Avance de los trabajos arqueológicos en el Metro de Málaga El Metro: debate abierto entre pasado y modernidad

  • Expertos admiten la necesidad de reflexionar sobre la conservación de los restos en función de su singularidad 

  • Destacan el buen estado de los restos de la Málaga musulmana encontrada en la Avenida de Andalucía

Imagen del tramo del Metro en la Avenida de Andalucía y las excavaciones arqueológicas. Imagen del tramo del Metro en la Avenida de Andalucía y las excavaciones arqueológicas.

Imagen del tramo del Metro en la Avenida de Andalucía y las excavaciones arqueológicas. / Javier Albiñana

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A vista de pájaro el ojo fotográfico capta la instantánea de una Málaga antigua, cuyos orígenes se remontan a los siglos XI, XII y XIII. Oculta durante años, ahora es desenterrada, devuelta a la vida en la antesala misma del centro, en la arteria que es la Avenida de Andalucía. En la distancia se observan decenas de operarios con pico y pala en las manos. Tras quebrar el cemento de la superficie, capa a capa de tierra, profundizan en la historia misma de la ciudad musulmana, dando sentido a lo que fue.

La excavación extiende su dominio sobre el territorio tomado por el Metro hace ya unos dos meses Las jornadas se alargan hasta el atardecer y varias carpas recientemente instaladas permiten protegerse del sol. A pesar de la celeridad, lo hecho es apenas una mínima parte de lo que aún queda por delante.

El tajo que se extiende junto a El Corte Inglés deja ver la doble cara de toda infraestructura de envergadura. El mismo Metro tantas veces ensalzado por su labor descubridora será el que destruya en su avance los restos ya excavados en el subsuelo, del que emergen de manera casi misteriosa parte algunas calles, algunas casas, la infraestructura empleada para el tratamiento de las aguas residuales y fecales... Y todo ello en un estado de conservación extraordinario.

Zona afectada por los desvíos del Metro de Málaga. Zona afectada por los desvíos del Metro de Málaga.

Zona afectada por los desvíos del Metro de Málaga. / Javier Albiñana

"Son manzanas completas", comenta un experto en la materia al observar in situ lo extraído. Y ello supone un avance en toda regla. Una de las teorías manejadas es que estas estructuras situadas en los arrabales son parte de un barrio mucho más amplio, que pudo extenderse entre la zona de la Trinidad y El Perchel. La decisión última sobre si lo hallado debe o no abrir el debate sobre su conservación y, por tanto, alterar los planes iniciales del Metro, corresponderán en última instancia a los técnicos de la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía. Pero, el valor de lo hallado permite, como poco preguntarse, cómo era la Málaga de los siglos XII y XIII.

Julio Navarro, de la Escuela de Estudios Árabes del CSIC, pone en duda una de las teorías que se manejan acerca de que el barrio encontrado fuese producto de una planificación organizada por las autoridades de la época. A su juicio, podía tratarse más bien de un fenómeno mucho más frecuente en las ciudades medievales, como era su expansión hacia los antiguos espacios cultivados. "La estructura regular de esas zonas, con sus caminos y construcciones, eran prestadas a estas expansiones urbanas", apuntó, advirtiendo de su desconocimiento de lo que ya es visible en la Avenida de Andalucía.

"Estaríamos ante un fenómeno muy interesante de estudiar que es el préstamo de las estructuras agrarias regulares a los procesos de expansión urbana en estos siglos; pero no es exactamente la interpretación de que esos barrios fueron planificados como nosotros lo entendemos", expuso.

La Málaga de esos siglos, según atestigua el experto, estuvo caracterizada por un "gran desarrollo" característico de las ciudades andalusíes. Si bien, como ocurriera en Granada, este proceso fue doble. De un lado, por el propio de crecimiento de la urbe, y por otro, porque esa expansión se alargó en el tiempo hasta el siglo XV "al recibir un gran aluvión de gente que sale de las zonas que son conquistadas por los castellanos y que, en lugar de pasar el Estrecho hacia el norte de África, decide quedarse en Málaga y Granada; Málaga es una ciudad muy interesante por estos elementos".

