Crisis sanitaria

Nuevos cierres refuerzan el toque de queda ante la gravedad de la segunda ola

Imagen de un control policial instalado este lunes a la entrada a la de Oviedo por la autopista A-66. Imagen de un control policial instalado este lunes a la entrada a la de Oviedo por la autopista A-66.

Imagen de un control policial instalado este lunes a la entrada a la de Oviedo por la autopista A-66. / Alberto Morante (EFE)

La declaración del estado de alarma ha acelerado las restricciones para hacer frente a la grave escalada de la pandemia. Aragón, Asturias y el País Vasco se han sumado este lunes al cierre perimetral en vigor desde la semana pasada en Navarra y La Rioja, con la vista puesta en el puente de Todos los Santos, y se limitan las reuniones privadas, circunscritas en Navarra a las personas que vivan juntas.

El crecimiento de la curva de contagios de coronavirus, que hace tres semanas parecía estabilizarse, ha vuelto a romper al alza con datos tan implacables como los 52.188 contagios notificados desde el pasado viernes, con una incidencia en los últimos 14 días (IA14) por cada 100.000 habitantes de 410 casos y una media de cerca de un centenar de fallecidos diarios.

"España está yendo muy claramente hacia arriba", ha subrayado este lunes el director del Centro de Alertas Sanitarias, Fernando Simón, que ha dicho que casi todas las autonomías están en "situación de riesgo muy alto" y que eso acaba repercutiendo en los hospitales, que registran a día de hoy 16.008 ingresos (13,72%), 2.163 (24,24%) en la UCI, con mucha presión en algunas comunidades.

Los epidemiólogos calculan que, si todo se hace debidamente, se podría alcanzar la famosa meseta en dos meses, los que plantea el PP como condición para apoyar la prórroga del estado de alarma frente a los seis que propone el Gobierno.

Madrid no quiere éxodos

Como Navarra y La Rioja, Euskadi, Aragón y Asturias han optado por cerrar sus territorio. Otras comunidades lo estudian, como Madrid, que trata de evitar el 1N éxodos como los del puente del 12-O, que alguna zona acusa como causa de sus males. Otras más, como Cataluña, buscan marcos más expeditivos en un confinamiento los fines de semana, que no contempla el actual decreto de estado de alarma.

La situación en Cataluña sigue agravándose con 4.167 casos y 25 fallecidos en las últimas 24 horas, 2.000 hospitalizados, 347 de ellos en la UCI (38 %). El riesgo de rebrote es de 841, el doble que en la primera ola, y la incidencia en los últimos 14 días (IA14) es de 572,2 por cada 100.000 habitantes.

Si las autoridades catalanas se han planteado pulsar, aunque sea de refilón, el botón rojo del confinamiento domiciliario, las navarras han dado el penúltimo paso en las limitaciones de la interrelación social, al restringirla en el ámbito privado a los convivientes, con excepción de personas mayores, dependientes o que vivan solas.

Lo que se debate en Cataluña o se ha aprobado en Navarra va más allá de lo decidido por Aragón y Asturias de confinar sus territorios, donde ya lo estaban -y lo seguirán estando respecto al resto de localidades- sus principales ciudades (Zaragoza, Huesca, Teruel, Oviedo, Gijón y Avilés).

También en el País Vasco el cierre perimetral va acompañado de la prohibición moverse entre municipios, después de que se superara la tasa acumulada de 500 casos, con las reuniones limitadas a 6 personas, que hasta ahora era mera recomendación tras rechazarla el Tribunal Superior de Justicia, lo que llevo al lehendakari, Iñigo Urkullu, a pedir el estado de alarma.

El nuevo estado de alarma entró en vigor este domingo con la pretensión por parte del Gobierno de que se prorrogue por seis meses, hasta el 9 de mayo de 2021, a lo que se oponen el PP, que estaría dispuesto a apoyarlo si fuera de hasta ocho semanas, Ciudadanos y la patronal CEOE.

Teletrabajo y transporte

Antes de Semana Santa, relacionada con el turismo, llegará la Navidad, vinculada al consumo, los regalos y las celebraciones familiares, y a esa Navidad se apela desde algunos sectores para intentar salvar su impacto económico y emocional, pero los expertos en salud pública avisan y señalan lo ocurrido el pasado verano.

Esta es su advertencia: no se trata de doblegar la curva, que será tarea larga y costosa -como se vio en primavera- y volver a lo que se dio en llamar nueva normalidad. Se trata de reducir drásticamente los contagios, romper las cadenas de transmisión y, con todas las cautelas de protección y distanciamiento social, retomar el rastreo y la trazabilidad del virus hasta que sople el viento de la vacuna.

Buena parte de esos expertos valoran los confinamientos y los toques de queda, pero insisten en la necesidad de rebajar la movilidad en horas diurnas y en fomentar el teletrabajo para aminorar las exposiciones en los transportes públicos, sobre todo en las grandes ciudades.

Todos los esfuerzos son imprescindibles para los escenarios que se vislumbran: "Es muy probable que la transmisión vaya a seguir incrementándose en los meses invernales", ha remarcado Fernando Simón.

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