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Literatura | Rafael Pérez Estrada La capital de la imaginación

  • La Fundación Rafael Pérez Estrada lanza el segundo volumen de la ‘Obra reunida’ del autor malagueño, con la poesía que alumbró entre 1985 y 2000

El escritor malagueño Rafael Pérez Estrada (1934-2000). El escritor malagueño Rafael Pérez Estrada (1934-2000).

El escritor malagueño Rafael Pérez Estrada (1934-2000). / M. H.

Que la figura de Rafael Pérez Estrada (1934 - 2000) no llegara a trascender como debía en el estrecho canon de la literatura española del siglo XX tiene que ver, en parte, con el escaso interés que el autor malagueño mostró por la posibilidad de publicar su obra en las primeras editoriales del país: a menudo, más preocupado por la calidad artística de las ediciones, habitualmente sazonadas con sus hipnóticos dibujos, se conformó con ver sus libros impresos en sellos pequeños o directamente autoeditados. Sólo en sus últimos años, o ya con carácter póstumo, gracias al empeño de mediadores como José Ángel Cilleruelo y Juan Carlos Mestre, vieron la luz algunos títulos en firmas de mayor alcance. Cabe señalar, sin embargo, que la adscripción decisiva de Pérez Estrada a la imaginación como territorio escogido para el cultivo de su obra, en virtud del lazo umbilical que siempre le mantuvo unido con Gómez de la Serna y de la estirpe borgeana de su pensamiento, chocó de manera frontal con la entrega sin reservas del paisaje literario español al realismo social como fórmula exclusiva: fuera de este precepto, la atención crítica y el reconocimiento general quedaban convenientemente vetados.

Lo curioso es considerar que ahora, veinte años después de la muerte del escritor, ese mismo precepto ha quedado puesto en entredicho y sometido a cuarentena por una generación posterior de autores que ya decidieron, en su momento, desprenderse del rígido corsé del realismo para resituar de nuevo el lenguaje y la poesía (entiéndase: lo poético) en el centro del debate. Y es aquí donde nuestro Rafael Pérez Estrada presenta argumentos suficientes para su coronación como inspirador, instigador y maestro de todos estos poetas, narradores y dramaturgos que acuden al legado que dejaron sus abuelos en aquel batiburrillo de registros que pasó a denominarse vanguardias en lugar del realismo fundamental de sus padres. Por eso, la reedición de aquella obra de Pérez Estrada que en gran parte ha quedado fuera de circulación se presenta en este siglo como una cuestión urgente y necesaria. Resultaba lógico que fuese la misma Fundación Rafael Pérez Estrada la que tirara del carro, y por eso la institución auspicia ahora la aparición del volumen Poesía (1985-2000), constituyente de la segunda entrega de la Obra reunida del autor, que publica la editorial Renacimiento y que tendrá su presentación el próximo 4 de marzo en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga.

La poesía es aquí una materia fronteriza propia de quien renegó de los géneros tradicionales

El proyecto de la Obra reunida de Rafael Pérez Estrada se concreta en tres volúmenes: el primero recoge la poesía y la narrativa del autor anteriores a 1985, además del teatro completo, con edición al cargo del citado José Ángel Cilleruelo; el segundo abarca la poesía aparecida entre 1985 y 2000, con edición de Francisco Ruiz Noguera; y el tercero, la narrativa correspondiente al mismo periodo con edición de Jesús Aguado. El volumen que pone ahora en circulación la Fundación Rafael Pérez Estrada es el segundo, que abarca desde el Libro de horas de 1985 (compuesto en su mayor parte por aforismos) hasta el crepuscular Testamento de 2000, y que incluye títulos decisivos como el Libro de los espejos y las sombras (1988), Bestiario de Livermoore (1989), Tratado de las nubes (1990), Los oficios del sueño (1992), El domador (1995) y El levitador y su vértigo (1999).

Francisco Ruiz Noguera, responsable de la edición. Francisco Ruiz Noguera, responsable de la edición.

Francisco Ruiz Noguera, responsable de la edición. / Javier Albiñana (Málaga)

Eso sí, cabe subrayar que la obra aquí reunida puede no corresponderse con lo que el lector común pueda entender por poesía, ya que, de entrada, y salvo honrosas excepciones, el verso brilla por su ausencia. Tal y como explica Ruiz Noguera en la ilustrativa introducción, “debe tenerse en cuenta la posición crítica que con respecto a la tradicional división de los géneros literarios –y, sobre todo, su manifestación textual externa: versal o prosística– tuvo el autor desde sus comienzos. La mayoría de los textos recogidos en este segundo volumen se corresponden con lo que formalmente llamamos poemas en prosa; no obstante, muchos de ellos tampoco son totalmente ajenos a formas narrativas como las de los microrrelatos; es decir, terrenos fronterizos”. A la hora de dirimir qué resulta oportuno abrigar bajo el paraguas de la Poesía, Ruiz Noguera ha seguido principalmente el criterio que dejó establecido el mismo Pérez Estrada en la edición del volumen Libro de los Reyes (y obra poética anterior 1985-1989) para el sello Anthopos. Precisamente, esta condición fronteriza y mestiza, la resistencia a la identificación con los géneros artificialmente impuestos desde el escrúpulo ilustrado y la consagración de la escritura como ejercicio libre de categorías y amarres convierten a Rafael Pérez Estrada en todo un pionero, por derecho, de la creación literaria contemporánea. Buena parte de los signos más reconocibles en la literatura presente, donde la metamorfosis entre poesía y narrativa, así como entre ficción y memoria, por no hablar de los formatos híbridos que incorporan al texto sonido, imagen e hipertexto, constituyen un magma que tiene en Pérez Estrada un antecedente directo. “Nunca escribas estas palabras en una misma línea: tigre y paloma, pues es fácil que la primera devore a la segunda”, escribió Pérez Estrada en Crónica de lluvia (1990). Él sí supo, sin embargo, obrar el milagro.

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