Plan Especial

Málaga 2 - Linde/De la Torre 0

  • El movimiento ciudadano tumba en dos ocasiones el plan del puerto · El primer rechazo al proyecto de Chelverton forzó la intervención de la Junta; el segundo, al edificio cultural en altura y al supermercado

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Un partido de fútbol de casi veinte años, con tantos tiempos como planes han sido puestos sobre la mesa, discutidos, analizados y desechados. Eso es poco más o menos en lo que ha acabado por convertirse el plan especial del Puerto y la reivindicación de la ciudad de Málaga de tomar pacíficamente los suelos portuarios que se extienden en paralelo a los paseos de los Curas y de la Farola. Una contienda en la que, aunque parezca contradictorio pierde y gana Málaga.

Lo primero porque transcurrido este lapso de tiempo, los suelos a conquistar para el disfrute de los ciudadanos siguen sin ser liberados, y lo segundo, porque es la ciudadanía la que hasta la fecha ha tumbado en dos ocasiones las pretensiones de los organismos vinculados a la operación puerto-ciudad, el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria, de levantar actuaciones inadecuadas. Málaga 2-Ayuntamiento/Puerto 0.

O, por decirlo de otro modo, Málaga 2-De la Torre/Linde 0. Porque son estos apellidos los que, allá por el año 2000, coprotagonizan el largo y extenso drama o parodia, según las sensibilidades, en que se ha convertido el proyecto. La últimas escenas, vividas la pasada semana, ponen de relieve la esencia misma de este debate desde sus orígenes. Una trama en la que, tras el aparente acuerdo institucional sobre la construcción del gran edificio cultural programado en la esquina de oro, vulnerando lo acordado en 2004, el alcalde se descolgó y reculó ante la presión ciudadana, a la que dan nombre cuarenta profesionales de prestigio, entre los que se incluyen Carlos Álvarez, Vicente Granados, Felipe Romera, Estrella Morente, Manuel Alcántara, Ángel Asenjo, Salvador Moreno Peralta...

Son algunas de las firmas que rubricaron un manifiesto contrario a la idea de Ayuntamiento, Puerto, Unicaja y la empresa concesionaria del muelle 1, Iniciativas Marina de la Farola, de romper el consenso que tanto costó lograr y superar la frontera del Paseo de la Farola. El manifiesto llegaba tras varias semanas en las que este periódico recogió numerosas opiniones de rechazo al proyecto del gran edificio cultural de 19 metros de altura, con un supermercado en sus bajos, de numerosos notables de la ciudad, lo que acabó por hacer dudar al regidor del PP. De forma sorpresiva pidió una nueva reflexión sobre el asunto cuando todo estaba ultimado, las manos dadas.

Y la indecisión de De la Torre dio lugar a la tormenta en el Puerto. Su presidente, Enrique Linde, acabó por estallar contra el alcalde, contra sus continuos cambios de rumbo. Hasta el punto de que respondió retirando la propuesta de cambio del plan especial y recuperando para el desarrollo del muelle 1 y su esquina la ordenación de 2004. No habrá edificio en altura.

La simbología de lo ocurrido, donde el efecto que provoca el naufragio del plan vuelve a ser el movimiento ciudadano, permite retrotraer los acontecimientos al año 2000, cuando la intención de los que gestionaban la ciudad y el puerto, ya entonces De la Torre y Linde, pasaba por dejar en manos de la multinacional Chelverton la explotación comercial de los muelles 1 y 2. Su proyecto, la conversión de estos espacios en un gran centro comercial al uso, con un multicines de 19 metros de alto también en la esquina, con bolera, tiendas y hamburgueserías...

El doble impacto generado por la propuesta, por los usos y por la altura de la construcción, generó un amplio movimiento ciudadano de rechazo, materializado en la presentación de cientos de alegaciones a la idea. La presión acabó por obligar a los dos organismos a dar marcha atrás, a repensar qué hacer con el puerto. Ya entonces, la reflexión era oportuna.

Aquel nuevo razonamiento dio lugar a un nuevo plan, a otra supuesta forma de ver el puerto, con un camino que se allanó cuando la Junta de Andalucía aceptó el reto de dar uso público al muelle 2, donde hoy se construye el Palmeral de las Sorpresas, diseñado por Jerónimo Junquera. Eso reducía la presencia privada al muelle 1, donde se pensó en la idoneidad de ofertar a los ciudadanos y a los visitantes un espacio de calidad turística, con restaurantes y oferta de ocio.

Se volvió a sacar a concurso el proyecto y sorprendentemente, lo ganó la oferta de la empresa menos estable, Udisa, que antes de iniciar las obras ya había vendido su participación en la sociedad concesionaria -a la que se habían sumado Malika y Unicaja- a las promotoras Edipsa y Myramar. En lugar de convocar un nuevo concurso, la Autoridad Portuaria defendió la legalidad de este pase, que provocó el malestar de las otras empresas que compitieron por la emblemática actuación.

La iniciativa pública tampoco ha quedado exenta de problemas ni polémica. La obra del Palmeral de las Sorpresas fue adjudicada por la Junta a Tiferca y Modecar a finales de 2006. Debía acabar en 17 meses y costar 17 millones de euros. No estará listo hasta después de este verano, su presupuesto supera los 30 millones de euros y también hay nueva constructora, Heliopol.

La sorpresa del Palmeral ha sido doble y negativa: de momento no trae consigo la eliminación de la verja que separa ciudad y puerto, sino su retranqueo un par de metros, y justo cuando acaba en la denominada esquina de oro, la concesionaria privada ha previsto un criticado supermercado. Tumbado el macroedificio cultural, verja y súper son ahora los objetivos de la ciudad. Comienza un nuevo partido.

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