La Sastrería | Juanma Moreno Bonilla Un superviviente entre buitres

  • La trayectoria de Moreno Bonilla revela que es experto en aguantar.

  • Es una suerte de buzo andaluz, que lo mismo soporta que la alcaldesa Celia Villalobos lo tenga como un joven edil raso, que asiste a la preparación de su funeral político como presidente del PP andaluz.

Ilustración: Rosell Ilustración: Rosell

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A todas horas y durante meses se ha pasado repitiendo una cantinela. En los foros más diversos, ante el público más variopinto, ha soltado su mensaje como un profeta tomado por loco. “Sumamos, sumamos”. “Estamos cerca, muy cerca”. Y los presentes se miraban entre ellos. Y lo miraban a él, con su chaleco enguatado sin mangas, su pelo alisado con cepillo, sus pantalones siempre perfectos, como recién salidos de la plancha por mucho que se hayan pasado horas en la maleta; sus zapatos de ante y, sobre todo, su estética de Roberto Alcázar (sin Pedrín).

“Sumamos, sumamos”. Y lo tomaban por ido. O ponían cara de recordarle que se le había pasado la hora de la pastilla. Él explicaba en privado que los sociólogos y analistas habían destripado las encuestas y que había opciones para el vuelco político andaluz. Se lo contaba a empresarios, periodistas, sacerdotes, amigos... Pero, ay, lo más que recibía era algún comentario a favor pronunciado desde un rostro que revelaba compasión. Y por detrás se oía: “Pobre hombre, no debe ser mal tipo”.

Mucha gente se comporta con los políticos con la crueldad de los niños. También es verdad que los políticos se entretienen con los videojuegos en campaña cual adolescentes. O hablan con las vacas. O recrean fotos de la tortilla. Es lo que tiene la simplificación de los mensajes a la que obliga la comunicación política de hoy. Ellos simplifican y, por lo tanto, los electores también lo hacen con sus juicios. Doctores tiene esta iglesia laica de la política de hoy, donde resucitan los que estaban muertos, hay muertos que nunca estuvieron realmente muertos, y hay vivos con cara de muertos.

Juan Manuel Moreno Bonilla (Barcelona, 1970) ejerce de malagueño que lleva en una continua cuaresma desde que en 2014 fue sentado en la silla (eléctrica) de la presidencia del PP andaluz. Lo hizo a petición propia, voluntario como los de la Legión. “Juanma, tú lo has querido”, reveló Rajoy en aquel congreso donde fue investido. “Chichichí”, refrendó el gallego para dejar claro que sí, que Moreno era quien pidió tirarse al ruedo y enfrentarse a la lidia del morlaco andaluz, el toro avieso que siempre ha aguardado a la derecha en los corrales de su particular plaza. El presidente Rajoy y, sobre todo, su gran amiga Soraya Sáenz de Santamaría, apostaron por quien contaba con una breve trayectoria como concejal en Málaga, donde sufrió a Celia Villalobos, y con la experiencia de ser presidente de Nuevas Generaciones, diputado nacional y secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad con Ana Mato.

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Moreno era el candidato contrario al propuesto por Cospedal y avalado por Zoido, que apostaron por el sevillano José Luis Sanz, senador y alcalde de Tomares. Sanz se retiró de la contienda en contra del criterio de algunos –incluido el de la propia Cospedal– en cuanto tuvo conocimiento de que el malagueño era finalmente el elegido por el inquilino de la Moncloa. Aquella noche de la primavera de 2014 se activó la trituradora de avales a favor de Sanz en la sede regional del PP. Y, cómo no, comenzó la recogida de firmas en favor de Moreno con esa fría naturalidad con la que se reviste la disciplina de partido.

Moreno no era conocido por el gran público madrileño, mucho menos en Andalucía. Pero sí lo era en el ámbito interno del partido. El 11 de mayo de 1997 fue elegido presidente nacional de Nuevas Generaciones. Las juventudes del PP tenían entonces 67.000 militantes y contaban con una estructura que gozaba de mayor autonomía con respecto al partido que en la actualidad. Los cachorros peperos de hoy están más fiscalizados por sus adultos. Moreno tenía 27 años y traía como aval su gestión como presidente de Nuevas Generaciones de Andalucía.

En el Palacio Municipal de Congresos de Madrid fue encumbrado al máximo cargo de las juventudes. Allí estaban Aznar, que llevaba poco más de un año en la Moncloa; Arenas, Zaplana, Acebes, Rato, Ruiz-Gallardón... como ídolos de una muchachada de pantalón chino y chalecos con cuello de pico. Moreno lucía chaqueta de tres botones y calzado de suela gorda. Intervino unos minutos antes de que el presidente Aznar cerrara el acto. ¡Era su primer gran momento de gloria! Aquel joven dedicó su breve intervención a defender mejoras laborales para la gente de su edad. Y pidió al Ejecutivo del PP que devolviera la “dignidad” al mercado de trabajo. Dio su agradecimiento a Ángel Acebes, el político de Ávila que se ha quedado para siempre como el rostro del 11-M. Acebes era entonces el coordinador general del PP, el número tres después del presidente Aznar y de Javier Arenas, todopoderoso secretario general del partido, padre del centro-derecha andaluz y considerado el lince más inteligente del coto de la política de Despeñaperros (guau) hacia abajo.

