Luces y sombras

Nada nuevo bajo la misma costa del sol

En la provincia intentaron jubilarse algunos de los autores de los mayores 'robos del siglo' en el Reino Unido

Tenemos presuntos terroristas transalpinos en Marbella. La Universidad de Málaga hace tiempo que debería haber creado una cátedra de estudios de la mafia. De la italiana a la rusa. La Policía estima que por la Costa del Sol pululan un centenar de integrantes de bandas organizadas de países bálticos, dedicados preferentemente al negocio de la droga. El narcotráfico del Campo de Gibraltar ha decidido ahora cruzar la frontera y también embiste con sus todoterrenos a las fuerzas de seguridad en Estepona.

Málaga siempre ha sido un refugio para todo tipo de delincuentes. No ha costado esfuerzo mantener uniforme durante décadas la población de criminales de elite. Aunque últimamente abunda una clase media, con poco aguante, que desenfunda a la ligera por un quítame allá esos alijos y que, a medio plazo, provocará la huida de la aristocracia, felizmente instalada en sus mansiones. Es el principal talento internacional que ha logrado atraer esta provincia.

Aquí quisieron jubilarse algunos de los autores de uno de los llamados robos del siglo. El asalto al tren de Glasgow en 1963 que les reportó 2,5 millones de euros. Durante años y hasta 1986, España careció de convenio de extradición con el Reino Unido y los delincuentes, con los mejores abogados, vivían plácidamente. No lo entendió Frederick Wilson, el encargado de reducir al maquinista en aquel golpe, que no se quiso jubilar y acabó acribillado a tiros en 1990. Los agentes de Scotland Yard se desesperaban con la facilidad de movimientos de Clifford Eric Saxe, Ronald Knight, John James Mason y Ronald James Everetts. En 1984 se apoderaron, sin un sólo disparo, de tres toneladas de oro y platino de la compañía Brink Mats Ltd, en el aeropuerto londinense de Heathrow. Al cambio de hoy unos 36 millones de euros. Fueron casi pioneros en el blanqueo de capitales en propiedades inmobiliarias. Luego la política facilitó todo tipo de operaciones. El catedrático José Luis Díez Ripollés, se convertía en un Llanero solitario para denunciar durante dos décadas los tentáculos de la corrupción urbanística. Clamaba por una simple demolición de una vivienda ilegal, que nunca llegó. ¡Qué despilfarro hubiera sido con lo que cuesta levantar un casa!

En los 90, de Adnan Kashoggui narrábamos sus andanzas y sus incomparables fiestas para la yet set en su finca La Baraka y con su barco Nabila (dicen que se lo vendió a Donald Trump). Eso sí, siempre añadíamos a su hombre el apellido traficante de armas. Una profesión como otra. En 1994, falleció en la capital León Degrelle, el coronel belga de la SS alemana que se dedicó a negar el holocausto nazi. La justicia sólo le interrogó por la falta de papeles cuando compró unas piezas arqueológicas. En 2020, nada nuevo bajo la misma Costa del Sol.

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