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"Me decepciona lo calladitas que están las mujeres de la RAE; hay mucho que decir"

  • La novelista catalana prolonga su empeño en la visibilidad de la literatura escrita por mujeres en la segunda entrega de sus diarios, el volumen 'Todos llevan máscara' (Errata Naturae)

La autora de 'Todos llevan máscara', en una de sus últimas visitas a Málaga. La autora de 'Todos llevan máscara', en una de sus últimas visitas a Málaga.

La autora de 'Todos llevan máscara', en una de sus últimas visitas a Málaga. / javier albiñana

"Cuando te preguntas qué leen las mujeres, me ha parecido ver una sombra de condescendencia. "¿Leen acaso a Shakespeare" ("No, leen a Corín Tellado", supongo que hay que leer entre líneas). Otra vez estás mezclando la calidad con la temática", le espeta Laura Freixas (Barcelona, 1958) a un amigo por carta. La misiva aparece en el segundo volumen de sus diarios, titulado Todos llevan máscara (Errata Naturae), que la propia autora continúa presentando en toda España. Definida a sí misma como "una escritora ante todo biográfica", Freixas relata con pelos y señales sus inicios en el mundillo literario donde todos -incluida ella- llevan máscara y la mujer ocupa un lugar ínfimo. "Era bastante ingenua y me sorprendían muchas cosas que ahora no, como el machismo", reconoce la divulgadora feminista, que dice que en esa época "vivía las cosas con más intensidad porque la angustia de no saber cuál era mi futuro atizaba todo". Ahora, la autora de Último domingo en Londres sigue guerreando a su manera: publicando libros, dando charlas e impulsando acciones como el Día de las Escritoras.

-¿A qué obstáculos se enfrentan hoy día las escritoras?

-La única diferencia es que ahora hay una conciencia de que esto es un problema. Hace 20 años no se hablaba del tema. Ahora se cuenta cuántas mujeres hay aquí y allá. Hay una conciencia limitada porque es, sobre todo, cuantitativa. El problema no es sólo que haya pocas escritoras. El problema es que la literatura tiene unas tradiciones que privilegian el punto de vista masculino y desdeñan los temas ligados a las experiencias de las mujeres. El techo de cristal existe. Los hombres en esta profesión se premian, se llaman y se publican los unos a los otros, y les cuesta mucho incluir a mujeres.

-Habla de la mala literatura típicamente masculina en su diario. La describe como "emocionalmente fría, interesada sólo en rivalidades y alianzas entre hombres" y donde se ve a "las mujeres como objetos". ¿Está de acuerdo con que se haga una división entre literatura de mujeres y literatura de hombres o prefiere hablar de buena o mala literatura?

-Las experiencias de hombres y de mujeres son muy distintas, y lo seguirán siendo porque, entre otras cosas, nosotras conocemos la experiencia de la maternidad y los hombres no. Esto de alguna manera se va se va a reflejar en la literatura. No es lo mismo insertarse en esa tradición cuando eres mujer que cuando eres hombre. Según esta tradición, los hombres son creativos, interesantes y escriben sobre grandes temas, mientras que a la mujer sólo se la ha valorado como objeto de deseo y no como sujeto creador.

-¿La trampa es creer que a una mujer se la valorará antes por su escritura que por su sexo?

-La trampa es creer que todo lo femenino es de segunda clase. La cultura está empapada de esa idea. La verdadera trampa es identificar la literatura de mujeres con una literatura de segunda y eso es lo que intento rebatir de muchas maneras.

-¿Lo haría sentada en una silla de la Real Academia de la Lengua?

-Sí, claro que lo haría, pero es una batalla muy dura. Me decepciona bastante que las mujeres de la RAE estén tan calladitas porque tienen muchísimo que decir.

-¿Hasta qué punto el lenguaje perpetua el machismo y la discriminación hacia la mujer?

-El lenguaje refleja el machismo y lo perpetua. Le pongo ejemplos. Para decir que una mujer promiscua es despreciable tenemos unas 600 palabras. Hay 600 sinónimos de puta. En cambio para decir que un hombre promiscuo es despreciable no tenemos ni una sola. Palabras como donjuán y mujeriego no son despectivas. El lenguaje, contrariamente a la gente que dice que no es machista o si acaso que el uso que hacemos del lenguaje lo es, es machista. Hay muchísimas palabras que sólo se emplean para mujeres y que son despectivas como pendón, maruja, fulana, marisabidilla.

-¿El diccionario debería revisarse de arriba a abajo?

-Hay que revisarlo para especificar cuando una palabra es sexista o despectiva y crear nuevas palabras. El ejemplo está en machirulo o expresiones como techo de cristal, que antes no existían.

-¿Cómo se manifiesta en el mundo literario esas maneras sibilinas de discriminar a la mujer?

-Los escritores y escritoras cuando nos vemos muchas veces nos regalamos nuestro último libro. Te pasa que un escritor conocido te regala su libro y tú, escritora, le regalas el tuyo y el te dice: "Se lo daré a mi mujer". En general, se transmite la idea que la literatura escrita por mujeres sólo le pueden interesar a mujeres, mientras que la de los hombres interesa a todo el mundo. Cuando leemos una novela de guerra no decimos que es cosa de hombres y que no me interesa. Sin embargo, ellos ven una novela que hable de la maternidad y se espantan. Lo primero que debemos hacer es ser consciente de ello y darnos cuenta de que es absurdo.

-Presidió la asociación Clásicas y Modernas para la igualdad de género en la cultura desde su fundación en 2009 hasta 2017. ¿Qué le pediría a Pedro Sánchez para atajar la invibisilización de la mujer en el ámbito cultural?

-Cambiar los libros de textos y hacerlos más inclusivos, lo cual significa que tengan más rigor científico y que nos oculten la realidad de la mujeres. Que no nos vendan como historia universal la historia de los hombres y como literatura universal la literatura de los hombres.

-¿Qué le anima a escribir?

-Sobre todo el afán de entender. Escribir a mí me sirve para entender. También me anima a escribir pensar que puedo transmitir algo a los que vengan después. Quiero pensar que lo vivido, lo pensado y lo sentido no va a desaparecer como agua que fluye, sino que va a quedar.

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