Cultura

Adrian Ghenie reconstruye los desastres del siglo XX en el CAC

  • El centro inauguró ayer la mayor exposición celebrada hasta ahora en Europa del artista rumano

Reconstruir el siglo XX desde el siglo XXI, establecer vínculos del pasado con el presente y, sobre todo, realizar una reflexión conceptual desde la pintura (exclusivamente). En una obra donde la cinematografía se presiente, el trabajo de Adrian Ghenie (1977, Baia Mare, Rumanía) tiene esas intencionalidades. El propósito es ofrecer "la intimidad de la experiencia cinematográfica, pero que a la vez siga siendo una pintura". Con estas ideas se presentó ayer en el CAC Málaga la primera exposición de Adrian Ghenie en España que, comisariada por Fernando Francés, podrá verse hasta el 8 de marzo próximo. Hasta ahora no se habían exhibido tantas obras juntas en Europa del artista, al que Francés definió como "el pintor joven más relevante del momento". En este caso, 30 piezas de grande y pequeño formato completan la propuesta reciente de un creador que parece revitalizar una disciplina -la pintura- no pocas veces condenada a muerte. Una disciplina que Ghenie utiliza para "hacer el papel de guionista de su obra", según el comisario. Aunque solamente en apariencia: en último término prima su condición de pintor, no la de narrador de historias. "Parecen explosiones de color, pero son explosiones de pensamiento", matizaba ayer Francés, quien enfatizó en el hecho de que Ghenie desarrolle un arte conceptual desde la pintura (y no mediante otras disciplinas visuales como el vídeo, la instalación o los objetos). Lo hace, además, sin rehuir lo figurativo, tal y como se puede comprobar en una muestra donde recurre, nunca mejor dicho, a figuras muy conocidas: desde Van Vogh y Darwin a Hitler y Lenin.

Para el director del CAC Málaga, "el espectador es un actor secundario porque el papel principal está reservado a personajes que son iconos de la historia contemporánea. Protagonistas que han cambiado por sus actos el ritmo y la velocidad de la historia, la ciencia y el arte, y que han conseguido en repetidas ocasiones despertar la sorpresa siempre desde el pensamiento, no desde el efecto". El espectador se aviene, entonces, a convertirse en secundario, puesto que los protagonismos de Ghenie son de alto calibre y variado perfil moral. Hablamos de personajes claves en un devenir histórico -para bien o para mal- a los que el creador se aferra para representar su propia vivencia como producto de un país que acumula el sufrimiento del este europeo (la Segunda Guerra Mundial, el comunismo de posguerra). De esta manera, los grandes episodios del siglo pasado, prolíficos en dolor y pérdida, se revelan en una pintura que mira hacia la herencia flamenca del siglo XVII, al Barroco y también a Bacon.

"La pintura es el medio perfecto para buscar esta pérdida", apuntó el artista rumano, señalando a su vez el beneficio de las poéticas avant-garde. Se manifestó preocupado por la pérdida de la privacidad e intimidad -de ahí, quizá, su admiración por Edward Snowden-. ¿Y entre esas pérdidas, ante tanta barbarie perpetrada, no estaría la de la propia belleza? "La belleza es algo relativo, hemos perdido el uso de la palabra belleza, sustituida por otras como interesante o cool. No la belleza en sí, que se puede encontrar en cualquier cosa", opinó el artista. Adorno proscribió la poesía después de Auschwitz, y cada primavera reverdecen los escenarios de aquello que sigue siendo innombrable. "El acontecimiento que cambió el siglo XX" es asumido por la obra de Ghenie. De esta manera, la historia del arte y la historia de la humanidad más reciente se entremezclan con su propia historia como individuo. Que se autorretrata en Self-Portrait as Charles Darwin 3 (2012) o en Self-Portrait No. 4 (2010) -aquí no hay máscaras, puede apreciarse al artista vomitando, colocado estratégicamente junto a Study for 'Boogeyman' (2010), un retrato de Ceaucescu-. El acercamiento contemporáneo a los girasoles de Van Gogh (The Sunflowers in 1937, 2014) no es la única incorporación del holandés, que centra lienzos como Starry Night (2013) o Vincent van Gogh as an Old Man (2014), la representación de una imagen que no existió (dada la prematura muerte del artista). Archivos, documentales, libros históricos y cine son las fuentes que le inspiran y dan lugar a encuentros curiosos, como el de Darwin -de nuevo- con el sátiro mitológico (Darwin and the Satyr, 2014). Adrian Ghenie vive y traja entre Cluj (Rumanía) y Berlín (Alemania).

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