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E L mismo problema, pero siete meses más tarde. Las declaraciones de todos los líderes políticos tras conocer los resultados electorales no anuncian grandes novedades. El desencuentro del PSOE y UP se ha costado un millón de votos. El mismo que ha sumado el bloque de derechas del PP, VOX y Cs. En número de escaños, unos bajan siete mientras que los otros suben tres, pero las posiciones se mantienen estancadas. Mientras que el PSOE anuncia que formará un gobierno de izquierdas, UP reclama su lugar en este. Aunque la suma no salga y haya más gente tenga que opinar. Si al voto en contra garantizado del PP y Vox se suma el de Cs (que anda desarbolado) y JxCat y la CUP, instalados en el enfrentamiento secesionista, hay que pensar en un apoyo de cántabros y vascos con la abstención del resto de fuerzas. Pero ahí es nada y está por ver cómo se consensua un acuerdo de mínimos que satisfaga desde la izquierda del hemiciclo hasta la derecha nacionalista vasca. Partiendo de esa combinación, podemos sustituir el comodín vasco por cualquier otro grupo, mientras el resto de partidos menores no se abstengan, no salen las cuentas. Y obligar al PSOE a buscar cualquier tipo de apoyo de los partidos independentistas es forzarle a contraer una deuda que España no puede pagar. Puestos a jugar a la política ficción, sale una mayoría absoluta si soñamos que al pacto PSOE, UP y Más País se suma PRC, PNV y Cs, en un ejercicio de voluntarismo político de este último, desconocido hasta hoy. Pero si ya resulta rara la abstención, un acuerdo más amplio requiere de cesiones aún más generosas por parte de todos.

Con lo que, así las cosas, cabe plantearse una suma por la derecha. Solo que, en este caso, el número de sumandos es más escaso y, sin la abstención del PSOE a un gobierno poyado por Vox, que ya es soñar, la ecuación no tiene solución. Con lo que solo queda la gran coalición, que el PSOE ha anunciado que no se producirá casi al mismo tiempo que Casado manifestaba que el programa del PP y del PSOE eran incompatibles. El líder del PP no piensa dejar la oposición por la derecha en manos de Abascal. En todo este galimatías, lo único cierto es el precio del desacuerdo: un nuevo bloqueo y un rosario de argumentos para que Vox siga creciendo a base de denunciar la incapacidad de los partidos políticos para gobernar. Incluido el PP. En esencia, las mismas cuentas que en Alemania de principios de los años 30.

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