Político en cien días

El centro poscovid

El problema no son ya los pocos vecinos que no ha expulsado aún el actual modelo, el problema es la sostenibilidad del negocio

La imposibilidad de usar, como consecuencia de la crisis provocada por el coronavirus, los espacios públicos y privados de la manera que veníamos haciéndolo ha generado una necesidad de repensarlos. Necesidad que, de momento, no se adivina como pasajera y que tampoco ha arrojado grandes ideas. Si acaso, la nueva normativa vasca que saca del cómputo de la edificabilidad los balcones de las viviendas. Aun estando por ver si serán capaces de mantenerlos abiertos, en el peor de los casos supondrá un alivio para las más pequeñas. Otra cosa son las ciudades y sus espacios públicos, donde la mayoría de las propuestas que se justifican en la experiencia del confinamiento de la pandemia no distan mucho de los modelos de ciudad sostenible que ya se venían formulando desde hace años.

El pleno municipal urgente celebrado la semana pasada adoptó dos medidas para la reactivación del centro de Málaga que, en esencia, lo que pretenden es que sean los propios malagueños los que llenen el centro de la ciudad: autobús y museos gratis. Medidas que en el fondo demuestran las deficiencias del modelo que el propio Ayuntamiento ha impulsado al mismo tiempo que lo criticaba desde el OMAU. La primera es que en el centro no vive gente suficiente para alimentar la actividad hostelera que acoge. La segunda, que, al menos en verano, tampoco resulta suficientemente atractivo como para que los malagueños hagan sus compras o coman en él. Nadie ha planteado un plan de reactivación de los chiringuitos. Y finalmente y como conclusión, que su transformación, que nadie niega que se haya producido, se ha hecho a costa de generar un parque temático que explota el monocultivo del turismo. Y como tal, sujeto al riesgo que cualquier monocultivo tiene de arrastrar a la sociedad que lo soporta en el momento en el que cae su mercado.

Siendo de agradecer las medidas adoptadas por el pleno, a la vista de que la demanda hostelera de la ciudad es finita, algún empresario de otra zona podría preguntarse por qué no es su barrio o su comercio el que se potencia. Pero en un contexto donde se observa cierta tendencia de las franquicias comerciales a cerrar parte de sus tiendas físicas y potenciar la venta on line, la necesidad de repensar el modelo de centro urbano se hace inevitable. El problema no son ya los pocos vecinos que no ha expulsado aún el actual modelo, el problema es la propia sostenibilidad del negocio.

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