Violencia de género

“Un enfrentamiento armado a cuatro metros es crítico”

  • Juzgan a un maltratador reincidente al que dos policías locales disuadieron después de que éste amenazara con "rajarlos"

  • Uno de los agentes desenfundó el arma y el individuo tiró el arma blanca y, a continuación, ingirió, de una vez, entre 8 y 10 pastillas tranquilizantes

  • Los hijos, de 10 y 1 año y medio, estaban presentes 

José Luis y Sandra, los policías locales que disuadieron a un maltratador José Luis y Sandra, los policías locales que disuadieron a un maltratador

José Luis y Sandra, los policías locales que disuadieron a un maltratador

La víctima marcó, desesperada, el teléfono de José Luis, su policía de protección. Alertaba de que el que había su pareja, que había salido recientemente de prisión, la tenía atemorizada y estaba siendo coaccionada. La búsqueda del maltratador, reincidente, dio sus frutos por la tarde, cuando pudo ser localizado en casa de ella, en la barriada de Las Castañetas. El agente fue recibido con una navaja y bajo la amenaza de “rajarle” tanto a él como a Sandra, que también forma parte del Grupo de Investigación y Protección (GIP) de la Policía Local de Málaga. Ambos vivieron una tensa situación que hace un par de semanas recordaron durante la celebración del juicio, ahora visto para sentencia. “Un enfrentamiento con arma blanca a una distancia de cuatro metros es crítico”, apostilla el agente, que aquella tarde tuvo que desenfundar el arma reglamentaria para disuadir al presunto autor.
José Luis es el protector de Marta –nombre empleado para preservar la identidad de la víctima– desde que ella interpuso las primeras denuncias por malos tratos físicos y psicológicos, hace ya tres años. El presunto agresor había estado en prisión y, tras salir, se intensificó el dispositivo de vigilancia. El 14 de agosto, volvió en busca de su pareja, que estaba en su casa con sus dos hijos: una niña de 10 años junto a otro, de uno y medio. La escena sobrecogió a los policías. La menor sostenía en brazos a su hermano mientras la madre pedía clemencia al supuesto maltratador: “Delante de los niños, no”. “Fue una situación bastante tensa y conflictiva”, recuerda José Luis.

“Fue una situación bastante tensa y conflictiva”, recuerda José Luis.“Fue una situación bastante tensa y conflictiva”, recuerda José Luis

El día de autos, la víctima se apartó cuando abrió la puerta a los agentes, con la “intención de que comprobaran que el individuo estaba en el pasillo de la casa. La escena se agravó cuando José Luis le recordó que una medida de alejamiento le prohibía permanecer allí dentro. La mujer buscó refugio junto a la pared. “Entramos y actuamos. Él nos dijo que no se iba a ir a ningún sitio y que nos iba a rajar”, narra Sandra,  que tilda de “extremo” el caso al que se enfrentaban. “Estaba condenado por violencia de género, había quebrantado la orden y había salido de prisión”, relata la agente.
Fue ella la que se ocupó de poner a salvo tanto a la víctima como a los menores. “Los aparté del foco de conflicto. Teníamos que salvaguardar su integridad. No sabíamos cómo iba a reaccionar el hombre, con lo peligroso que era y los antecedentes que tenía”,  apostilla.

Sandra se ocupó de poner a salvo tanto a la víctima como a los menores

El maltratador insistía en que José Luis retirara la pistola. “Me decía: ‘Guárdala y hablamos’. Él le contestaba: “Tírame la navaja”. Acabó obedeciendo y, a renglón seguido, ingirió, de una vez, unas 10 pastillas de un tranquilizante. “La urgencia ya era llevarlo a un centro médico”, resalta José Luis. Los policías tenían previsto aguardar la llegada de los efectivos del Grupo Operativo de Apoyo (GOA), pero acabaron deteniéndolo. “Estaba media barriada en la calle. Temíamos que al salir los vecinos se nos echaran encima, pero captaron el momento tenso porque nadie nos dijo nada. Todos estaban en silencio absoluto, expectantes”, concluye el agente.

El error de volver a abrir la puerta

El error de algunas víctimas estriba, a veces, en perdonarlo, en volver a abrirle la puerta. No era el caso de Marta, que ya había pedido ayuda anteriormente. "Le podía el miedo, no es que ella lo permitiera. Tenemos contacto con Servicios Sociales del Ayuntamiento, que hacen una labor espléndida porque es muy difícil sacar a una persona de ahí", agrega Sandra.

José Luis destaca la "dependencia emocional" tanto de ella como de otras víctimas de la violencia machista. "Siempre les digo que con el primer paso no se consigue el objetivo pero, al menos, las saca de donde están", manifiesta el policía. Sandra añade que con la denuncia "acaba de empezar un proceso muy largo", pero el tiempo "pone las cosas en su lugar". Y a renglón seguido lanza un mensaje contundente: "Muchas no quieren denunciar por los niños, pero precisamente tienen que hacerlo por salvarlos a ellos". Porque en palabras de José Luis los hijos que se educan en este tipo de ambientes no son sino futuros maltratadores, en caso de que sean varones, y víctimas, si son niñas. 

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