Se olvidó de Arenas...

Pero Arenas, ay, salió de aquel acto con la mosca detrás de la oreja. Un moscón, más bien. El joven Moreno no lo citó en su primer discurso. Y sí tuvo palabras amables para Acebes... “Mala cosa”, dijo un testigo sabiendo las consecuencías que podía tener aquel “olvido” para el nuevo presidente de Nuevas Generaciones... Dicen las lenguas afiladas que del barro de aquella falta de memoria vino el lodo de no encontrar hueco para Juanma en la lista al Congreso de los Diputados por Málaga, una provincia por la que el PP tenía nada menos que seis diputados. ¡Pero no había sitio para el presidente nacional de Nuevas Generaciones! Moreno fue condenado a una suerte de destierro. Fue integrado en las listas de las elecciones generales de 2000 por... Cantabria. Tal vez de aquella experiencia venga esa afición por la vaca que mostró en la última campaña electoral andaluza. Al menos tuvo el apoyo de Pamela Hoyos, cántabra de Santander, que hoy ejerce de jefa de su gabinete. Pamela cuida de Moreno como si fuera un tierno infante, está pendiente de absolutamente todo: desde las horas de sueño del jefe hasta de las medicinas que debe tomar, pasando por cuidar de que no se enfríe para que no se le resienta la voz.

Moreno es desconfiado. Quizás por eso su guardia pretoriana es muy reducida. En un primer anillo figuran la omnipresente Hoyos, Ignacio Díez Bernal (un burgalés de Medina de Pomar que es aficionado a los Hombres G) y el malagueño Elías Bendodo. Y tiene una estrecha relación política con Toni Martín, el único sevillano que creyó en el proyecto del malagueño desde el primer minuto. Después, con el paso de los meses, se sumaron algunos sevillanos más, pero la verdad es que siempre han cabido en dos cabify. El equipo del presidente regional anterior, el entonces alcalde Juan Ignacio Zoido, y sus incondicionales siempre le dieron la espalda a Moreno. Y Moreno aguantó más que la sábana de abajo, a veces con una paciencia que desesperaba a los suyos, que tenían que sobrellevar los episodios de desánimo por las escasas esperanzas de alcanzar San Telmo y las zancadillas tanto de la Sevilla Eterna como de los focos hostiles de otras provincias, todo ello sin olvidar la alargada sombra del ciprés Arenas.

Moreno se esforzó por ganarse a la capital. Apostó por vivir en Sevilla, pero lejos del centro de la ciudad para tal vez no estar expuesto a la fiscalización de sus críticos. Muchos fines de semana se refugia en el club de golf. Con Sevilla ha hecho varios intentos evidentes de integración, que es lo peor que se puede hacer con esta ciudad. Una tarde de Feria abandonó el real, tal vez una mijita harto de la ojana hispalense, y terminó la jornada en la placidez de un velador alto en la puerta de Becerrita.

Otra vez trazó una hoja de ruta de penetración en la sociedad civil sevillana y no obtuvo el resultado esperado. Siempre parecía haber una mano negra por detrás.... Siempre la huella de quienes no perdonaron haber tenido que activar la trituradora de avales, siempre en la sombra los efectos de la alianza del alcalde Zoido con Cospedal. La primera vez que entró en los palcos de la Semana Santa sevillana era lo más parecido a un pulpo en un garaje, tan sólo su leal Toni Martín le daba instrucciones precisas para desenvolverse en la hoguera de las vanidades... Su soledad en 2015 era tal que nadie quería ponerse detrás en la foto de las elecciones autonómicas, únicamente un pequeño grupo de leales y concejales de Sevilla que ya empezaron a ser llamados “los afrancesados” por su tendencia a intentar de una vez por todas liberar de “caspa” al partido y que fueron purgados por el zoidismo hasta que, al final, ganaron el congreso provincial.

La verdad es que, al igual que el arzobispo Asenjo, Moreno no lo tuvo nada fácil en sus inicios. La frialdad de Sevilla le ha quemado muchas veces. Dicen que pensó en volver a tener domicilio en Málaga. Quizás no debió encerrarse en una urbanización de las afueras. Al menos disfruta de los almuerzos en el restaurante La quinta brasería, en la Plaza Ponce de León de Sevilla, aunque siempre cuida mucho la línea, tanto como comer en las ventas más populares de las carreteras andaluzas, donde aparca el monovolumen que tiene esos cuatro asientos enfrentados que facilitan ir trabajando con sus íntimos.

En época de elecciones pierde peso, se estiliza y reduce los dulces. Amante de una copa de vino de calidad. Es un tipo que se quiere a sí mismo, se tiene por guapo, con poder atractivo y exhibe seguridad personal. Es un punto zalamero tanto como despistado para dejarse olvidado el móvil antes de subir a un avión. En su primera etapa de presidente del PP andaluz limpiaba las sillas antes de sentarse. Dicen que este exceso de escrúpulo lo traía de su etapa madrileña, pero lo ha ido perdiendo a base de recorrer kilómetros por la Andalucía profunda.

