Cultura

Música en lugar de lágrimas

  • "Que nadie vaya a llorar el día que yo me muera; es más hermoso cantar, aunque se cante con pena", recitó Alba Molina recordando los versos de su padre.

A Manuel Molina le costaba despedirse. Como amante de la vida, buscador incesante de la belleza y sabedor de la vulnerabilidad del arte, cuando estaba en una reunión agradable se resistía a que la fiesta acabase. Sabía que la vida se contaba por esos buenos momentos y se aferraba a ellos con el mismo amor con que se abrazaba a su guitarra.

Por eso, cuando hace unos meses le diagnosticaron un cáncer decidió que no quería someterse a ningún tratamiento y dejó a sus familiares la orden expresa de que en su ausencia no iba a tolerar llantos ni lamentos en los versos que su propia hija, Alba Molina, recitaba a las puertas del Teatro Romero San Juan de San Juan de Aznalfarache donde estuvo ayer instalada la capilla ardiente del artista: "Que nadie vaya a llorar el dia que yo me muera; es mas hermoso cantar aunque se cante con pena". "Es muy difícil pero no podemos dramatizar. Mi padre quería que esto fuera una fiesta y que no viniéramos de negro. Sobran las palabras... Nos quedan sus canciones y sus recuerdos", añadía Alba, rota de dolor.

En este sentido, la despedida que los suyos dieron al guitarrista y cantaor trianero transcurrió con serenidad, como él mismo transmitió con su cante y su actitud ante la vida. El sufrimiento por su pérdida se disfrazaba de continuas caricias y muestras de cariño entre los presentes y en sonrisas que recordaban algún pasaje vivido junto a él.

"Estamos felices porque sabemos que Manuel se ha ido en paz y ha tenido el privilegio de marcharse como quería", declaraba la que fuera su primera mujer y pareja artística, Lole Montoya, quien quiso dejar patente que todos han luchado por complacerle y compartir sus últimos días entre risas. "Ha sido el amor de mi vida; nos hemos amado siempre desde niños. Nunca lo he dejado de querer", resaltó.

De esta forma, un traje de chaqueta a rayas con clavel en la solapa, algunas instantáneas de su últimas actuaciones en la que de blanco impoluto miraba al cielo, su querida sonanta y múltiples coronas de flores de compañeros como Alejandro Sanz, Antonio Carmona o Triana Pura sirvieron de símbolos para resumir su filosofía de vida. La de alguien "libre, que vivió como quiso y que fue respetado y admirado por todos", apuntaba el cantaor José Valencia.

Prueba de ello es que el teatro fue un constante trajín de amigos, aficionados y compañeros que como Chiquetete, las bailaoras Manuela Carrasco o Carmen Ledesma, los toreros Curro Romero y Fran Rivera, el productor de cine Gervasio Iglesias, los cantaores Juan José Amador y José Valencia o el guitarrista Ricardo Miño, entre otros, coincidieron en destacar su personalidad única, el magnetismo que desprendía, su bondad y la sabiduría de este maestro: el tito Manuel al que todos adoraban.

"Se nos va parte de la inspiración, un poeta y un maestro", resaltaba Juan José Amador, quien añadía que con su música Manuel Molina ha dejado "un campo abierto en el flamenco". "Nos sentimos desubicados. Triana está llorando y el arte está de luto", añadía el rapero Junior que también quiso darle su último adiós.

Atendiendo también a su deseo, está previsto que sus cenizas sean repartidas entre el Guadalquivir, en su parte trianera, y Algeciras, de donde era su padre.

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