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David venció a Goliat

Hemos sido testigos de la carrera científica y médica contra reloj más compleja que haya vivido la humanidad

En los años 80 comenzó la investigación de una nueva terapia contra el cáncer realmente estratégica. El virus del herpes simple podía modificar la biología de un tumor cerebral en el que fuera inyectado y transformarlo para, posteriormente, ser tratado con fármacos ya existentes. Es decir, una enfermedad más contagiosa pero leve acababa combatiendo y venciendo a la más letal. Hoy parece que vivimos una evolución parecida y esperanzadora en ese sentido: el coronavirus omicrón está desplazando a la variante delta, pero su mortalidad es mucho menor y su tratamiento bastante más simple.

Los datos con los que hasta ahora hemos contado son claros. Los informes sobre mortalidad diaria del instituto Carlos III reflejan que la cantidad de fallecidos actual se encuentra dentro de los intervalos de confianza medios de los últimos diez años. Por tanto los excesos vividos en las olas pasadas, y que superaron con creces dichos límites, no se están repitiendo ahora. Esto nos indica que tanto las vacunas, como la llegada de variantes menos letales, juegan a nuestro favor, y ha llegado el momento de plantear nuevas estrategias acordes a esta situación.

Al haber nacido omicrón en Sudáfrica, su experiencia en la evolución de la pandemia es trascendental. Y los resultados empiezan a ser concluyentes: su expansión ha sido mucho más rápida que la delta pero, curiosamente, su descenso sigue esa misma y fulgurante caída. Y los efectos han sido también más leves, de ahí que se haya establecido una nueva forma de proceder: los casos asintomáticos seguirán haciendo vida normal y mantendrán las distancias de seguridad y las mascarillas, hasta que se les pase la enfermedad; los que tengan síntomas leves se confinarán 8 días y los que los tengan graves, pero no hospitalarios, 10 días. En conclusión, que se vuelve a una normalidad social en convivencia con un virus que tiene una letalidad semejante a la gripe común.

Por el camino de esta trágica pandemia han sido millones de muertos los que tendremos en nuestros recuerdos, y que son la muestra palpable de la gravedad de lo ocurrido. Pero, por otra parte, los supervivientes debemos reconocer con orgullo que hemos sido testigos de la carrera científica y médica contra reloj más compleja que haya vivido la humanidad en el último siglo. Por tanto, como diría el maestro chino Sun Tzu, "Cuando conoces el cielo y la tierra, la victoria es inagotable".

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