Amistad con Pedro Sánchez

Pocas personas saben que Moreno tiene una relación más que fluida con el presidente Sánchez. Hablan con asiduidad por teléfono. En su primera etapa como diputado nacional, en la legislatura de la mayoría absoluta que arrancó en 2000, Moreno cumplió el encargo inteligente que el presidente Aznar dio a los diputados más jóvenes: relacionarse con compañeros de otras formaciones políticas. Esta relación se ha ido potenciando por la sencilla razón de que ambos comparten enemigo común en la política: Susana Díaz. Los jóvenes Moreno y Sánchez compartieron no pocas cenas por Madrid y encuentros en tertulias de medios de comunicación. Y hoy siguen en contacto telefónico.

El partido le encargó a Moreno ser el interlocutor ante Gaspar Zarrías cuando el jiennese era secretario de Estado de Cooperación Territorial de España. Recibió la encomienda y preguntó:

–¿Este Gaspar es buena gente?Y alguien con veteranía en la política le respondió:–Hombre, Juanma, buena gente no sé... pero divertido sí que es el tipo.

La vida son tardes de domingo en la terraza al aire libre. La vida es cantar cuando puede, porque la vida es un escenario. Y de joven cantaba con buen son. De hecho se está buscando la maqueta musical de su grupo... La vida es ser coqueto con su color de pelo y ofrecer esa imagen de hombre suave y templado. Hay quien dice que Moreno es “el cuchillo menos afilado del cajón”. Puede que funcione ahora el aforismo por el cual un mal candidato es un buen presidente. Moisés nombró a Josué en la Tierra Prometida que no llegó a pisar... Arenas contribuyó lo que pudo en poner a Moreno. Javié llegó a decir en el último comité regional, casi emocionado, que estaba “igual de contento o más que si le hubiera tocado gobernar a él”.

La vida es tener como modelo al gallego Alberto Núñez Feijóo, tener fama de currante nato y de enfadarse poco. A Moreno es difícil sacarle de sus casillas. La vida es tener que coger el teléfono para decirle a Celia Villalobos que no será la número uno por Málaga, aquella alcaldesa que nunca le dio al joven Moreno el rango de teniente de alcalde. Los gritos de doña Celia los debieron oír hasta los camareros del Oriza... Aquellos años, siendo edil de Juventud, alguien le animó a hacer una carrera “seria” como Derecho, pero él se defendió alegando sus estudios en turismo y su apuesta por la gestión pública.

Al comenzar la aventura andaluza procedente de la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad se le oyó decir: “Yo estaba el otro día en Seúl y ahora estoy en Pulpí, así es la vida”. La vida son recuerdos, siempre, de la Málaga en la que se forjó junto a Elías Bendodo y Mariví Romero. Y de aquella oportunidad que dicen que le ofreció el doctor Gómez Angulo para participar en una primera campaña electoral en los tiempos del PP andaluz de Gabino Puche.

Este político, con sonrisa de anuncio de loción para después del afeitado, tiene cierto barniz de Don Tancredo, lo que en el fondo es un blindaje emocional para quien lleva cuatro años viendo cómo se organiza su funeral político. Moreno ha aguantado más que un buzo, tanto que algunos lo conocen como el buzo andaluz. Se enfrenta poco con la gente. Evita en exceso la confrontación. Trata de salir de las refriegas sin un rasguño. Tal vez por eso aparece siempre... bien planchadito. Si ajusta alguna cuenta procura que no se note su mano. Y dicen que tiene una flor en esa parte del cuerpo donde se localiza la suerte.

Ha estado a dos minutos de verse desalojado del cargo, ha oído cómo se martilleaban los clavos de su pijama de madera como político. Los buitres aguardaban en la noche del 2 de diciembre, repartidos entre Sevilla y Madrid, como en la película de Hitchcock. La operación Caballo de Troya, así conocida en la intimidad por sus promotores, consistía en la implantación de una gestora en el PP andaluz bajo el control de Zoido (por eso el ex ministro siguió el recuento en Génova) y con la vista puesta en proclamar presidente regional al cordobés José Antonio Nieto en un congreso extraordinario, siempre y cuando no se activara ningún disco inoportuno en el picú de Villarejo. Pero la conjura de los astros hizo que Moreno tuviera la posibilidad de gobernar, más importante que la gloria de ganar en número de votos.

Los buitres salieron espantados. Moreno mandó contención en la noche electoral. Nada de excesos. Los resultados no eran para disparar la cohetería. Arenas se quedó en el despacho de la planta alta y no se exhibió. Al final Moreno tenía razón: le salieron las cuentas de la suma en su cartilla de cálculo. La noche del 2 de diciembre nació el morenismo en Andalucía. Toda Sevilla siempre fue morenista. Lo era desde que entró San Fernando.

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