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Un timo de este siglo

Cuando la anciana regresó de comprar el bocadillo, el falso abogado, la hambrienta y el dinero habían desaparecido

Qué le pasa a su madre? Le preguntó un policía esta semana a un hombre que se había personado en la Comisaría de Málaga a presentar una denuncia. La mujer, de edad avanzada, aún se hallaba aturdida por lo que le había sucedido horas antes en una zona próxima a la Avenida de Andalucía de la capital. "Literalmente, agente, le acaban de dar el timo de la estampita", respondió el hijo.

La víctima se había encontrado cerca de su casa a una mujer compungida, que aparentemente no discernía bien y que se lamentaba con sonoros sollozos de que "unas monjitas" querían quedarse con sus "estampitas" y enseñaba una caja. Obvió decir que al mostrarla apareció un fajo de billetes con suficiente grosor como para incrementar el volumen de las órbitas de los ojos que observaron el dineral. Por allí se bajó del coche el gancho, un supuesto abogado que también interpeló a la atribulada mujer. Ésta insistió en que no quería entregar su tesoro a las demandantes pero que no tenía el menor problema en desprenderse de él y entregarlo a sus benefactores. Así que el falso letrado acordó con la víctima que acudirían a un notario para formalizar el pase de las estampitas a los nuevos dueños. Así no quedarían dudas sobre la voluntad de la donante. Eso sí, para no dejarla sin blanca, le preguntó si podía subir y entregarle algo como compensación. Minutos después, la mujer mayor bajo con unos 800 euros y alhajas.

Subieron al coche para formalizar el negocio ante el teórico fedatario. Pero al poco de iniciar el trayecto, la mujer que iba a transmitir su herencia de cromos comenzó a quejarse con insistencia porque tenía hambre. Así que detuvieron el vehículo ante una conocida panadería y el abogado le dio unos euros a la víctima para que bajara a comprarle un bocadillo. Lógicamente cuando regresó no había rastro del abogado, de la hambrienta, de las estampitas ni de los ahorros y las joyas de la abuela.

Vivimos en una era digital y globalizada. Nos enteramos casi al instante de lo que sucede en cualquier parte del mundo. El ejemplo es ese goteo uno a uno, país a país, en los cuatro continentes, en una cuenta hacia adelante, del número de infectados por la epidemia de coronavirus que sufrimos. Habitamos un mundo en el que ya mismo dispondremos de herramientas hasta para buscar en los cementerios la tumba de algún antepasado. Pero hay cuestiones que trascienden las épocas y dejan pequeños hasta los avances tecnológicos. Porque lo que nunca cambiará es la naturaleza humana.

Cambiarán los formatos y los actores se adaptarán a las exigencias de los nuevos guiones para darle credibilidad al engaño, pero los timos sí que son imperecederos.

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