieron como en casa. El cuarteto de féminas demostró que lo suyo va muy en serio a través de un concierto lleno de matices.

La presunta dulzura de su propuesta se vio violentada por un arranque apasionado que recordaba a los Pixies, hasta que su single El domador puso las cosas en su sitio: mucha energía, una instrumentación impecable y un estribillo pegadizo. Estas chicas tienen mucho que decir.

Mientras la sala Milwaukee albergaba los conciertos de Maga y The Cornelius, la plaza de Alfonso X El Sabio se llevó la mayor parte del público, que hacia las nueve de la noche recibió como agua de mayo el concierto de los vascos Grises, una auténtica fiesta electro-pop que levantó a todos los asistentes y afiló la noche para el inmenso espectáculo de La Suite Bizarre.

A las once de la noche la primera jornada del Monkey enfiló su tramo final haciendo que muchos no supiésemos dónde meternos. Poder disfrutar a la misma hora de las cándidas y psicodélicas Prin' Lalá (que finalmente suspendieron su concierto), los geniales Hola A Todo El Mundo y la música al límite de Chiqui Fly Travel Nirvana supone una disyuntiva demasiado gruesa para cualquier aficionado a la música.

Yo, como soy de piernas largas, opté por recorrer la distancia que separa el Mondongo del Mucho Teatro a una velocidad de vértigo, pillando lo que podía del concierto del portuense y los madrileños.

Ahora bien, si la psicodelia andalusí de Chiqui Fly congregó a poco público (por razones obvias: su música no es para todos), cuando intenté penetrar en la sala Mucho Teatro tuve que rendirme a una evidencia: los cuerpos sólidos no son penetrables (o no lo son habitualmente).

Entre el escenario y la entrada a la sala había crecido una auténtica muralla humana, sin una sola fisura. Un bloque de pulmones, alaridos y bailoteos que me desalentaron y me obligaron a permanecer bien lejos de la banda neo-folk, dejándome con las ganas de "ver" uno de los grandes momentos de la noche.

Jane Joyd fascinó con su voz, Xöel López demostró que tampoco se encuentra tan lejos de Deluxe, y Ledatres ofreció (con permiso de Soledad Vélez) el mejor concierto de la noche (otra vez a pesar del sonido, todo hay que decirlo).

Perico, Patricio, Esteban y Jesús realizaron una actuación sin concesiones. Tomaron su nuevo disco por las solapas, sin presentaciones ni advertencias, y lo tocaron de principio a fin con una contundencia que asombró a la concurrencia.

El nuevo trabajo de los portuenses es efectivamente una joya, y además funciona a las mil maravillas sobre el escenario.

Deslumbró el tema afro-beat de regusto Barry White Fluxury Hamam, y desconcertó hasta al más listo Kabuki, una extrañísima y preciosa canción en japonés (sí, han leído bien).

Hacia las cuatro, el público desalojó la sala en dos movimientos para guarecerse en el Mondongo y estirar la noche hasta la irrupción de los primeros rayos de sol.

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