Entre bambalinas

Volverán, volveremos

  • Con la primavera reaparecerán todos aquellos pequeños detalles que hemos perdido y volverá a celebrarse la Semana Santa en la calle

Culto al Cristo Yacente de la Paz y Unidad. Culto al Cristo Yacente de la Paz y Unidad.

Culto al Cristo Yacente de la Paz y Unidad. / Hermandad Monte Calvario

El invierno regresará. Y, con él, la Navidad más extraña de las últimas décadas. Detenido, sin prisas ni asfixiantes aglomeraciones. Sin espectáculo de luces y sonido. Cuajada de bombillas pero con la mirada vuelta al pesebre. Ese será de nuevo el punto de partida para cuanto quedará por venir.

Resonarán de nuevo las marchas en las calles y el redoble de los tambores retumbará en las más estrechas. Los cortejos formarán sus filas y volverá a ser un fastidio transitar por el centro histórico para quienes no lo comprendan, aunque lleven meses sin ver una procesión cortando el paso. Se recuperará el símbolo de la paz en la misa y probablemente aceptemos de mayor grado que los desconocidos nos tiendan la mano porque ya podremos darla. Llegarán los besamanos y besapiés, con la prudencia de no ser irreverente en el contacto entre los labios y la imagen.

Volverán las polémicas porque algún acto cofrade se saldrá de tono y porque las campanas seguirán copadas por políticos buscando su rédito. Llegará el momento de pasar por la puerta de una iglesia y que el olor a incienso nos haga detenernos de nuevo e intentar recordar quién celebra su festividad ese sábado por la tarde. Se llenarán las redes sociales de comentarios a las noticias sobre procesiones y los perfiles más divertidos nos sacarán una sonrisa o una carcajada –aunque lo sigan haciendo ahora-.

Regresaremos a los pequeños detalles porque también se podrá ver a los nazarenos repartiendo una estampa con miedo a ser avasallados por otros miles. Aparecerá Eduardo Nieto a la carrera para hacer la foto del acto y seguir su camino, siempre incansable. Regresarán las preguntas de “¿tenéis carteles?” y los reencuentros en las esquinas. También las aglomeraciones y el afán por ver a la Legión, da igual qué cofradía pase. Seguiremos teniendo cangrejos y mantillas, portadores que no meten hombro y otros que se dejarán la piel, velas rizadas, claveles y petaladas. Los traslados, la Semana Santa, las glorias y las extraordinarias.

Y allí estaremos nosotros. Emocionados y con los nervios a flor de piel. Con alguna lección aprendida y asimilada. Demandando una Semana Santa más auténtica, aunque la disfrute quien quiera venir a conocerla. Reconstruidos a base de todos esos abrazos que no pudimos dar mientras pasa por delante la primera cruz guía de la jornada. Apreciando mejor los pequeños detalles de ser cofrade. Alegres al ver que supimos encontrar el camino más difícil para volver al teatro barroco en la calle, al que siempre le quedará la cicatriz de la pandemia como recuerdo. Esperanzados porque volveremos a quedarnos en medio de la calle, ya de noche, mientras un manto se aleja y la jornada se consume. Sabiendo que volveremos, aunque esta sea la penúltima letra.

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