Cultura

El Centro Pompidou dedica una muestra inédita al Nuevo Realismo

  • El museo presenta 19 obras enmarcadas dentro de la transgresora corriente artística.

A Jacques Villeglé, uno de los máximos representantes del Nuevo Realismo francés, le cambió la vida el día que cayó en sus manos un libro sobre pintura surrealista. En él observó a un Picasso desatado, original, explorador, pero sobre todo libre. Libre de corsés academicistas, libre de corsés estéticos. "Buscábamos en las cosas más corrientes una nueva belleza, al igual que hacía Picasso, que por la mañana practicaba la pintura clásica y por la tarde rompía con los moldes preestablecidos... Nosotros luchábamos contra lo que se nos imponía", relató ayer el propio Villeglé, presente durante la rueda de prensa en el Centro Pompidou Málaga, donde se presentó -coincidiendo con el día de la Fiesta Nacional de Francia- la colección de su nueva muestra temporal.

Titulada El Nuevo Realismo, la exposición reúne 19 obras pertenecientes a una corriente artística desarrollada mucho antes que el Pop Art americano, aunque "cuando emergió no se reconoció", puntualizó la comisaria de la muestra, Sophie Duplaix. "El Nuevo Realismo es muy importante desde un punto de vista europeo, puesto que no sólo formaron parte de él franceses, también hubo italianos o búlgaros. Además, esta corriente de inventores supuso una ruptura con el arte de posguerra", explicó el director del Musée National d'Art Moderne, Bernard Blistène.

Con el pintor Yves Klein y el crítico Pierre Restany a la cabeza, este grupo tuvo como pretensión "crear un arte en íntimo contacto con la sociedad que les rodeaba mediante la apropiación de elementos extraídos directamente de ella", según cuenta Amalia M. Muñoz en Arte y arquitectura del siglo XX. Raymond Hains y Villeglé utilizaron trozos de carteles rasgados -"Yo he vivido de lujo gracias a los cartelistas y a la gente que los arrancaba, me hacían el trabajo", bromeó el artista bretón-; Martial Raysse neones usados; Arman desechos de la basura; Gérard Deschamps trapos viejos; César partes de la carrocería de coches desguazados; Daniel Spoerri vajillas de vidrio, porcelana e incluso restos de comida; y Jean Tinguely, entre otros, motores, barriles u objetos de plástico.

En el caso de Villeglé, una cita de Picasso en una de sus biografías marcaría más aún su camino artístico. "Leí que se podía hacer un cuadro con letras y se me quedó marcado en el cerebro. La tipografía nunca pasa de moda", rememoró el pintor, que se anticipó al mismísimo Andy Warhol. "Cuando encolaba los carteles con los papeles de periódico no dejaba que se viera la publicidad o el eslogan político. Mi intención era recordar una ciudad, sus calles", explicó. El recorrido comienza, a propósito, con una fotografía suya en plena faena, arrancando carteles. A la de Villeglé le siguen una decena de instántenas donde los artistas de esta corriente crean arte comprimiendo, arrancando, acumulando, ensamblando o embalando objetos industriales desechados.

Entre las piezas más especiales y deslumbrantes se encuentra Portrait-relief d'Arman, el único retrato-relieve en yeso acabado de Yves Klein pintado de un color azul oscuro, el sello del pintor por excelencia; America America de Raysse, una interpretación humorística de la mano que sostiene la mano de la Estatua de la Libertad en Nueva York hecha con neones; o Le repas hongrois de Spoerri, una mesa con restos de comida en posición vertical denominada cuadro-trampa. Al final del paseo, Villeglé se sentó en un espacio reservado a los asistentes dentro del recorrido para descansar. "Justo lo que no se puede hacer en una exposición convencional", bromeó Duplaix. Tampoco estos artistas, ni sus ideas, ni sus modos de hacer lo eran.

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