Conocedor del "conflicto en toda regla" que se produce entre la arqueología y el proceso de "modernización" de la ciudad, subraya la dificultad de afrontar la cuestión. Navarro, que trabajó 18 años como arqueólogo en el Ayuntamiento de Murcia, es claro: "son las grandes obras públicas las que sacan unos restos y se genera el conflicto; los que vivimos una ciudad queremos vivir cómodos pero valoramos los elementos patrimoniales". Y asumió la necesidad de abrir "un debate y una reflexión" sobre los hallazgos y el Metro en función de la importancia de los mismos y sin perder de vista que estas cuestiones suelen estar "reñidas con las prisas de este tipo de obras".

José Suárez es profesor del departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Málaga. "Lo que se está conociendo mejor gracias al Metro es la organización urbana y la naturaleza de los inmuebles, los contextos domésticos que formaban parte del barrio y su evolución interna; se está viendo cómo las casas se iban compartimentando, se repartían conforme los propietarios las tenían que dividir para su descendencia". Incluso, apostilla, está permitiendo disponer de mayor información sobre "el día a día, la actividad cotidiana de los habitantes; la vajilla, los adornos personales, la manera y que tenían de preparar los alimentos..."

Suárez incide en que a partir del siglo XII la medina se expande, llegando su "momento álgido en época nazarí, cuando se configura como el puerto natural del Reino de Granada; hablamos de una ciudad desde la que se exportan las producciones de seda hacia los mercados mediterráneos de la época". A modo de ejemplo, destaca que el Castillo de los Genoveses, cuyos restos se mantienen parcialmente en el aparcamiento de La Marina, formaba parte de una infraestructura de la comunidad genovesa en la medina nazarí. "Era la que comerciaba con la seda del territorio malagueño; eso suponía una riqueza muy importante", destaca.

Conforme avanza la conquista cristiana va haciendo que parte de la población que huye de la zona occidental de Andalucía acabe viniendo a las ciudades que son del ámbito cultural... eso supone crecimiento demográfico que da ligar a que una vez se colapsa la propia medina los arrabales se convierten en el espacio natural de expansión.

Este experto aboga por "buscar un modelo de compatibilidad entre las infraestructuras públicas, que beneficia a toda la ciudad, y el patrimonio arqueológico", señalando el procedimiento habitual de documentación de los restos y de recuperación de aquellos que merezcan la pena "por su singularidad, caso de la muralla".

Apunta que lo que previsiblemente acabe ocurriendo con lo ahora encontrado en la traza del Metro ya viene sucediendo desde hace años en los solares de la margen derecha del Guadalmedina, donde se han encontrado otros restos. "Normalmente cuando hablamos de restos de casas o de calles, de elementos domésticos, con su documentación ha sido suficiente, hasta que te topas con un elemento singular", apunta.

Sobre esta siempre difícil relación otros expertos opinan de manera más contundente. "Debe conservarse sí o sí", afirma una fuente consultada, aunque admite que se trata de "un debate que no tiene fin" y que queda en entredicho por "la capacidad económica, social o científica" real para poder afrontar la labor. "Mi experiencia me dice que si se recuperan todos los lugares, el desarrollo urbano también es complicado y suponen un gran coste", expone.

"Destruir los restos que ponen de manifiesto el poderío de la ciudad y su historia no es solución", comenta otro experto

A su juicio, los restos localizados en el marco de los trabajos del ferrocarril urbano malagueño "deben conservarse a toda costa; otra cosa es que no se expongan". Y apunta la posibilidad de analizar "alternativas” o el traslado incluso de parte de las estructuras encontradas. "Técnicamente se puede hacer de todo; si hay túneles en el Canal de la Mancha conservar restos es, técnicamente, pecata minuta". Y añade: "destruir los restos que ponen de manifiesto el poderío de la ciudad y su historia no es solución", apuntando: “que el Metro pase por abajo, por otro lado, hay cambios”.

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