Análisis del Málaga CF de Víctor Cuatro días para un cambio sustancial

  • Víctor cambió el esquema, con Adrián fluctuando en la medular

  • Los extremos, determinantes

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Las fotos del Alcorcón - Málaga CF / La Otra Foto

“El gran reto es hacer que las cosas pasen y no esperar a que pasen, es el gran reto que tenemos”, decía Víctor Sánchez del Amo instantes antes de que el balón rodara en Santo Domingo, instantes antes de que su Málaga mostrara una de las versiones más convincentes de lo que va de temporada. Cada entrenador tiene su librillo, y es evidente que el efecto efervescente de un nuevo técnico cala en el vestuario, todos empiezan de cero y las ganas de agradar y ser protagonismo rejuvenecen.

Víctor ha logrado en pocos días modificar mecanismos que parecían completamente calados en el sistema del equipo. No sorprendía el técnico con su once, que venía siendo una continuación muy similar a lo que presentó Muñiz toda la temporada. Lombán era la única gran novedad dejando en el banco a Luis Hernández, así como la elección de los extremos: Ontiveros y Renato Santos, a los postre, acertadísima.

Si Muñiz inició su idea con el 4-4-2 que después mutaría al 4-3-3 con muchos matices, la idea de Víctor era similar a nivel posicional. En ataque ante el Alcorcón, el Málaga dibujó un 4-1-4-1 y viraba al 4-3-3 en transición defensiva, siendo la figura de Keidi Bare el eslabón que unía al centro del campo y Adrián, el más volátil, con vocación de enganche a veces. La gran diferencia que presentó el equipo fueron las bandas, que cambiaron radicalmente su comportamiento, hasta ahora inamovible.

Ontiveros y Renato Santos, los extremos en Santo Domingo, tuvieron el rol más diferencial, no solo por su impacto en el juego, autores de tres de los cuatro goles, sino porque fueron los que más diferencias sufrieron en el estilo. El 17 y el 11 blanquiazul permanecieron más cerca de Gustavo Blanco de lo habitual y acometieron menor trabajo defensivo, siendo los laterales Cifu y Ricca, más conservadores en su incorporación al ataque. Esto permitía que tanto Ontiveros como Renato estuvieran más cerca del área rival tras el robo malaguista, como se pudo apreciar en la jugada del 1-3 del extremo portugués.

Además, el juego de los extremos pasó a ser más interior, cada vez que Renato y Ontiveros recibían en las inmediaciones del área, percutían hacia dentro y no hacia fuera, como era hasta ahora habitual en busca de un centro lateral. Es algo que recogen las estadísticas. Pese a que el encuentro acabó con un 50/50% de posesión, plenamente parejo, el Málaga quiso dominar y lo hizo pero redujo notablemente el número de centros laterales (23) –por ejemplo, ante el Extremadura la anterior jornada, se alcanzó la cifra de 39–.

La posesión del balón, algo que descartó Muñiz durante los últimos meses, parece tener un papel diferente para Víctor. Se vio a un Málaga empeñado en tener el esférico, pisando asiduamente campo contrario y, sobre todo, voraz. El hambre de los jugadores parecía otra, atrás queda la apatía y el desasosiego que marcó titulares. La tenencia del esférico se tradujo también en una presencia más notable de N’Diaye y Adrián por dentro, con tendencia a aparecer en el área con facilidad, como demostró el madrileño en el 0-2.

Es pronto para evaluar al Málaga de Víctor, muy pronto, pero las líneas clarividentes que mostró ante el Alcorcón permiten ser halagüeño con la filosofía e idea del técnico, que de primeras, ha logrado enganchar de nuevo a una plantilla que había entrado en un círculo peligroso, con mínimos de autoestima.

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