Crítica de Cine

Un Dardenne menor

Cuando debutaron con la poco difundida Falsh en 1987 los hermanos Dardenne eran una promesa. Diez años y una sola película después la promesa se convirtió en realidad, perdón por la redundancia, con La promesa, que los descubrió al público cinéfilo. Dos años más tarde, en 1999, la Palma de Oro de Cannes a Rosetta los consagró definitivamente. Desde entonces, en un raro récord, todas sus películas se han llevado un premio en Cannes. Todas menos Dos días, una noche, que curiosamente es una de sus mejores obras, y esta La chica desconocida, que es una de las menos interesantes por más rutinarias.

Cultivan los Dardenne un estricto y muy sobrio realismo social que en este caso parece haberse estancado en fórmulas repetitivas y forzadas. Forzado resulta el despojamiento de la mayor parte de los recursos cinematográficos, que otras veces les ha funcionado muy bien. Forzada resulta la aspereza que en esta ocasión tiene el aire de un efecto buscado, de una marca de género. Forzada resulta la interpretación helada de Adéle Haenel, que deja tan frío como ella; una cosa es la sobriedad o contención expresiva y otra la inexpresividad. Cuando el realismo desvela los mecanismos que lo construyen, porque producir el efecto de lo real en el cine requiere tanta mecánica artificial y trucos de oficio como hacer creíble que un superhéroe vuele, se produce una grieta entre el espectador (o ciertos espectadores) y la película por la que se cuela la sospecha.

Una médico a la que todo el mundo parece estar dispuesto a gritarle o pegarle desatiende una llamada tardía. Cerca de la consulta aparece al día siguiente el cadáver de una joven negra. Nadie lo identifica. Abrumada por el sentimiento de culpa la doctora se propone descubrir la identidad de esta anónima víctima, lo que la llevará a submundos de explotación sexual de inmigrantes. Interesante como idea, ciertamente; pero algo de lo que hace la fuerza de las películas de los Dardenne se ha evaporado en esta que se ve con respeto pero también con una aburrida indiferencia sólo rota, al final, por la breve y conmovedora intervención de la hermana de la víctima. Los Dardenne han dicho que su película quiere llamar la atención sobre la falta de responsabilidad de Europa para con los inmigrantes. Muy loable y hasta necesario, pero a condición de no hacer bostezar ni convertir el estilo en cliché. El cine de género permite la repetición de clichés sin por ello perder necesariamente interés. El de autor en la variante de realismo social, no.

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